16 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

Rusia: acabó relación entre el tigre y la cabra que debía comerse en un zoológico

El tigre ruso Amur no pudo con su genio y de un zarpazo envió por los aires a la cabra Timur, poniendo fin a un insólito idilio de dos meses con el animal que tenía que haberse comido el mismo día en que lo conoció.

Rusia: acabó relación entre el tigre y la cabra que debía comerse en un zoológico (Foto: AFP)

AFP. El incidente tuvo lugar el martes pasado en el parque animal de Primorski, cercano de Vladivostok (extremo oriente de Rusia) y la culpa es de la cabra, explicó Dmitri Mezentsev, director del parque.

“El comportamiento de Timur provocó la disputa: topaba con los cuernos a Amur y lo seguía por todos lados sin darle descanso”, contó Mezentsev a la agencia TASS.

“En determinado momento el tigre no soportó más, agarró a la cabra por la crin y la lanzó por los aires lejos de él”, agregó.

“Timur no se lastimó pero sufrió un choque violento porque no estaba acostumbrado a que el tigre reaccionara”, comentó.

Amur se había hecho famoso en diciembre cuando el parque de Primorski reveló que no había querido comerse a la cabra.

Muchos pensaron que el tigre estaba más loco que una cabra, pero, según Mezentsev, “Amur no quiso comerse a la cabra Timur porque ésta se mostró muy valiente y no sabía que debía tener miedo de un tigre”.

Por su parte, la cabra tomó a la fiera “por su jefe y le sigue por todas partes”, pasando incluso varios días en el refugio construido para Amur sin que “ninguna agresión se haya constatado” por parte del tigre, comentaba Mezentsev en diciembre cuando dio a conocer la historia.

Amur, de tres años, caminaba siempre adelante, de manera majestuosa, durante estos paseos a través del bosque y sobre la abundante nieve del recinto, mientras Timur lo seguía paso a paso, bajo la mirada envidiosa de los otros tigres que viven en otro apartado separado por las vallas.

Cuando descansaban, el tigre y la cabra se tumbaban en la nieve uno junto a otro y durante largo rato se miraban o contemplaban el paisaje.

“Es una situación extraordinaria, increíble, fenomenal… ¡es de verdad! ¡son amigos y son felices juntos!”, decía entusiasmado Mezentsev, que hoy lamenta el fin de la historia.

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