18 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

Ibagué, el pueblo donde creció el crack James Rodríguez

El futbolista colombiano James Rodríguez comenzó su carrera en Ibagué, una ciudad situada en los Andes colombianos donde todo el mundo está de acuerdo en una cosa: este chico estaba obsesionado con los videojuegos y el fútbol.

(Video: AFP)

AFP. En esta cancha de Ibagué, en los andes colombianos, todos quieren ser como James Rodríguez. No parece imposible: el goleador del Mundial de Brasil empezó aquí su meteórica carrera.

Ahora, con 23 años, juega en el Real Madrid, el equipo de sus sueños. Para ellos es un ídolo.

“James es ese ejemplo de perseverancia y de constancia y disciplina, y de que con disciplina todo se puede, todo se logra”, señala Adriana Pulido, madre de alumno de Academia Tolimense.

El primer entrenador de James, Yul Calderón, recibió a su padrastro en esta oficina para inscribirlo en la escuela de fútbol. Antes lo había intentado en el pudiente Club Campestre, pero solo aceptaban a los socios.

Calderón detectó rápidamente el potencial de James. A los nueve años ya tenía visión periférica. Era elegante al jugar y hacía tiros a media distancia. Además, destacaba por su humildad.

La obsesión de James era el fútbol y todo lo que tuviera que ver con él. Incluidos los videojuegos, una adicción que aún conserva.

“Usted entraba a la pieza de James y eran afiches de fútbol, sus juegos de videos todos tienen que ver con fútbol, y sus compañeros tenían que jugar fútbol y seguirle la corriente porque ese muchacho, todo era futbol. Yo creo que él jugaba con la comida haciendo goles con las arvejas… todo era fútbol!”, cuenta Calderón.

James vivía en esta casa de Ibagué. Su abuela solía cruzar la calle desesperada porque su nieto se escapaba a jugar futbol.

Desde muy niño, tuvo mentalidad de jugador profesional. Su amigo Beto recuerda como se hacía tratamientos con chorros de agua para recuperarse después de los partidos, pese a que solo tenía diez años.

“No fue fácil lo de él, ni fue de la noche en la mañana, ni de aquí salió al Real Madrid. Todo fue conseguido a punta de trabajo”, cuenta Alberto Bustos , compañero de equipo de James.

James pateaba balones con su padrastro en campos baldíos en sus ratos libres.

Hoy, construyó estas canchas para darle la posibilidad de jugar a los niños más vulnerables de Ibagué. Aquí además estudian y reciben apoyo nutricional y psicológico.

Después de quedarse en los cuartos de final del pasado Mundial, el próximo reto de Colombia es la Copa América. Y la selección cafetera confía en que James marcará, una vez más, la diferencia.

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