14 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Cusco, te estamos matando', por Zoë Massey

“Por la noche, un paquetero nos ofrece vaina en la puerta de la catedral. Si se supone que el Cusco es el centro turístico del país, ¿cómo es que hay tan poco control?”.

'Cusco, te estamos matando', por Zoë Massey Foto: Zoë Massey

Por Zoë Massey
FOTÓGRAFA

Empezar el día con sol cuando se está de viaje siempre es buen augurio. La ruta sigue, vamos rumbo a Urubamba, unos 600 kilómetros más en nuestro querido y rojo auto Pichirilo y llegamos.

Chalhuanca es un pueblo bonito entre montañas verdes, algo caótico como todo pueblo de paso que tiende a convertirse en comercial. Tiene una plaza muy linda con un sorprendente colegio nacional, el moderno José Pardo. Tomamos la ruta y a solo pocos kilómetros, exactamente en el 385, el río nos invita a parar. Una tímida sacada de zapatillas y pies al agua terminan en un chapuzón increíble. El agua es fría, pero si te agarra día soleado no dejes de nadar en el río, vale cada segundo. Da como resultado sonrisas desde los huesos. Ojo, las arañas aquí son tan grandes que las ves cuando cruzan la carretera.

Avanzamos, Abancay. No sé ni cómo describir esta ciudad de ladrillos grises y calles tan empinadas que retan el vértigo en cada cruce de cuadras. Salir de ahí hoy es una locura, han cerrado la avenida principal (o carretera), así que hay que subir y subir y subir para poder salir. La reforestación de la zona en base a pinos y eucaliptos ha creado un paisaje impresionante. Curva tras curva llegamos al abra y la lluvia. Ahora al fin, bajar y no parar hasta… el choclo con queso, las frutas en Curahuasi, el helado de mango directo de la mata al congelador.

Saltaré parte del paisaje hasta la emoción de haber llegado al Cusco. Lo triste es que sabemos que estamos ya ahí porque las vans blancas llenas de turistas van tan rápido que ponen en riesgo tanto a sus pasajeros como a las demás personas en la ruta. Adelantan, cierran a otros carros en la pista, no respetan nada. Pasamos Chinchero y aun no entiendo dónde entrará el famoso aeropuerto. Mirador de Rachi, parada obligada y ahora sí: Urubamba.

Quedamos sorprendidos, hace unos ocho años que no iba y si bien cuando sales del centro es hermoso, el caos de tantos mototaxis en calles enanas la hacen intransitable. Es una locura, así que nos vamos a Ollantaytambo… wow. No entra un carro más, un bus de turismo más, un turista más en las ruinas.

Al día siguiente salimos hacia Pisaq, tan lindo pueblo, pero jamás pude ver la plaza, cubierta por un mercado de artesanías que no deja ni ver la iglesia.

Por suerte existe Calca, pueblo que conocí cuando era pura calle de tierra. Ha crecido, pero sigue siendo un lugar tranquilo, bonito. Me temo que la respuesta está en una de las personas locales con la que conversamos: aquí casi no hay turismo…

Pasamos una semana en el Valle del Urubamba, yendo y viniendo, paseamos por la ciudad del Cusco, el mercado de San Pedro, nos llevamos todo el queso que podemos. Por la noche, comemos algo rico y un paquetero nos ofrece vaina en la puerta de la catedral. Si se supone que el Cusco es el centro turístico del país, ¿cómo es que hay tan poco control? ¿Quién está permitiendo tanta informalidad? ¿Cómo es que hay hasta accidentes con muertos y todo sigue funcionando de esta manera? ¿Qué es lo que se está esperando? ¿Que colapse por completo y ya nadie quiera venir?

Hay mucho y urgente por corregir. Por favor, no dejemos que uno de los lugares más hermosos del planeta, con un legado histórico y cultural que deberíamos valorar como un tesoro, se destruya así.

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