14 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

'La trascendencia de desaprender', por Renato Tello

“Desaprender es realmente un arte. Requiere de una extensa y minuciosa introspección. Exige una apertura mental en búsqueda de las tan preciadas respuestas existenciales”.

'La trascendencia de desaprender', por Renato Tello Foto: Shutterstock

Nuestras vidas transcurren a través de un vasto océano de información. Incluso, hemos cursado ese inmenso mar mucho antes de ser conscientes de ello. Nuestras experiencias y creencias han arribado ante nosotros vertiginosamente y nos han moldeado en lo que ahora somos, definiendo también nuestra conducta. La incontrolable celeridad del mundo globalizado en el que coexistimos de manera constante nos distrae vilmente, y nos impide cuestionar si la información que hemos interiorizado realmente es la adecuada, o si nos separa aún más de nuestra tan anhelada felicidad. El tiempo se ha convertido en nuestro cruel verdugo que nos azota con la ansiedad del futuro y nos flagela con la depresión del pasado, negándonos el placer de vivir el presente, el ahora.

Pero es fundamental entender que el tiempo es relativo y sólo existe y se aloja en nuestra mente. Basta con examinar que nuestro estrés o cansancio se debe, muy por lo general, a que nuestra mente viaja en el tiempo de forma iterativa. Desaprender implica aprender a utilizar adecuadamente el componente tiempo. Requiere identificar aquel hábito o conducta que entendemos como inapropiada, ahondar con astucia y enorme maestría en nuestro yo, encontrar el momento inicial que originó dicho comportamiento, y, por último, y no menos importante, tomar consciencia de ello. Por más simple que se lea, este proceso exige y demanda una madurez intelectual elevada, y una enorme dosis de valentía. Desaprender es romper los grilletes dogmáticos y abolir las cadenas de los prejuicios para abrir camino hacia la paz.

La trascendencia de desaprender radica en la esencia de los engramas. En términos puramente científicos, un engrama es un circuito de interconexión a nivel neuronal estructurado por una determinada situación o experiencia, de manera consciente o inconsciente. Así, por ejemplo, imaginemos que un niño es golpeado por su padre mientras éste le exclama iracundamente lo tonto que es. Mientras esto sucede, el infante detecta, inconscientemente, un aroma a rosas. Al mismo tiempo, el sonido del motor de un carro resuena en la calle. Paralelamente, un florero en la habitación cae al suelo y se rompe. De esta forma, las interconexiones neuronales del niño ya han sido construidas, es decir, se han creado engramas bajo la experiencia vivida. Es casi un hecho, que bajo ciertos escenarios donde todas las situaciones descritas confluyan, ese niño, que probablemente cuando esto suceda ya sea un adulto, sienta esa opresión inaudita que le generaba el padre mientras lo vapuleaba. Desaprender implicará tomar conciencia que la conducta adquirida se debe a ese desagradable episodio vivido y reescribir los engramas formados.

Desaprender es realmente un arte. Requiere de una extensa y minuciosa introspección. Exige una apertura mental en búsqueda de las tan preciadas respuestas existenciales. Demanda comprender que no hay verdades absolutas, ni buenas, ni malas. Que los prejuicios y dogmas arraigados en nosotros nos impiden encontrar la paz interior. El mundo en el que vivimos necesita que aprendamos a desaprender, que reformulemos nuestras conductas y creencias, que dejemos de sobrevivir para comenzar a vivir en armonía con nosotros mismos.

Sobre el autor:

Soy Renato Tello Benel, ingeniero electrónico de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y MBA de la Universidad Politécnica de Cataluña con especialización en Big Data & Analytics in Organizations. Además, como profesional, he llevado cursos de tecnología en biomedicina en Holanda y Estados Unidos, y he liderado proyectos en Latinoamérica.

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