19 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Moda: El amor a las pieles en la era contra la crueldad animal

¿Por qué a pesar de toda la información sobre el maltrato en animales para obtener sus pieles, estas se siguen vendiendo? Aquí, ensayamos algunas respuestas.

Moda: El amor a las pieles en la era contra la crueldad animal Shutterstock

LUZ LANCHEROS
Metro World News

El pasado domingo fue el Día Mundial de la Biodiversidad Biológica, fecha que celebra la vida y el desarrollo sostenible de los recursos.

La industria de la moda es un sector que ha maltratado a muchos animales y del que muy pocos hablan. Por ello, Publimetro hace un análisis de cómo se está comportando esta industria hoy en día.

Hace ochenta años, tener un abrigo de piel natural significaba riqueza. La mujer que lo tenía mostraba un éxito social inigualable. Y entre más animales muertos se pusiera, más glamorosa y elegante era.

Por supuesto, como la práctica se inició desde épocas antiguas hasta llegar a la era de la producción cuasi masiva de la industria de la moda (siglo XIX), algunos animales se extinguieron.

Sin embargo, desde los años 60 esta práctica es considerada una aberración. Y desde entonces, activistas y organizaciones por los derechos de los animales han hecho que firmas y diseñadores usen pieles sintéticas, pero su lucha está muy lejos de terminar

Una reciente publicidad de la organización Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA) se volvió viral en redes sociales al mostrar bolsos de piel animal conteniendo órganos vivos.

Fabricar pieles naturales está lejos de ser una actividad en extinción, tanto en las industrias como en el sector del lujo y de la alta costura.

Chanel y otras casas de moda lo hacen, por ejemplo, con sus granjas dedicadas a criar animales exóticos y a los que, legalmente, pueden hacer con ellos lo que quieran. Esta rama de la moda que se ha disfrazado como “humano” y “sustentable” y que contraataca la producción de piel sintética, sigue con alta presencia en Semanas de la Moda y artículos de firmas de lujo como Hermès, que protagonizó un gran escándalo el año pasado cuando PETA descubrió lo que le hacían a los caimanes cuya piel se usaba para sus accesorios: desollarlos vivos.

Sin embargo, la indignación que se generó en esos días no encubre las espantosas cifras que lo precedieron.

Para el 2011, la venta de pieles llegaba a 13 millones de dólares y para el 2014, 500 diseñadores la tenían dentro de sus colecciones, según un reportaje de la revista Vice

Las pieles de animales se vieron tanto en las pasarelas de Londres como en las de Nueva York.

En 2013, fuimos testigos de un retorno de las prendas que llevaban pieles de animales, pero que trataban de dar una imagen de producción más “humana”.

En ese año, Altuzarra, Marc Jacobs y Louis Vuitton usaron más de 20 looks con piel animal. Y el diseñador Karl Lagerfeld siguió defendiendo el uso de estas pieles.

De hecho, el año pasado sacó una colección para Fendi y fue tajante contra el argumento de la crueldad animal: “Mientras la gente siga comiendo carne y vistiendo cuero, no entiendo el mensaje. Es muy fácil decir ‘no a las pieles’, pero es una industria. ¿Quién va a pagar por todo el desempleo de esa gente si se suprime la industria de pieles en la moda?”

La industria, por lo menos en Canadá y EE.UU., tiene fuertes organizaciones, que con su lema “la piel es verde” han querido venderla como una actividad amigable con el medio ambiente, ya que el material con el que es hecha la prenda es “renovable”. Entre otras cosas, ellos sostienen que las pieles que usan son de animales que no están en peligro de extinción, que vienen de establecimientos de caza controlada y que ayudan a equilibrar el ecosistema.

Asimismo, estas organizaciones a favor del uso de la piel animal critican la fibra acrílica por estar hecha de petróleo. PETA sostiene todo lo contrario: se emplean 15 veces más recursos en hacer una prenda de piel animal que una sintética.

Las campañas de las organizaciones contra la crueldad animal seguirán mientras no se regule totalmente una industria de la que se denuncian horrores cada día.

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¡A la cañita dile no!

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