22 de mayo de 2019
Redacción Publimetro |

'Un rayo en Lima', por Verónica Klingenberger

“Tal espectáculo resultaba una obligación para una vieja gloria del atletismo y una entusiasta comparsa de hinchas del deporte y el ocio”.

'Un rayo en Lima', por Verónica Klingenberger USain Bolt en trote con mototaxi. (GEC)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

Ahora mismo, Usain Bolt podría estar haciendo la siesta arrullado por el canto típico del cuculí limeño. El hombre más rápido de la historia se aloja en un conocido hotel ubicado frente al Parque Domodossola, a pocos metros del Malecón de Miraflores, escenario en el que el martes, un par de kilómetros al norte, el jamaiquino enfrentó a un mototaxi en evento deportivo organizado por Puma.

Tal espectáculo resultaba una obligación para una vieja gloria del atletismo y una entusiasta comparsa de hinchas del deporte y el ocio. Así, luego de un apurado almuerzo, la comitiva, mascota incluida, partió del punto de encuentro hacia la zona de concentración, frente al parque del Faro de la Marina.

La carrera estaba pactada para las 5 p.m. Los organizadores cercaron un tramo del Malecón Cisneros, dibujaron dos carriles sobre la pista e inflaron un par de logos con su marca. Esos fueron más o menos todos los preparativos, además de un DJ, un tipo que gritaba en un micrófono y la tarima que levantaron para fotógrafos oficiales y otros miembros acreditados a los que envidiamos desde abajo, empinándonos por captar aunque sea un reflejo de la descarga eléctrica de ese rayo de casi dos metros de altura y 94 kilos, capaz de sobrevolar los 100 metros en tan solo 9,58 segundos.

(Inserto aquí, entre paréntesis, una pregunta sincera: ¿En serio no se les ocurrió alquilar un par de tribunas?).

A tan solo 15 minutos del disparo oficial que mediría la destreza humana contra la máquina, la devota comitiva recorrió el terreno de un extremo a otro. El bulldog francés marcaba el paso, más excitado por los orines de otras mascotas que por el hito atlético que reunía a unas mil personas pocos minutos antes del atardecer. Hacia el extremo derecho de la llegada, sobre una lomita, encontraron refugio y cierta visibilidad junto a los fotógrafos de prensa, quienes regulaban el diafragma y velocidad de sus cámaras, y enfrentaban a gritos a un hulk de seguridad enfundado con un polo verde perico que les bloqueaba la visibilidad. “¡Agáchate oe, sonso!”.

Otra jalada de oreja a los organizadores: diseñar la carrera de norte a sur, con el sol de las cinco de la tarde como telón de fondo. El registro a contraluz tuvo a más de un fotógrafo –profesionales y amateurs– contrariado.

La histeria siempre marca el arribo de la celebridad. Justo ahí, en medio del griterío, la integrante más experimentada del grupo decidió dejar su lugar, frustrada por el forcejeo constante de los curiosos, y buscar otro punto de vista: “anda párate sobre el ancla”, le recomendó alguien. El animador vociferaba arengas y finalmente llamó a la partida. El disparo enloqueció a la turbamulta y el mar de cabezas fue secundado por brazos de todos los tamaños con pantallas negras que intentaban registrar lo vivido. No vimos nada, pero si no lo compartes no lo has vivido. Dos segundos de trote y Bolt llegaba a la meta seguido por un mototaxi que iba más lento que el tranvía de Barranco. Lo que vino después fueron fotos, firmas de autógrafos y el respectivo saludo a la bandera.

Aún así, la comitiva se retiró dignamente, algo decepcionada pero con renovada expectativa para los Juegos Panamericanos.

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