24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

"Temp": Capítulo 14, en exclusiva para Publimetro

Nueva entrega de la novela “Temp”, escrita por el alemán radicado en Canadá Douglas Coupland, en exclusiva para Publimetro.

"Temp": Capítulo 14, en exclusiva para Publimetro (Foto: Shutterstock)

La trabajadora temporal hace limonada

Por: Douglas Copeland

Muy bien, lo bueno de ser trabajadora temporal es que si te equivocas, te vas, pero de todas formas siempre terminas yéndote, así que no hay mayores inconvenientes. Supongo que esto es una máxima para cualquier persona con trabajo, pero para los temporales sólo es volver a la intemperie.

Luego de no dormir, llegué al trabajo sólo para encontrar chismes y temer intrigas. El peor chisme era que Danimal estaba en coma, cuando en realidad estaba en un hotel de 20,000 dólares el día con un ligero colapso en el pulmón izquierdo y una inútil actitud de autocompasión. Sara 1 se acercó a mi escritorio y me dijo: “Creo que todos nos comportamos mal ayer”.

Me enfurecí: “¡Yo no hice nada! Estaba ahí sólo para oír a Dan desahogarse sobre el incendio en la bodega. Tú fuiste quien armó el problema”.

Sara se hizo la de la vista gorda. “Quédate con tu versión. Aquí hay una pila de archivos que necesitan ser alfabetizados”.

Decidí que mi día necesitaba, desesperadamente, un poco de alegría, así que llamé a una amiga de mi hermana que tiene un criadero de perros labradores. Hablamos rápidamente y justo antes del almuerzo, ella llegó con dos jaulas repletas de cachorros. La escolté al área administrativa y con una dura voz quebradiza grité: “¡Oh no, ha habido una explosión!”. Todos miraron estupefactos.

“Así es, una explosión de ternura. ¡Hilda, suelta los sabuesos!”.

Ahhh… la bomba de cachorros. ¿Hay algo mejor en la vida? Dieciocho paquetes gorditos brincando de alegría YouTubeana que exigen únicamente amor incondicional y algo de comida. Todas las personas se tiraron al suelo y bastó un minuto para ellas aprendieran que la persona con más comida era a la que más se le iban a acercar los cachorros, así que trajeron los portacomidas. Me sentía orgullosa de haber traído una pizca de alegría a las tristes vidas de los trabajadores de tiempo completo que pronto serían despedidos. Sí, me sentía orgullosa de mí misma por haber arreglado el día.

¿La cereza del pastel? Afuera del edificio había 200 niños que con sus mejores atuendos de muertos vivientes hacían parte de una caminata zombie y la cual se dirigía a una protesta política que empezaba a las afueras de AmQex.

Fue en ese instante que dos cosas sucedieron: un gran bus, que parecía como los de los tours de Bon Jovi, entró al parqueadero y 50 chinos salieron sosteniendo cinta métrica, pancartas y cuerdas. Luego, un minuto y medio después, unos 20 policías llegaron para acallar la protesta de AmQex. “Ellos hacen repuestos para motores de aviones no tripulados”, susurró Sara.

El líder de la delegación china afirmó: “Estoy curioso de ver cómo manejan las protestas en su país”.

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