26 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Polvo y lluvia', por Verónica Klingenberger

“‘El viento que arrasa’, novela de la escritora argentina Selva Almada, enfrenta en 168 páginas dos grandes temas, como son la fe y la naturaleza”.

'Polvo y lluvia', por Verónica Klingenberger El viento que arrasa.

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

Un reverendo y su hija se quedan varados en el lugar más polvoriento, seco y perdido de la provincia del Chaco en Argentina. Un auto averiado es la causa, aunque el reverendo dirá que todo es consecuencia de los designios de Dios.

El viento que arrasa, novela de la escritora argentina Selva Almada (así de literario es su nombre), enfrenta en 168 páginas dos grandes temas, como son la fe y la naturaleza. El reverendo es un fanático bonachón convencido de su misión evangelizadora. Armado de esa actitud positiva que hoy es fácil encontrar en los fanáticos del yoga, el Pastor Protestante Pearson siempre sonríe y se muestra paciente. Para él todas las respuestas están en Dios. Y en esa simpleza radica su felicidad y su obstinación.

Su hija Leni, en cambio, sufre el drama de la vida nómade: obligada a viajar con su padre de un pueblo a otro, su hogar termina convertido en una idea imposible de atrapar. La fe de su padre no es la misma que la suya, pero la intensidad de su prédica y la inocencia de sus sermones generan cierto hipnotismo en ella.

Almada consigue que el lector respire el polvo de la sequía y el viento que quema. La construcción de sus escenarios y la intensidad de las atmósferas que crea son uno de los grandes méritos de la novela. Uno presiente la influencia de libros como Todos los hermosos caballos, de Cormac McCarthy, o Sueños de trenes, de Denis Johnson, donde la naturaleza es uno de los principales protagonistas.

Hay un pasaje que es especialmente admirable. En él, un perro olfatea la tormenta que se avecina. Y la tormenta se anuncia con todos los olores posibles. Es casi como si Selva Almada trazara un mapa geológico e histórico de esa zona de la Argentina a través del hocico de un perro chusco sentado en el improvisado taller de un mecánico de carretera. Y cuando cae la lluvia, uno cree hasta necesario buscar refugio

El mecánico es el gringo Brauer y cobija a un niño abandonado que responde al apodo de Tapioca. Su verdadero nombre es José, y el reverendo se aprovechará de esa milagrosa coincidencia para iniciar la conquista celestial de lo que considerará el alma más pura que jamás haya conocido. Tapioca, como Leni, es un niño abandonado por su madre que se convirtió en el ayudante del gringo y en su protegido.

El gringo, hombre de sabia sencillez, lo ha educado con la naturaleza y el oficio como únicos dioses. No hay más complicaciones en su mundo que las que se encierran en el capó de un automóvil malogrado. Y no hay cielo que se compare a abrir una cerveza helada luego de un día de verdadero trabajo físico.

La novela transcurre en lo que dura la espera. Y sobre el final, el motor enciende y un hombre debe aprender la última gran lección que supone quedarse solo.

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