22 de septiembre de 2018
Verónica Klingenberger, @vklingenberger |

Sangre para adolescentes

Nuestra columnista Verónica Klingenberger escribe sobre la fiebre de Crepúsculo.

Sangre para adolescentes

Por: Verónica Klingenberger, @vklingenberger
Esto es serio. Hay artículos titulados “Lo que tu pequeño negocio puede aprender de Crepúsculo ” y “Lecciones de marketing desde la zona crepuscular”. El verdadero romance de la exitosa saga se esconde detrás de la palidez de Edward y Bella . Hollywood y el público adolescente femenino escriben su propia historia y han destronado a George Lucas en el imperio del merchandising. Para hacer negocios, ahora nadie se mueve más rápido que un vampiro post púber.

Es difícil delimitar quién es el chupasangre en esta historia. Como en todo amorío, la obsesión es compartida. Hollywood vio una oportunidad en las exitosas novelas de Stephenie Meyer , cuya fórmula –la misma que el crítico británico Jonathan Crocker resume como “los extraños sueños húmedos de un ama de casa mormona”–, se convirtió al instante en un histérico fenómeno de la cultura pop de nuestros tiempos. Piénsalo bien. ¿Cómo podría fallar un relato sobre el amor prohibido, la huida adolescente y la abstinencia sexual? ¿Cómo si a eso le sumas hermosos vampiros y hombres lobos con el torso desnudo y depilado? Hollywood construyó una pila de pequeñas ramas y las encendió con un fósforo. El verdadero fuego lo azuzó su devoto público y esto ya parece un incendio forestal.

Cuando se estrenó Crepúsculo, el 83% de los espectadores planeaba volver a verla. Ese porcentaje se ha intensificado con las secuelas y el affaire no se limita a los cines : se transforma en incesantes tuits , en visitados blogs, en militantes comentaristas dispuestos a mostrar los colmillos ante el menor ataque oficial de los medios especializados. Los “Twihards”, como se les conoce en inglés, son una máquina de mercadeo insaciable y Hollywood seguirá siendo el más atento de los galanes. Crepúsculo puede haberse acabado, pero esta templadera es inmortal y a prueba de cualquier estaca. Si queremos que Hollywood vuelva a mirarnos, quizás debamos recuperar ese entusiasmo adolescente escondido en algún lugar. ¿Dónde dejé mi Trapper Keeper?

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