20 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

‘Mentes ultrabrillantes’, por Milagros Agurto

La buena alimentación en el embarazo y la lactancia resultan esenciales en el crecimiento y desarrollo del bebe.

‘Mentes ultrabrillantes’, por Milagros Agurto La lactancia y el calor maternal permiten desarrollar mejor el cerebro del bebe (Foto: Shutterstock)

Por Milagros Agurto
Nutricionista y coach

Para todos es conocido que lo que comemos y la forma en que ello es usado por el organismo tiene un papel importante en el desarrollo del niño.

Desde hace algunos años, la neurociencia ha empezado a hablar de la neuronutrición, donde se estudia el efecto de la cantidad y la calidad de nutrientes específicos en el desarrollo cerebral y su impacto en la plasticidad neuronal, base del aprendizaje y la memoria, e incluso de las emociones. La nutrición influye en el desarrollo del sistema nervioso central y en sus alteraciones; incluso, se ha visto que tiene un papel en la aparición de algunas afecciones neuropsiquiátricas.

Entre la concepción y el tercer año de vida, el cerebro humano crece a mucha velocidad, más que en cualquier etapa de la vida. Asimismo, no es suficiente con la genética que se nos da como regalo (para bien o para mal), ya que todo va mucho más allá. Los factores ambientales, y más precisamente el embarazo y lo que ocurre en esta etapa, tienen efectos directos.

Sin embargo y como reza el dicho “no solo de pan vive el hombre”. Un tema vital para el buen neurodesarrollo es el amor y los estímulos. Asimismo, se debe evitar que la futura madre esté en ambientes inadecuados como el aire contaminado por el cigarro o que esté expuesta al alcohol. No quiero dejar de recordar que los controles prenatales son fundamentales para detectar a tiempo alguna alteración, sea metabólica, obstétrica o lo que pudiera poner en riesgo la salud de la madre y la del niño.

Si una madre está expuesta a una mala nutrición y presenta deficiencia de algunos nutrientes durante la etapa fetal, podría haber efectos insospechados. Estudios realizados en Cuba el 2009 sugieren que en estos casos, los bebes tienen el riesgo de desarrollar esquizofrenia o trastorno bipolar.

Las gestantes que han tenido desnutrición durante el embarazo (peso materno bajo para la talla) y no han ganado suficiente peso podrían concebir niños con un cerebro más pequeño. Así, cuando en la evaluación de crecimiento y desarrollo se le mide la circunferencia de la cabecita, veremos que su tamaño será menor que el de un niño con un cerebro normal, adecuado a su edad. Esta prueba es una medida básica que se toma cada vez que el niño asiste al pediatra, pues revela el crecimiento del cerebro. Cabe indicar que si el niño presenta un retardo cognitivo, eso significará que aprenderá menos en un futuro.

Por ello, cuidar a la futura madre se convierte en una obligación del Estado y de todos nosotros como sociedad. Eso significa asegurarle a la mujer no solo una buena nutrición durante los 9 meses de gestación, sino un embarazo feliz y en donde el amor sea una parte esencial.

Tras el nacimiento, la madre debe dar de lactar a su bebe de manera exclusiva. La leche materna podría ayudar a su hijo a recuperar ciertas funciones cerebrales, gracias a su gran contenido de ácidos grasos, una pieza clave en la recuperación y desarrollo cerebral. No hay otra forma. Solo la lactancia materna lo hace posible.

Y si de repente queda la pregunta: ¿qué pasa con aquellos bebes que nacen antes de tiempo o son prematuros? Pues, si el bebe es prematuro, hay que darle la lactancia materna y el calor suficiente para que crezca y desarrolle fuera del útero. Eso es posible a través de una acción llamada “mamá canguro”, que no es otra cosa que tener al niño en el pecho de la mamá o el papá, calentito por la temperatura humana y cerca de los latidos del corazón.

Los estudios revelan que cuando los niños prematuros están en “el canguro de mamá” pueden aumentar hasta 8 puntos en las pruebas de inteligencia. Queda demostrado entonces que no solo se trata de comer sano durante el embarazo, sino hacerlo desde mucho antes, pues en la neuronutrición se cuenta desde el día de la concepción hasta la primera infancia; sumando a ello, el amor, el estímulo y el cuidado de la gestante y del niño.

Bien vale la pena invertir en el cerebro de los futuros peruanos para generar no solo niños inteligentes, sino mentes ultrabrillantes que puedan cambiar el destino del país y por qué no, del mundo. No necesitamos nada excepcional, solo tener un control constante durante el embarazo, que la mujer se prepare con anticipación y que asista a sus chequeos cada mes o cada vez que los especialistas así lo requieran.

En síntesis, que el embarazo no solo tenga nutrición física, sino también una nutrición emocional adecuada, para que después del nacimiento del niño, este siga en el seno materno y paterno vinculándose emocional y físicamente, comiendo lo que requiere y viviendo experiencias gratas para que su vida esté marcada por episodios que lo hagan ser un mejor ser humano.

Padres y madres, la responsabilidad es 100% de cada uno de ustedes. Lo que les dejemos a los niños también será un tema de otra columna. Es necesario hablar de la psicología transgeneracional y lo que significa en nuestras vidas. Pero, por el momento, hay que ocuparnos y no preocuparnos de hacer lo mejor cada segundo, nuestros hijos bien lo valen.

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