22 de junio de 2018

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Redacción Publimetro |

'Contigo aprendí', por Milagros Agurto

La importancia de llamarte papá. Un homenaje a esos hombres tan importantes en nuestras vidas.

'Contigo aprendí', por Milagros Agurto El padre juega un rol muy importante para otorgar seguridad y autoestima en sus hijos. Es una figura insustituible/Shutterstock

Milagros Agurto
Nutricionista
Coach de Vida – Empresarial – Salud

Sin lugar a duda, cuando hablamos del desarrollo infantil temprano, todos los estudios y toda la información científica demuestran la importancia de la presencia de un padre en la vida de un niño o una niña; porque ellos viven del amor y necesitan del padre que le da los códigos de seguridad, autoestima, y que marcará incluso cómo será la relación de pareja que tenga en un futuro.

Hoy en día, los padres están adquiriendo y tomando ese poder e influencia que hace algunos años habían perdido por temas sociales o de roles o de estructuras familiares. Sin embargo, hay que reconocer que la presencia de los padres es insustituible y que las mujeres debemos romper ese paradigma de “yo he sido padre y madre”, porque solo somos las madres, aunque hayamos criado solas a nuestros hijos.

Es por eso que quiero compartir con ustedes esta columna que hace muchos años publiqué y hoy actualizo dedicándosela a mi papá… por todas las cosas que contigo aprendí.

“Contigo aprendí que existen nuevas y mejores emociones, y entre esas estaban el trepar árboles o cruzar puentes hechos con soga y en donde me enseñaste a perder el miedo y comprender que cuando hay valor nada es imposible, por eso se te ocurrió en la década de los 70 revolucionar los grupos scouts y creaste el grupo mixto en el colegio, para aprender a compartir, generar sinergia y valorar al compañero y compañera.

Contigo aprendí a conocer un mundo nuevo de ilusiones, porque estabas convencido de que el Perú podría ser una gran nación. Por eso siempre me decías: “Nunca te olvides de devolverle a tu patria con agradecimiento todo lo que ella te da”. Eso jamás lo he olvidado y hasta este instante sigo cumpliendo la promesa que te hice.

Aprendí que la semana tiene más de siete días, a hacer mayores mis contadas alegrías; porque me enseñaste que no le tenías miedo al trabajo ni a los horarios, llegando muchas veces después de las 11 de la noche y trabajando hasta los domingos, pero aún, así te dabas tiempo para cantarnos sentado al filo de la cama con tu guitarra una canción infantil o un vals peruano, de esos que hoy cantamos con orgullo porque el Perú regresa a un mundial.

Por eso también a ser dichosa yo contigo lo aprendí, a ver la luz del otro lado de la luna, porque nunca te vi perder la esperanza y cuando tu humanidad ya no jalaba más, mirabas al cielo orabas y en esas pocas veces que te vi llorar te levantabas porque sabías que al otro día el sol saldría igual y eso me enseñó a ser valiente, a levantarme y no desfallecer y comprender que por alguna razón ocurren las cosas.

Aprendí que puede un beso ser más dulce y más profundo, como aquellos que me dabas cuando siendo niña y estando al final de la carrera de vallas me caí y con mi rodilla herida te busqué a ti y a mi mamá y fueron esos ojos, las sonrisas y las palmas de ustedes que me dieron el aliento para no abandonar la carrera. Por esos millones de besos que me diste, por tirarme al aire siendo tu chiquita “nariz del padre” y reírnos de mamá cuando se asustaba y te decía “Minito, se va a caer la chica”… Pero eso no nos importaba, ¿no?, porque tú me protegías, así como cuando me salvaste la vida, en ese horrible accidente. Porque al verme así sin vida, ni cuenta te diste que tú estabas tan mal herido como yo, tu amor de papá solo buscaba cuidar de mí y todo eso nos hizo más cómplices, pero no en todo; porque yo te acusaba con mi mamá cuando te veía fumar y no podías hacerlo. Papi, era por tu salud…

Muchas de las cosas buenas yo contigo las viví y contigo aprendí que yo nací el día que te conocí; y literalmente fue así, porque fuiste mi papá, el humano con defectos; pero un gran hombre, valiente, mi héroe, bondadoso, fuerte y a quien vi también sufrir. Pero ¿sabes?, dicen que detrás de un hombre siempre hay una gran mujer y tú la tuviste, por suerte, porque tuviste mucha suerte al tenerla, inteligente, sagaz, amorosa, piadosa y tu motor. Muchas de todas las cosas buenas que hiciste las compartía contigo, como los campamentos, aun sabiendo que el sol le destrozaba la piel, pero estaba a tu lado. Por eso, aquel día cuando tomabas tu desayuno y suspiraste solo ella estuvo a tu lado para quedarte dormido por siempre en sus brazos.

Gracias a la vida, por esos años que me diste, por tu delicioso seco de chabelo, la ropa vieja y sus papitas fritas en cubo y el huevo con algarrobina que nos preparabas; por enseñarnos con mamá lo que es la solidaridad, el amor y el compartir; el amor a la música, la danza y los idiomas, por tirarnos a la piscina para luego nadar en el mar; por hacerme comprender que ser papá es algo especial y que siempre estuviste primero para nosotros y cuando no estabas buscabas las formas para hacerlo y compartir tu dolor y tu alegría. Gracias por compartir tu vida conmigo, jamás te olvidaré, te quiero, papá. ¡Feliz día!”.

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