24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Quinta entrega de la novela "Temp", exclusiva para Publimetro

La nueva entrega de la novela que Douglas Coupland, escritor alemán radicado en Canadá, escribe exclusivamente para Metro y que podrán leer en veinte capítulos, uno cada día.

Quinta entrega de la novela "Temp", exclusiva para Publimetro (Foto: Shutterstock)

La trabajadora temporal tiene conflictos por el despido de una compañera

Por: Douglas Copeland

Sara número 2 puso los puntos sobre las íes: la maldición del día del jean. Para ser prácticos, una compañía que están vendiendo a China no necesita alguien que planee soluciones a largo plazo para el área comercial. Su despido fue rápido, además. En un momento estaba leyendo sobre la excesiva cantidad de productos lácteos expirados que hay en el refrigerador, y luego estaba parada en el lobby con una caja de cartón repleta de basura de su escritorio.

“Supongo que estás feliz de verme partir”, dijo.
“La verdad, no. Nunca me he rebajado a tu nivel”.

Me entabló una mirada inquisidora. “El mundo no es un gran chiste, Shannon”. Se volteó para mirar el vertido de la lluvia mientras esperaba a que la recogieran, aunque no había indicios de que eso ocurriera pronto. Miró al parqueadero y se puso a filosofar. “Sabes, creo que en el futuro miraremos hacia atrás y nos daremos cuenta de que la semana de 40 horas de trabajo, con un tres por ciento de desempleo, es un fracaso social. Todos estaban ocupados, pero nadie estaba haciendo algo realmente importante. Sí, uno estaba atareado todo el día, pero ¿y qué?”.

El teléfono sonó. “Espérame un momento, Sara…”. “Buenos días, Sistema de Filtros Taylor, Wagner & Kimura, desde 1899 una compañía orgullosamente patriota. Un momento, ya lo comunico”. Bajé el auricular. “Disculpa, ¿me decías?”.

“Estaba diciendo que las 40 horas de trabajo a la semana pueden ser vistas como crueles y extrañas para los futuros ciudadanos, así como a nosotros nos parece denigrante que niños de siete años trabajen en minas de algodón”.

Reflexioné sobre lo que dijo Sara. “Creo que es verdad lo que dices. ¿Dónde está la persona que te va a recoger”. “Según el último mensaje de texto que me envió, está atrapado en el tráfico al otro lado de la ciudad”.

Discretamente le pedí un taxi a Sara. Cuando llegó, le di uno de mis vales. “Si significa algo, Sara, la nevera también me da asco. Me hace pensar en Gwyneth Paltrow en ‘Contagio’, especialmente esa escena en la morgue cuando le abren el cráneo”.

“Gracias, Shannon. Creo que, a tu manera, estás siendo muy amable”. Me dio una tímida sonrisa y se montó al taxi. Me hizo pensar si debía ser más querida con las Saras que aún quedan.

Miré mi reloj y… ¡hora de almuerzo, yupi- libertad!. Tomé algunos números de la revista ‘InStyle’ que estaban al lado de la máquina del café. Me serví mi comida, las sobras de la pasta de anoche que estaban empacadas en una bolsa Zip-Loc. Los hombres hacían comentarios sobre los traseros de las mujeres en el día del jean.

Le envié un mensaje de texto al señor Xu sobre nuestros planes para la tarde y estaba parándome de la recepción cuando se apagó la alarma de incendios y Rick, de la portería, entró corriendo a la oficina. “Dios santo, el almacén está en llamas”.

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