19 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Importancia del juego en niños con TEA

El juego en los niños con Trastorno del Espectro Autista estimula el desarrollo de la comunicación verbal y no verbal; también es facilitador de aprendizajes y fomenta la interacción con los pares.

Importancia del juego en niños con TEA (Foto: Shutterstock)

Annie Oviedo Zegarra y Carolina Lazo Paredes
Especialistas en Trastornos del Espectro Autista – UDAD
Centro Peruano de Audición, Lenguaje y AprendizajeCPAL

El juego forma parte fundamental del desarrollo integral de los niños. Por medio de éste, el niño no solo aprende a desarrollar la imaginación, el seguimiento de reglas y la espera de turnos, sino también, otras habilidades como la interacción y comunicación social, la organización, y la tolerancia a la frustración.

En este artículo nos centraremos en cómo estimular la interacción social a través del juego en los niños con TEA. Sin embargo, antes de ello, es importante recordar que en los niños con TEA y, por lo tanto, relacionado a su propuesta de desarrollo, el juego suele presentar algunas características:

• Intereses restringidos: Muestran satisfacción al observar objetos que giren o tengan luces y sonidos, es decir presentan un gusto particular al realizar alguna acción o actividad de forma repetitiva. Por ejemplo, disfrutan al abrir y cerrar una puerta en varias ocasiones, ver girar trompos, enfocarse en partes de objetos, entre otras.

• Escaso o nulo uso funcional de objetos: Presentan dificultades para usar un juguete de manera adecuada. Por ejemplo, alinear objetos o, en vez de jugar con los carritos tienden a tirarlos y golpearlos contra la mesa.

• Juego solitario: Suelen preferir juegos de forma individual, presentando dificultades para involucrar a otros.

Ahora bien, atendiendo lo descrito, tanto padres como docentes, para mejorar la interacción social a través del juego deberán:

• Tener en cuenta cuáles son sus intereses, ya que como bien se sabe, cada niño es un ‘mundo distinto’ con características, habilidades e intereses diversos, por ello no todos van a responder con el mismo entusiasmo frente a una actividad. Para esto debemos realizarnos las siguientes preguntas: ¿Qué actividad le divierte? y ¿Con qué actividades o juguetes permanece más tiempo?

• Conocer el tipo de juego que le divierte. Así, nos adaptaremos a ello teniendo en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra, la cual puede o no coincidir con su edad cronológica.
Por ejemplo, los juegos de contacto como las “cosquillitas”, “la arañita” o “zen zen” son juegos en donde el adulto tiene un vínculo directo de interacción con el niño, permitiendo que el contacto visual sea consistente y fomentando de manera indirecta el lenguaje espontáneo del niño, cuando él pida “más cosquillas”.

• Utilizar el objeto como medio para lograr el interés del niño, pero, a la vez, centrando la atención en la persona (madre, padre, familiar, cuidador, etc.). Para ello, podemos volvernos más expresivos con el rostro y cuerpo, exagerar las expresiones faciales y corporales, y usar nuestra voz como una herramienta para captar su atención. Es decir, utilizar al objeto como un medio para estimular la interacción o el interés hacia la otra persona. Por ejemplo, al jugar con los animales hacer que coman diciendo “ñam ñam”, al jugar con los carritos hacer que se choquen y decir “pum” o al soplar burbujas y reventarlas decir “poc poc”.

• Una vez que se ha logrado el disfrute con la otra persona, estimular el juego funcional. Es importante que el niño aprenda a utilizar los encajes y distintos juguetes. Sin embargo, es aún más importante que se centre más en la persona, para ello podemos realizar sonidos con los objetos que sean motivantes para él.

• Luego, se pasará al juego de representación, en donde, le brindaremos distintos modelos de juego. Al realizar de manera constante estos modelos, podemos propiciar la imitación del niño durante los mismos. Por ejemplo, al jugar con animales se pueden realizar distintas acciones como comer, dormir, saltar, correr, entre otras.

• Fomentar tiempos de espera en el juego, es decir que el adulto no dirija el juego por unos segundos para observar la conducta del niño, esperando que nos mire, entregue algún objeto, muestre una acción o solicite. Y, esperando que él tome la iniciativa de interactuar con el otro, de no lograrlo, se debe dirigir nuevamente la actividad.

Por todo lo mencionado, es de suma importancia valorar el juego en los niños con TEA, pues, definitivamente, estimula el desarrollo de la comunicación verbal y no verbal, también es facilitador de aprendizajes y fomenta la interacción con los pares. De tal manera, permite la asimilación de reglas de conducta y, el descubrimiento de la vida social.

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