22 de marzo de 2019
Redacción Publimetro |

¿Lima sigue siendo Horrible? Si Sebastián Salazar Bondy estuviese vivo, qué postearía

La horribilidad de Lima no se debe a calles sucias ni al desorden de la ciudad, sino a una “gran mentira” de la cual muy pocos son capaces de escapar.

¿Lima sigue siendo Horrible? Si Sebastián Salazar Bondy estuviese vivo, qué postearía En 2019 la serenata a Lima se suspendió por los aniegos en San Juan de Lurigancho. (Foto especial: Shutterstock)

Por Carlos Espinoza

Del Puente Villena al Malecón Cisneros, con un crepes tibio en la boca, puedes “mecerte en un sueño” de aromas florales frescos y brisa marina suave. Un restaurante en la playa y un Centro Comercial al lado podrán satisfacer el resto de tus deseos. Mientras tanto, en San Juan de Lurigancho un tubo de desagüe mal instalado colapsa e inunda de estiércol casas y comercios; en Gamarra las mafias pululan y en Villa María la basura se acumula por días en las calles. Pero para Sebastián Salazar Bondy Lima no sería horrible por estas últimas escenas grises, tampoco porque, en fin, el ‘malecón de ensueño’ está bañado por algunas de las playas más sucias del país ni porque, en pleno Óvalo de Miraflores, alguien saca un arma y hace seis disparos para detener a unos asaltantes. La horribilidad de Lima se debe a una gran mentira de la cual muy pocos son capaces de escapar.

(Disparos en el corazón de Miraflores, aniego en San Juan de Lurigancho y ambulantes en Gamarra)

El ensayo Lima la horrible, publicado en 1964, no debe ser tomado como un frío estudio científico social de la sociedad limeña, sino más bien como “una obra de amor que es poesía” de alguien cuyo ser y “aflicción” se deben a Lima (p. 9) y es por eso que apunta y ataca lo que considera la verdadera y principal causa de su horribilidad.

(Para conocer la génesis del título “Lima la Horrible” recomendamos leer el texto de KLENGEL, Susanne de la bibliografía)

¿POR QUÉ LIMA ES HORRIBLE?

Para el autor sanmarquino, Lima es horrible porque aquí y desde aquí ha predominado y se ha impuesto al resto del país una mirada idealizada del pasado colonial que denomina “Arcadia Colonial” (esta idea será clave en todo el texto) y que se “contrabandea” como el verdadero y único nacionalismo para justificar la explotación de lo que no es criollo en favor de “las grandes familias” o grupos de poder. Se trata de un discurso tan poderoso que “aliena” incluso “al provinciano y extranjero que en Lima se establecen” (p. 20).

¿Lima sigue hoy siendo horrible? Para responder la interrogante, resumimos los once capítulos que componen el ensayo (todos los argumentos son de Sebastián Salazar Bondy) y luego planteamos preguntas buscando actualizar el problema. El lector tendrá las respuestas

1. LA EXTRAVIADA NOSTALGIA (¿Cómo se crea la mentira de la Arcadia Colonial?)

Desde inicios de la República, el grupo de poder de ascendencia hispánica inventa un gran discurso idealizando la Colonia y así crea la Arcadia Colonial (una visión idílica pero falsa del periodo Colonial disfrazada de “abundancias y serenidades”). Esta mirada no toma en cuenta “la imaginable tensión entre amos y siervos, extranjeros y aborígenes, potentados y miserables que debió tundir (golpear), por lo menos en su trasfondo, a la sociedad”. (p. 14) El mito de la Colonia se impone como historia real hasta el presente del autor y tiene como finalidad justificar la estructura donde algunos son históricamente privilegiados y beneficiarios de una deuda cargada al indígena y luego al mestizo o no criollo.

– ¿Existe hoy una arcadia (visión idealizada) del pasado de Lima, quizá no colonial sino de un pasado reciente, que justifique la supremacía de un sector?

(Hoy aún se habla de “la Lima que se fue” antes de las olas migratorias de la segunda mitad del siglo XX Foto: ANDINA/Oscar Farje Gomero)

2. EL CRIOLLISMO COMO FALSIFICACIÓN (¿Cómo se promueve la Arcadia Colonial?)

En el periodo Colonial y Republicano del Perú, el significado de la palabra ‘criollo’ cambió hasta terminar designando a lo limeño o costeño (no indígena) que actúa de acuerdo a costumbres y tradiciones locales. “El criollismo vendría a ser, pues, el nacionalismo limeño” (p 28). Y como “el Perú es Lima” (según la frase cínica de Abraham Valdelomar), el criollismo es la falsificación del “verdadero nacionalismo”. Así, el criollismo es promocionado desde lo oficial pese a sus vicios éticos, como la idea de la “viveza criolla”, que honra a los corruptos (que para lo criollo son ‘pícaros’) y toma por “tontos” a los honrados (p. 33).

Para el autor, “el mito colonial se esconde en el criollismo” y el ascenso social solo es posible “asumiendo la teoría del paraíso colonial gracias al ejercicio del criollismo” (p. 35), es decir, dando por válida la mentira de la Arcadia Colonial y promoviendo el criollismo.

– ¿El criollismo se vende aún como el verdadero nacionalismo? ¿Para ascender socialmente y ser tomados en cuenta aún estamos obligados a adoptar gustos y costumbres no indígenas ni mestizas?

(En el repechaje para el Mundial de Rusia 2018, los neozelandeses danzaban su ‘Haka’ y los hinchas peruanos no se ponían de acuerdo en si debían responder con Danzantes de Tijeras o Marinera)

3. EL CANDADO DE LAS GRANDES FAMILIAS (Los que se favorecen con la Arcadia Colonial)

Según el autor, la aristocracia limeña se formó “antes de medio siglo de surgida” Lima. Se caracterizaba por ser endogámica (y en el fondo racista), por el lujo y la frívola ostentación. “La aristocracia limeña no ha cedido en un punto en aquello que constituye su más alto blasón (escudo): la segregación de la mayoría india y mestiza y pobre (…) dentro del sistema cerrado de las castas” (p. 47) Las grande familias que forman la aristocracia limeña asumieron el criollismo e incorporaron sus danzas populares, la comida y hasta la jerga.

Con el correr del tiempo, y en el presente del autor, se advierte que los hijos de las grandes familias ahora “optan por la parte placentera de la american way of life , la del play boy ”. Mientras que las mujeres “persiguen la corona de ‘reina de belleza’ que les prometen en Miami Beach las empresas de turismo y las fábricas de prendas íntimas” (p. 49).

– ¿La aristocracia limeña sigue siendo cerrada y, por otro lado, sigue promoviendo el fraude de la Colonia a través del criollismo?

4. ¿ES EL AZAR NUESTRA DEIDAD? (¿Hay un real deseo de cambio?)

Lima fue consagrada capital por azar en un terreno que se encontró, más o menos cómodo, en reemplazo de Jauja. Ya en la República, el autor destaca que aquí los políticos no ofrecen una liberación colectiva dentro de una reestructuración socio-económica, sino cosas gratis como vivienda, tierra o alimento. El político sabe que “la promesa de otorgamiento de cualquier bien en propiedad es lo que mueve el sufragio del ciudadano común” (p. 62) La población, sin esperanzas de un cambio radical, “se coge de la superstición para alejar el peligro y atraer el buen agüero” (pp. 63-64)

– ¿Los políticos siguen ganando elecciones con promesas de cosas gratis para sus electores?

5. LA CIUDAD DEVOTA Y VOLUPTUOSA (La Arcadia Colonial pinta así a Lima)

Desde la Colonia, la ciudad fue calificada por viajeros y letrados como piadosa (religiosa) y voluptuosa (llena de adornos, imágenes, exhibicionista y cercana a los placeres simples). Pero el autor advierte que es religiosa por reacción (para redimir sus pecados cometidos) y no por convicción (p. 68). Para la Arcadia Colonial los santos limeños como Santa Rosa de Lima son “frutos del idilio colonial” y son representados convenientemente: en lugar de “presentar a una Isabel Flores de Oliva transida de angustias metafísicas” (como habría sido realmente) crearon “un pimpollo rosáceo y dulzón” (p 73).

El autor entiende que hoy la beatitud (o religiosidad) con la que se caracteriza a Lima funciona “como freno moral para restablecer la armonía del alma” que supuestamente reinaba en la Colonia, apaciguar a las mayorías no privilegiadas y evitar un cambio radical (p. 74).

– ¿La religiosidad limeña sigue siendo un freno para deshacernos de la Arcadia Colonial y generar un cambio?

6. DE LA TAPADA A “MISS PERÚ” (El papel que la Arcadia Colonial le da a la mujer)

La figura de la tapada limeña del pasado y la mujer contemporánea que aspira a Miss Perú no son distintas en su esencia. En los años de la Colonia, la mujer, por la pobre educación que recibía (educación de convento), tuvo como único camino de ascenso el matrimonio. La Arcadia Colonial construye y difunde una idea de la limeña tradicional en el paradigma de las tapadas limeñas y las pinta como “únicas, originales, nobles y moralísimas” y con ejemplar religiosidad (pp. 88-89).

Así, la Arcadia Colonial, al crear e imponer el estereotipo de la tapada limeña, se convierte en el “freno” que ha impedido el desarrollo de la mujer (p. 89) y solo le da, en la institución del matrimonio, el único espacio para que pueda desquitarse de la disminución de sus capacidades (p. 90).

La mujer moderna que, según el autor, aspira con ser Miss no hace algo diferente que la tapada limeña, pues (ya no tapada, sino desde la desnudez de un fugaz reinado) busca “publicidad, popularidad y vanidad para alcanzar el mismo galardón que su antepasado: el enlace con el pudiente (a través del matrimonio) y, por intermedio de él, la situación pudiente para ella misma ” (pp. 90-91). “Entre la tapada y la postulante a Miss Perú no es tanta la diferencia” (p. 91).

– ¿El matrimonio con un hombre con poder sigue siendo el único camino para que la mujer también acceda a cierto poder?

7. EL DESIERTO HABITA EN LA CIUDAD (La mentira de arquitectura limeña)

Desde que se fundó la ciudad, los limeños no supieron diseñar una arquitectura que se adapte al espacio geográfico (como sí lo habían hecho los habitantes prehispánicos de la región) (p. 101) “Prefirieron remedar (ineficientemente) modelos que traían los inmigrantes” de Europa. Así por ejemplo, en el palacio Torre Tagle (del siglo XVII), “con el barroco se alternan y practican la confusión los aportes andaluces, moros, criollos y aun asiáticos.” La arquitectura limeña a lo largo de los siglos es el caos, el no-estilo (p. 102). No hay creación, sino rapsodia (formada con fragmentos populares de otras obras). Por eso no trascendió, no resistió los sismos, ni las polillas y la putrefacción (p. 103).

Sin embargo, a la Arcadia Colonial “no le interesó otra cosa que la actualización del ayer” y mostró a la arquitectura limeña como una “deslumbrante radiación que podría reaparecer en la pantomima (farsa) como un sol paradisiaco”. Así aparece lo neocolonial, un experimento típicamente retrógrado que se vende como patrimonio. (p. 104)

– ¿Se sigue exaltando la arquitectura colonial o neocolonial para seguir alimentando a la Arcadia Colonial?

(Palacio de Torre Tagle Foto: ANDINA/Oscar Farje Gomero)

8. SÁTIRA E INSTINTO DE CASTA (La sátira, la lisura, y lo huachafo)

La literatura y poesía en Lima en los años de la Colonia están marcadas por lo satírico, “por afán de hacer de una actitud típicamente clasista el irrenunciable espíritu de la ciudad y sus pobladores” (p. 109). En ese contexto nace la lisura limeña, que se caracteriza, escribe el autor, porque no llega a ser pesada ni malévola, es mesurada por el miedo, como un freno que busca impedir la protesta (p. 114).

Luego, en el siglo XX aparece el calificativo huachafo (cursi, esnob y ridículo) que es como lo postizo. Los satíricos lo advierten sobre todo en los pobres (pp. 116-117). Tiene un empleo positivo cuando hace referencia al “desborde mediocre”, pero también tiene un uso condenable cuando se utiliza como una pared de defensa de la casta colonial (ahí el instinto de casta) para proteger sus puestos de mando de quienes pretenden ascender o salir de la pobreza. La sátira como actitud clasista, la lisura tibia, así como el adjetivo de huachafo nacen del instinto de casta por autoprotegerse.

– ¿Tildar de ‘huachafo’ a un artista no criollo que adopta mecanismos de la industria para tener éxito es una actitud defensiva de instinto de casta?

(Wendy Sulca suele ser cuestionada en redes cada vez que busca salir del molde)

9. EL PANTEÓN DE LA MENTIRA (Los muertos son como Dioses)

En Lima, la devoción por los muertos es piadosa (religiosa) para salvarlos del castigo, pero también es lucrativa, ya que espera que el alma del difunto le revele un ‘tapado’ o tesoro oculto (pp. 124-125). Así, “el culto a los muertos se relaciona con un interés pecuniario” que lo pone “en contacto con la edénica fábula colonialista” (p. 126). “La muerte para el limeño debe entrañar una concreta promesa (…) de goces reales, inmediatos y patentes” (p. 127).

“En la catedral yacen los supuestos despojos de Francisco Pizarro. (…) La Arcadia Colonial no lo quiere saber completamente muerto” (p. 128) Los muertos en Lima son dioses que están en un “panteón” (conjunto de divinidades de un pueblo). “Nuestra historia también es un panteón. Nuestra música, otro panteón. El panteón genera su mentira fantasmagórica a la que estamos unidos hasta que, mediante el deicidio o la profanación de las tumbas, seamos libres” (p. 133)

– ¿Seguimos considerando como dioses o cosas sagradas a los personajes o temas que impone la Arcadia Colonial?

(La estatua ecuestre que representa a Francisco Pizarro ha sido removida hasta dos veces: del atrio de la Catedral a un rincón de la Plaza Mayor, y luego al Parque de La Muralla.)

10. EL PAÍS INHIBIDO EN LA PINTURA (La pintura como propaganda y no como arte)

Hubo siempre un divorcio entre el Perú y la Pintura (como arte libre incluso en un contexto de represión). La pintura que se produjo en los primero años de la Colonia (de la escuela cusqueña, de Quito y Potosí) funcionó como un recurso para la evangelización, y se desempeñó, como hoy lo hace la publicidad, en beneficio de la Arcadia Colonial (p. 141). No hubo creación, pero “esta pintura sin sentido se hizo tradición, pues fue valiosísima a la mentira edénica” de la Arcadia (p. 142).

Pancho Fierro, en el periodo de Emancipación, escapó de los cánones coloniales y retrató con acuarela a indios, clase media, frailes, viejas, la inquisición y el desfile de independencia. Pero vio solo lo superficial de la vida, “su envoltura ferial, su alegre máscara”. Fierro se convirtió en el equivalente a Ricardo Palma en la Literatura, “su trabajo sirvió para fomentar el cuento edénico y para probarlo con un preclaro testimonio más” (p. 142-143).

Así, poseer cuadros coloniales (como los de la escuela cusqueña) se convirtió en “un emblema de casta”. El interés y afición por estos cuadros se debe a que buscan vincular la idea del “paraíso virreinal (…) con el plano intemporal y angélico del arte religioso” (p. 144).

– ¿Existen productos culturales del pasado cuya afición lo que en el fondo busca es validar la Arcadia Colonial?

11. OTRO VOTO EN CONTRA (La actitud frente a la Arcadia Colonial)

Eventos históricos como la Guerra del Guano con Chile comenzaron a “romper la unanimidad de la dicha colonial” (p. 149). Aparecen detractores de la Arcadia Colonial como Manuel Gonzales Prada, quien en el plano literario (exótico, claro, pulido y compacto) es el opuesto de Ricardo Palma, que, “a pesar de sí”, era un “demiurgo del colonialismo literario” (p. 151).

José María Eguren (que “no habla del ojo febril de la limeña, ni de aventuras donjuanescas o guerreras, ni de santos protegiendo las murallas, sino que se entreteje con las soledades del auténtico limeño”) se opone a José Santo Chocano, que en una actitud realmente evasiva habla “de los tópicos de épico optimismo y la fábula de la riqueza latente de minas y palacios” (p. 154).

Del mismo modo, el autor opone a José Carlos Mariátegui (que hace un “análisis racional” del sistema social y económico del virreinato) y a José de la Riva-Agüero y Osma, que busca un justificativo para el sometimiento a los poderes del dinero, la sangre y la confesión (p.155).

Así como Manuel Gonzales Prada y José Carlos Mariátegui, el voto de Sebastián Salazar Bondy también es en contra de la Arcadia Colonial.

– ¿Hoy quiénes votan a favor y en contra de la Arcadia Colonial que hace horrible a Lima?

(Hurgando en la música, encontramos este otro voto en contra poco difundido. El tema ‘Heavy Rats’ de Danai habla de la Lima de mentira creada por la Arcadia Colonial)

Bibliografía

CALLE BERROCAL, Karen Johana. La crisis del imaginario sobre la ciudad y la construcción del sujeto crítico en Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy.
TESIS Para optar el Título Profesional de Licenciada en Literatura en la UNMSM (2016)
ELMORE, Peter. “La ciudad enferma: ‘Lima la horrible’, de Sebastián Salazar Bondy” (pp. 189-313). En: Mundos interiores: Lima 1850-1950 / Eds. Aldo Panfichi H. y Felipe Portocarrero S. Lima: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, 2004.
KLENGEL, Susanne. ‘‘Lima la horrible’ de César Moro: Experiencia de la Modernización limeña desde el espíritu surrealista’ . Ibero-amerikanisches Archiv
Neue Folge, Vol. 17, No. 4, Lima Metrópoli: Contribuciones presentadas en un coloquio internacional, organizado por Enrique Valiente Catter y celebrado en el Instituto Ibero-Americano de Berlín, el 18 y 19 de enero de 1991 (1991), pp. 373-386
LÓPEZ MAGUIÑA, Santiago. ‘Cuadros del imaginario colonial en Lima la horrible de Sebastián Salazar Bondy’ . En: Revista Letras de la UNMSM. N° 128, Vol 88 (2017) (pp 162-176
SALAZAR BONDY, Sebastián . Lima la Horrible . Peisa Biblioteca Peruana. Lima: 1974.

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