20 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Antonio Banderas: "El éxito no me arrolló"

Publimetro habló con el actor que pisó Lima por primera vez. Además de promocionar su perfume, hará labor social al subastar parte de su obra fotográfica Women in Gold a favor de la fundación ANAR. Sus fotos se exhibirán desde mañana hasta el miércoles en la galería Enlace Arte Contemporáneo.

(Video: YouTube)

Por José Barreto

La vida de Antonio Banderas tiene el balance perfecto de perseverancia y suerte. A los 19 años, dejó su natal Málaga para materializar su sueño de actuar en Madrid… pero nada fue fácil. Con el temor de regresar a casa con el rabo entre las piernas, tuvo que tomar cuanto oficio se le aparecía. Años después, se veía a sí mismo en la pantalla grande y como un asiduo a las alfombras rojas.
Hoy, a sus 53 años, se da el gusto de decir que conserva el mismo fuego para actuar que al principio, sin hacer ascos a comedias ligeras ni huirle al complejo mundo “almodovariano”.

¿Cómo es eso de que dormiste por mucho tiempo en un sofá cuando saliste de Málaga?
Ese sofá tenía un hueco enorme en medio, por lo que tenía que acomodarme a él. Tanto me había acostumbrado a esa situación que cuando me fui a una pensión que ya tenía cama, mi subconsciente seguía respetando aquel hueco y me dormía en la misma posición. Fue una época difícil, de nueve pensiones en un año, de no deshacer las maletas porque sabía que me iban a echar por no tener dinero. Pero la recuerdo con cariño. Me divertí, a pesar de pasar hambre y no tener ni un duro en el bolsillo.

Y, por obra del destino, llegó tu encuentro con Alicia Moreno, hija de la reconocida actriz española Nuria Espert…
La vida te da ese tipo de cosas. Estaba desesperado porque no tenía trabajo. Iba a tirar la toalla y planeaba regresar a Málaga, a dedicarme a enseñar teatro en escuelas primarias. Lo había decidido cuando salí del Teatro María Guerrero (en Madrid). Ahí, mientras bajaba por las escaleras, me crucé con Alicia. Llegué hasta el último escalón y me dije “qué más da”. La abordé y le pregunté qué había que hacer para trabajar en el Centro Dramático Nacional. Se sorprendió, tomó una servilleta y apuntó el número que le di para que me llamara. Meses después me vi en un casting ante la propia Nuria, quien me dio el papel para la obra La hija del aire… que al final fue la primera obra en la que Pedro (Almodóvar) me vio.

¿Te preguntas qué hubiera sido de tu vida de no haber abordado a Alicia?
Todo sería distinto… ¿o no? ¿Estaría hablando contigo? No lo sé, así se construye la vida…

Desde tu inicio en el cine con Laberinto de pasiones (1982) hasta Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) –nominada al Oscar–, solo pasaron 6 años en los que hiciste 16 películas más. Tu ascenso fue vertiginoso…
Yo no lo sentí así. Fue como construir algo como una hormiguita. Pasé de los papeles secundarios a los principales, pero siempre sabiendo que uno como actor es lo que debe hacer. No me dejé arrollar nunca por el éxito ni por el fracaso.

El 2011 hiciste La piel que habito tras 21 años lejos de Almodóvar, ¿qué sentiste al volver a tus raíces?
Fue muy fuerte reconocer aquello que había aprendido con él y que luego de tanto tiempo no había olvidado: esa capacidad que tiene de hacerte piezas y de volverte a construir, según lo que quiere para la cinta. Extrañaba que me metan a un mundo de inseguridad donde la creación es posible. Ya en Hollywood estaba muy cómodo, pero la creación artística no está en el confort, sino en que te den con palo y te quiten el piso, dejándote desnudo frente a la cámara para construirte desde cero. Eso hizo Pedro conmigo.

Irrumpiste en el cine estadounidense con gran éxito ¿qué es Hollywood para ti?
La posibilidad de trabajar en una industria muy fuerte y de poder acceder a personajes diversos. El cine tiene muchos propósitos, tanto en la comedia más frívola como en las cintas reflexivas. Como actor, no le digo no a nada.

Has abordado varias veces el tema de la homosexualidad, ¿cuál es tu posición frente al amor entre personas del mismo sexo?
A favor totalmente. Yo recuerdo que en una escena en Philadelphia, el personaje de Tom Hanks llegaba por primera vez asustado al hospital y me abrazaba. Hice un corte y le dije “Tom, somos pareja. No deberías abrazarme, sino darme un beso… en la boca”. Él me dijo “Hey, macho, piensa un poco”. Se fue pero volvió a los 5 minutos y me dijo que tenía razón e hicimos la escena como la sugerí. Me lo agradeció siempre. Yo ya venía cuajado de mi experiencia con Pedro, donde estábamos acostumbrados a los riesgos.

¿Qué diferencias encuentras en la forma de hacer cine en EE.UU. y en España?
Hollywood es una industria, y si te metes ahí sabes a lo que juegas. En Europa y Latinoamérica somos artesanos. Aquí no hacemos películas con dinero, sino con sangre, sudor, lágrimas y talento, tratando de encontrar algo alternativo a Hollywood. Ellos se llevarán el dinero, pero siempre quedará para nosotros la dignidad y el honor de haber hecho cosas desde un punto de vista más profundo.

Desde aquella famosa escena con Madonna en Truth or Dare (1991), tu fama como ‘latin lover’ se esparció por el mundo y te ubicaste como uno de los hombres más guapos, ¿te sientes así?
No. A nivel personal me reía, pero bueno, tampoco me disgustaba (sonríe de manera pícara). Siempre me lo he tomado con humor, sabiendo que esas etiquetas tienen fecha de caducidad.

Tus perfumes pasaron de The Secret a Her Secret, de The Golden Secret a Her Golden Secret, ¿qué significa la mujer para ti?
Uff… un enigma tan grande como una catedral. Que me trae muchísimas satisfacciones como disgustos (risas). Una mujer es la sal de la vida. Sería bastante aburrida la existencia sin ellas.

Hace no mucho, tomaste al fallecido Hugo Chávez como ejemplo de cómo romper con esos “hilos ocultos que nos gobiernan”…
No apoyo el modelo chavista. Venezuela está viviendo una época dramática y me da mucha pena porque es un país hermoso al que quiero mucho.

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