13 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Buena música, buena vida', por Milagros Agurto

Cuando el do-re-mi se convierte en una forma de bienestar con un impacto positivo en nuestra salud.

'Buena música, buena vida', por Milagros Agurto Escuchar música, tocar algún instrumento o hasta hablar de ella, activa en nuestros cerebros los centros de placer/Shutterstock

Milagros Agurto
Nutricionista
Coach de Vida – Empresarial – Salud

Me encanta escuchar música. Soy fanática de la buena música como el jazz. El fin de semana asistí a un evento promocionado por Publimetro. Jóvenes estudiantes de diferentes colegios y de regiones como Lima, Trujillo y Huánuco agrupados por ProJazz iban a dar un concierto. El grupo de Lima participó en un evento de Big Bands en Estados Unidos y algunos de sus integrantes fueron reconocidos por su extraordinaria manera de tocar y cantar. Luego de escucharlos comprendí por qué los premiaron.

De los muchos nombres recuerdo especialmente a dos que tocaban como viejos maestros a pesar de su corta edad: Martín Lazo, que tocaba la guitarra y los timbales, y Omar Rosales la trompeta. La pasión, la forma de involucrarse con la música y su instrumento y todo lo que comunicaban era impresionante.

La presentación fue de tanta calidad como la de cualquier Big Band con integrantes adultos y de mucha experiencia. Punto aparte fue saber que Omar Rosales viene todos los fines de semana desde Huaraz para ensayar con sus compañeros, lo que demuestra compromiso y gran responsabilidad. Estos muchachos ¡valen un Perú! Y esto que viví fue tan extraordinario que tenía que compartirlo. Salí feliz, llena de alegría y de esperanza. Eso me inspiró a escribir sobre la música y cómo aporta al bienestar.

Es verdad, la música puede afectar el estado de ánimo, pero ¿cómo puede afectar nuestro estado de salud o bienestar? Para comprender lo que ocurre con la música y cómo el cerebro la detecta sería bueno saber cómo funciona la corteza cerebral y lo que hay debajo de ella, que conocemos como el sistema límbico o cerebro emocional.

Vamos a comprender este proceso identificando lo que ocurre en cada área del cerebro. Cuando escuchamos música y cerramos los ojos nos podemos ir a lugares como el mar, los bosques o las montañas; todas esas imágenes que se aparecen lo hacen en el lóbulo occipital (que queda en la parte posterior del cerebro), en la parte frontal del cerebro se analiza la música y nos da la información que nos dice qué pieza musical es, quién la está tocando o qué nota musical o tecla está sonando. ¿Y si estamos tocando algún instrumento, qué parte del cerebro se enciende?

Cuando participamos en la ejecución de la música, el lóbulo parietal (parte superior de la cabeza) es el que nos hace sentir nuestras manos en las cuerdas o en el instrumento. Finalmente, la música se escucha en el lóbulo temporal (está alrededor de la oreja), que es muy activo y es donde se procesa el sonido.

En el sistema límbico (que está debajo de la corteza cerebral) se sitúan nuestras emociones y los recuerdos; las reacciones automáticas que nos ayudan a respirar o mantener el ritmo cardiaco ocurren en el cerebro primitivo, pero se activan automáticamente con una pieza de música que significa mucho para nosotros.

Estoy segura de que han escuchado hablar de unas sustancias que nos dan sensación de placer y nos hacen sentir bien, la serotonina y la dopamina. Así como se liberan cuando hacemos ejercicios, estas mismas sustancias se liberan cuando escuchamos la música que nos encanta. Los investigadores han descubierto que los centros de placer, los centros de recompensa del cerebro, se activan cuando participamos en la música, ya sea escuchando, cantando, tocándola, componiéndola y, aunque te parezca increíble, incluso cuando estás hablando acerca de la música.

Cuando escuchamos música, el sistema nervioso autónomo se activa (se encarga de regular de forma automática, por ejemplo, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la digestión). El sistema nervioso autónomo tiene, por decirlo en sencillo, dos partes: el parasimpático y el simpático. El sistema parasimpático es el responsable de que nos relajemos profundamente, nos permite recuperarnos y descansar.

Cuando escuchamos música que nos resulta familiar o está asociada con lugares maravillosos o placenteros o personas, el sistema parasimpático se activa mientras escuchas la música, te relajas y disfrutas. El sistema simpático se encarga de la respuesta de lucha, huida o congelamiento, mecanismos para lidiar con el estrés y el estrés crónico o los estados de amenaza, causa de males como la hipertensión, las enfermedades cardiacas o los trastornos gastrointestinales.

La música no solo nos puede relajar, sino que puede darnos un estado de equilibrio. La música puede ayudarnos a disminuir el dolor; no podemos decir que puede curar tejido dañado o alguna enfermedad, pero sí darnos bienestar y mejoría disminuyendo el estrés y el dolor.

Formas de escuchar

Escucha activa: Cuando escuchas una canción y realmente quieres que tenga un impacto o efecto. Puede ser cuando cantas una canción, un mantra o un canto de algún tipo, la escuchas activamente, absorbiendo la información y ayudando a cambiar cómo te sientes o incitándote a sentir de manera diferente.

Escucha pasiva: Cuando estás tratando de calmarte después de un largo día sin pensar en nada.

NOTAS RELACIONADAS

‘Levantarse o morir’, por Milagros Agurto

‘¡Estoy embarazada!’ por Milagros Agurto

Así no es, Vivo x el Rock [OPINIÓN]

Carloncho puso huayno en su programa de radio y oyentes se quejaron

The Offspring rindió homenaje a banda peruana Los Saicos interpretando ‘Demolición’

Tags

Notas Relacionadas

Ir a portada