20 de noviembre de 2017

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La escuela y habilidades sociales de niños con Trastorno del Espectro Autista

Por razones neurobiológicas, el curso del desarrollo social y comunicativo en los niños con Trastorno del Espectro Autista, no es el mismo. La estructura del ambiente, el control de la estimulación sensorial, entre otros; todo converge en favor de su socialización y adaptación al medio, resaltando sus virtudes o potencialidades y minimizando sus debilidades.

La escuela y habilidades sociales de niños con Trastorno del Espectro Autista Autismo. (Shutterstock)

Antonio Barreto Contreras
Christian Canales Enríquez
Especialistas en Autismo
Centro Peruano de Audición, Lenguaje y AprendizajeCPAL

Desde el punto de vista del neurodesarrollo, se consideran de suma importancia: la cognición, el lenguaje y la motricidad. Asimismo, no se puede dejar de mencionar aquellas funciones que permiten a las personas adaptarse a su entorno y comprenderse unas a otras, es decir, formar parte de un grupo, respetando las normas sociales, entendidas como aquel conjunto de conductas que facilitan la interacción con los demás.

Por razones neurobiológicas, el curso del desarrollo social y comunicativo en los niños con Trastorno del Espectro Autista, no es el mismo. Desde edades tempranas parecen no tener interés por compartir los estados emocionales, por interactuar con el otro, no se muestran sensibles a las expresiones faciales, etc. Así, cuando llegan a la escuela, mientras que la mayoría de los niños aprovechan la interacción para informarse sobre los comportamientos adecuados en las diferentes situaciones y el propio manejo de las emociones y potencian los comportamientos que la familia les ha enseñado, los niños con autismo pueden ser distantes y evadir las miradas o entrometerse en el espacio de otros, acercándose demasiado, con el fin de satisfacer una necesidad inmediata, ignorando- en ocasiones- a la persona en cuestión. Por lo tanto, la imposibilidad de inferir segundas intenciones, comprender miradas, deseos y conductas de otros, hace que les resulte difícil entender las normas que rigen las interacciones sociales.

Lo descrito revela la necesidad de ambientes estructurados de manera que puedan anticipar y/o predecir situaciones. Si se parte de la noción que son “pensadores visuales”, con el uso de apoyos como letreros que puedan precisar sobre lo que está y lo que no está permitido decir o hacer podrían ser más acertados en sus intervenciones o en sus intentos por interactuar.

Por otro lado, en ambientes menos estructurados, como recreos, gymkanas, paseos y demás, la situación, es más compleja, pues, por lo general, estos entornos pueden carecer de “señales” que le permitan orientarse o dirigir su conducta. Es por ello que, en este tipo de actividades sería importante la presencia adulta para facilitar su comprensión, ya sea en juegos como por ejemplo “no tocar la pelota mientras se está jugando futbol”, o para reforzar normas convencionales, como: “agradecer cuando alguien te da algo”, “no siempre se gana en los juegos”, etc.

Muchas veces ellos no saben cómo acercarse al otro y las indicaciones más sutiles como “Sonríe antes de hablar” o las más complejas “irte sin despedir es como dejar la computadora prendida y no usarla” pueden significarle grandes cambios y la oportunidad de ser más acertado o compatible con el contexto.

Entonces existe mucho a considerar cuando se habla de TEA. La estructura del ambiente, el control de la estimulación sensorial (visual, auditiva o táctil), la programación semanal o mensual, la explicación en pasos pequeños o la planificación de las actividades, con el uso de imágenes, o el de palabras sencillas, todo converge en favor de su socialización y adaptación al medio, resaltando sus virtudes o potencialidades y minimizando sus debilidades.

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