20 de junio de 2018

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Redacción Publimetro |

'El jardín de la inteligencia emocional', por Milagros Agurto

Cómo sembrar y cosechar emociones saludables para vivir mejor.

'El jardín de la inteligencia emocional', por Milagros Agurto Lo mejor para aprender a regular tus emociones es aplicar el mindfulness. (Foto:

Milagros Agurto
Nutricionista
Coach de Vida – Empresarial – Salud

En el año 2010, leyendo el libro Conciencia Zen, en la página 24 encontré una frase que me pareció espectacular y que ahora comparto: “Para comprender algo hay que abordarlo con la mente vacía, sin prejuicios, desarticulando todas las redes neuronales que llamamos ‘memoria’”.

Frente a una experiencia nueva debemos entrar completamente desprevenidos. ¡Nada más real! Y esto tiene que ver con la forma en que miramos la vida, nuestros actos y nuestras emociones.

¿Y por qué hablar de las emociones? Porque reconocer que son respuestas complejas nos ayudará a comprenderlas. En general, en la respuesta emocional hay tres componentes.

El primero es el tono emocional o la polaridad, que está en función de que la emoción nos resulte agradable o desagradable (por ejemplo, la felicidad o la ira). El segundo es la intensidad y está en relación con la mayor o menor fuerza en que experimentamos la emoción; y finalmente está la duración, que puede ir de unos segundos a minutos.

Las emociones no están en nuestras vidas por las puras. Cumplen funciones como la adaptativa, ya que la emoción tiene una utilidad; la motivacional para potenciar y dirigir la conducta; y la comunicativa, que nos permite ese diálogo interno, intrapersonal, y de donde obtenemos mucha información para comprender cómo influyen en la conducta de otros nuestras emociones (interpersonal).

¿Las emociones pueden en algún momento convertirse en un problema? La respuesta es ¡sí! A pesar de que cada emoción tiene un sentido y función, cuando la emoción nos aparta del presente puede ser un problema. Y esto ocurre cuando la intensidad de la emoción me saca del aquí y del ahora (me secuestra) haciendo que no pueda dar la mejor respuesta a la situación. ¡Menudo problema el que pueden causar las emociones!

No todo es tan dramático en la vida y estos cambios tienen que ver con lo mejor que tenemos. Está la posibilidad de entrenar nuestra mente para que aprenda nuevas habilidades, esas que nos permitirán mejorar la inteligencia emocional. ¿Cuáles son esas habilidades? Primero, la capacidad de identificar y de poder expresar las emociones (el qué siento y poder decirlo). Esta habilidad es quizás la más importante cuando hablamos de inteligencia emocional, porque si no sé lo que siento no podré alcanzar metas en mi vida.

Las otras habilidades tienen que ver con la capacidad de comprender los estados emocionales, la facilitación del pensamiento y aprender a regular las emociones (que no es lo mismo que “controlar”). Pero para lograr esa regulación emocional es preciso que la persona esté receptiva a las emociones (¿recuerdas la frase con la que inicie la nota?). Eso ayudará a gestionar eficazmente tanto nuestras emociones como las de los demás, sean agradables o no.

Para lograr este proceso una herramienta comprobada científicamente es el mindfulness, la atención plena de lo que ocurre en nosotros y en nuestras vidas. Con el cuerpo y la mente presentes en ese instante; sin juicios ni prejuicios, sino viviendo la experiencia inmediata de las sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos.

El mindfulness o atención plena es una actitud orientada a la curiosidad, apertura y aceptación del momento o de la experiencia de ese momento; sin importar si esta es positiva o negativa; sin emitir juicios o reaccionar, sino mirando las cosas como si fuera la primera vez.

El investigador Jon Kabat-Zinn fundó en 1979 el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, una clínica para la reducción del estrés basada en el mindfulness. Luego incorporó la terapia cognitiva basada en el mindfulness y hoy en día muchos estudios científicos avalan su utilidad en el tratamiento clínico de la ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de la conducta alimentaria, trastornos de personalidad y también en el dolor y el trauma.

Todo empieza usando la respiración como un ancla al presente, desarrollando la aceptación (que es diferente a la resignación), aprendiendo a soltar, dejar ir, sin juzgar, teniendo paciencia de que las cosas suceden en su debido momento, ganando confianza, sin expectativas por los resultados y siempre con la mente abierta a nuevas posibilidades. El mindfulness está aquí para ayudarnos a ser mejores y vivir en paz con nosotros y nuestras emociones. Solo necesitas ocho semanas para el gran cambio.

Pura emoción

Las emociones básicas innatas y de expresión universal son:

  • Alegría: Favorece la interacción social

  • Tristeza: Facilita la introspección
  • Miedo: Avisa del riesgo vital
  • Asco: Prepara al organismo para rechazar condiciones ambientales potencialmente dañinas
  • Ira: Autoprotección y defensa
  • Sorpresa: Favorece el incremento en la sensibilidad de los órganos sensoriales

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