26 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

'El Tigre en la jungla', por Veronica Klingenberger

“Toda esta historia expone el desencuentro entre la introspección y madurez del DT y la dependencia y ligereza de su audiencia”.

'El Tigre en la jungla', por Veronica Klingenberger Ricardo Gareca aún no da una respuesta sobre su permanencia en la selección peruana (Foto: AFP)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
PERIODISTA
@vklingenberger

Nunca confíes en la histeria futbolera. Si Ricardo Gareca dice “debo tomarme un tiempo para evaluar las cosas”, los titulares dirán “Gareca cada vez más lejos de Perú”. Adictos a la especulación, periodistas deportivos e improvisados comentaristas casi siempre se equivocan. Todos lo hacemos. Formulamos hipótesis y sacamos conclusiones al compás del Twitter.

Quizá por eso estemos tan colgados del Tigre. Su calma y sencillez han calado hondo en nosotros, acostumbrados en el mejor de los casos a líderes impulsivos y en el peor a la orfandad más absoluta. Su sosiego nos calma. Su compromiso con el trabajo, más allá de que se gane o se pierda, nos admira y sorprende. Y en una sociedad impaciente como pocas la lección es doblemente valiosa. Perdimos dos o tres décadas de nuestra historia, y en ese apuro por ponernos al día la inmediatez nos viene jugando en contra. Sobre todo mentalmente. Para pensar se necesita tiempo.

Gareca ha pedido un mes para evaluar un compromiso de cuatro años. Un mes que para algunos parece un lustro. La noción del tiempo en la era del whatsapp es sintomática. Hace un par de días, por ejemplo, escuchaba en la radio a tres jóvenes exaltados que cuestionaban precisamente eso. “¡Un mes!”, exclamaban con exaspero y sospecha. “En realidad está dando tiempo para que le hagan otras ofertas”, aseguraban confundiendo la obviedad con perspicacia. Leí también, un día antes de la conferencia de prensa de Gareca, un extenso artículo especulativo que sugería que su alejamiento se debería (así, en condicional) a ciertos desencuentros con Oviedo. Esa conferencia no fue otra cosa que una paciente respuesta a cada uno de los puntos que el periodista planteaba en esa nota.

Toda esta historia, además de dejar en evidencia nuestro miedo a una especie de abandono paterno, expone el desencuentro entre la introspección y madurez del DT y la dependencia y ligereza de su audiencia. Del lado de Gareca sabemos que hay un equipo con un plan claro, diseñado, por cierto, por un peruano admirable llamado Juan Carlos Oblitas. Del otro lado pareciera haber solo ansias. No se entiende ni se profundiza en el compromiso del Estado y la empresa privada en el desarrollo de todos los deportes. Como sucede también con la cultura, la gente que maneja el país no parece percatarse aún del enorme potencial de crecimiento económico y social que existe ahí. Más allá del surf, el deporte en el Perú sigue agonizando desde hace décadas y el caso de la selección de fútbol no es muy distinto.

Por supuesto la histeria futbolera no es solo peruana. El Mundial deja claro que el patriotismo y la obsesión por el deporte más lindo que existe es reflejo de sueños y frustraciones de todas las nacionalidades. Pero no creo que en muchos otros países se hayan creído que la historia cambia solo a partir del trabajo de un técnico. Sí, todos queremos que el Tigre se quede. Pero al final, si decide irse, deberíamos asumirnos responsables de eso que tantas veces ha repetido: el Perú tiene fútbol; el proceso será largo; deberemos seguir comprometidos con un plan más allá de triunfos y sobre todo de derrotas; esto es algo que le compete a funcionarios públicos y empresarios; y solo estaremos de vuelta cuando ese camino se trace al ser recorrido. Mientras tanto, Gareca seguirá en lo suyo. Y no me sorprendería que termine quedándose. Dicen que los tigres han sobrevivido dos millones de años porque poseen habilidades adaptativas sorprendentes. El Perú podría ser una pichanga para un tipo de su naturaleza.

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