26 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Humor serio', por Verónica Klingenberger

“Gadsby despedaza la comedia para develar cada una de sus partes y explicar su mecanismo”.

'Humor serio', por Verónica Klingenberger Nanette es un monólogo de la comediante Hannah Gadsby disponible en Netflix (Foto: Netflix)

Por Verónica Klingenberger
PERIODISTA
@vklingenberger

Hannah Gadsby tiene 40 años y es una comediante australiana que nació en Tasmania. Durante poco más de una década, ganó seguidores en su país y Europa haciendo rutinas muy autocríticas que giraban en torno a su familia, su peso y sobre ser gay en una comunidad profundamente homofóbica, aunque su originalidad tampoco soporte esa etiqueta: “Ni siquiera creo que ser lesbiana sea mi verdadera identidad. De verdad, no lo creo. Podría volver a salir del clóset ahora mismo. Me identifico como cansada. Solo soy alguien que tiene cansancio”, le confiesa a su audiencia con una sonrisa traviesa. También tuvo un papel maravilloso en la serie australiana Please Like Me. Pero con Nanette (buscar en Netflix), Hannah ha dejado de ser una comediante indie y de culto para convertirse en la artista a la que todos elogian.

No exageran. Estamos ante un monólogo absolutamente nuevo y aplastante. Y lo que le espera al espectador –se requiere cierta valentía para enfrentar su obra– es una montaña rusa de risas y espanto que termina en un estado incómodo de compasión y fascinación. En lo que la mayoría de sus nuevos y entusiastas fans –desde Mónica Lewinsky hasta Ellen Page– y críticos coincide es en la honestidad brutal de su rutina y en la novedad del formato.

Nanette cuestiona la comedia como forma de arte. Gadsby tiene un título universitario en Historia del Arte y usa esa carta, una y otra vez, hasta mostrarnos, cuando nuestra mejilla está sobre la lona, lo que de verdad importa. Pero sobre todo, confronta a los cómicos que utilizan la comedia para esconderse de sí mismos, empezando por ella misma: “He construido una carrera con un humor autodestructivo y ya no quiero hacerlo”, dice en la primera mitad de su monólogo. “¿Entienden lo que significa el autodesprecio cuando viene de alguien que ya es marginal? No es humildad, es humillación. Me rebajé para poder hablar, para pedir permiso para hablar y, sencillamente, ya no haré eso”.

A partir de ahí, Gadsby despedaza la comedia para develar cada una de sus partes y explicar su mecanismo. La fórmula resumida sería la de una pregunta con una respuesta que sorprende. O la de un comediante que incomoda para luego ofrecernos alivio. Y eso lo hace con una virtuosidad brillante, punchline tras punchline, hasta que, repentinamente, decide llevarnos a un lugar más oscuro para encender algunas luces internas: nos tensa hasta el límite, pero esta vez ya no nos ofrece alivio. Tampoco nos tortura. Se abre rabiosamente y es demoledor y revelador y mucho más que eso. Y no deja de ser una clase magistral de comedia: te descubrirás riendo mientras lloras como cuando eras un niño y alguien intentaba consolarte con muecas y bromas.

Finalmente nos deja ahí, con la responsabilidad terrible de la tarea más exigente. Nanette señala a su audiencia y le hace ver cómo llevamos el debate público sobre los temas más delicados. ¿No es tóxico y juvenil? ¿No es sumamente destructivo? ¿No estamos más preocupados por tener la razón que por sentir empatía? “Esta tensión es suya”, nos repite. “No los voy a ayudar más. Deben aprender cómo se siente, porque esta tensión es lo que los “no normales” llevamos dentro todo el tiempo. Es peligroso ser diferente”.

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