20 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

"El gran hotel Budapest", una comedia en homenaje a la vieja Europa, abre la Berlinale

La pasión del director texano Wes Anderson por el escritor vienés Stefan Zweig y por las comedias del cine de los años 30 lo llevaron a imaginar su película “El gran hotel Budapest”, una fábula con crímenes, obras de arte robadas y persecuciones, que abrió este jueves el concurso por el Oso de Oro de la Berlinale.

"El gran hotel Budapest", una comedia en homenaje a la vieja Europa, abre la Berlinale

La historia está contada desde el punto de vista del portero de ese famoso gran hotel, Gustave, interpretado por el actor británico Ralph Fiennes, dos veces nominado al Óscar, y por su cómplice, un joven empleado, Zero Mustafá, encarnado por el actor Tony Revolori, de familia guatemalteca, nacido en la ciudad californiana de Anaheim.

Gustave aprovecha su posición para mantener una relación con una anciana muy rica, huésped del hotel, Madame D., encarnada por la actriz Tilda Swinton, quien necesitó cada día, durante el rodaje, de cinco horas para ser “envejecida” por el mismo maquillador que convirtió a Meryl Streep en Margaret Thatcher, el conocido Marese Langan.

Gustave y Zero Mustafá se apoderan de una pintura del Renacimiento que pertenecía a Madame D. y deben huir del hotel al ser buscados por la policía.

Wes Anderson sitúa su historia, contada por un narrador, en un país imaginario de Europa del este, entre las dos guerras mundiales. El gran hotel será ocupado al final por los miembros de un ejército fascista, uno de cuyos comandantes es Dimitri, el hijo de la anciana, interpretado por Adrian Brody, el inolvidable pianista de Roman Polanski.

Para escribir el guión de esta película, filmada en la ciudad alemana de Gorlitz, en la frontera con Polonia, Anderson usó el formato cuadrado de las viejas comedias y dijo que leyó mucho a Stefan Zweig y vio todas las cintas de Ernst Lubistch y Billy Wilder.

“No adapté una obra en particular de Stefan Zweig, un escritor que me gusta mucho, pero quería crear un ambiente, una versión cinematográfica de lo que él cuenta en sus memorias, en sus libros, ese mundo europeo entre las dos guerras. Y en Gorlitz teníamos una pequeña mediateca con todas las películas de Lubistch, de Wilder. También vimos ‘El silencio’ de Ingmar Bergman”, declaró.

Anderson inventa en su film el personaje de un autor que ha escrito un libro llamado “El gran hotel Budapest” y toda la película es un largo flash-back en la que el propietario del hotel, que es ahora un envejecido Zero Mustafá, cuenta lo ocurrido a ese joven escritor.

“Stefan Zweig dice en algún lado que cuando la gente común y corriente se encuentra con un escritor tiene tendencia a contarle historias. Yo estaba escribiendo el guión y pensaba en un actor como Ralph Fiennes, estaba convencido que solo él podría darle a Gustave ese toque teatral del personaje que recita poemas”, añadió.

El realizador explicó también que el cine digital le permitió recrear el formato cuadrado de las viejas comedias.

Para el personaje de Zero Mustafá, el recadero del hotel, un “lobby boy”, Anderson pensaba en actores del Medio Oriente o del norte de África, pero cuando se encontró con Tony Revolori, quien pasó una prueba en Los Ángeles, quedó deslumbrado por su frescura y la expresividad de su rostro.

Anderson reconoció que admiraba mucho a un director como Stanley Kubrick y por eso “le tomó prestado algunas cosas al filmar, adoro como trabajaba, el sistema que desarrolló, para mí es un modelo, un maestro”.

También dijo que en la época en que estaba escribiendo el guión leía el libro “Eichmann en Jerusalén”, de la filósofa Hannah Arendt. “Tenía poco que ver con mi historia, pero contiene un análisis fascinante de cómo cada país de Europa respondió a los nazis y como todo al final quedó descompuesto”, explicó

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