Megan Rapinoe celebra el nuevo título de Estados Unidos en el Mundial Femenino de Fútbol. (AFP)
Megan Rapinoe celebra el nuevo título de Estados Unidos en el Mundial Femenino de Fútbol. (AFP)


POR VERÓNICA KLINGENBERGER

Periodista

@vklingenberger

¿Por qué Latina compró los derechos del “Mundial Femenino de Fútbol”:https://publimetro.pe/noticias-de-mundial-femenino-futbol-5980 para no transmitir ningún partido en vivo? Los que creen que el fútbol femenino es peor que el campeonato local se llevarían una gran sorpresa con solo googlear los mejores goles del torneo y seguir a algunas de sus figuras. Pero quizás la estadística, al estilo Mister Chip, ayude a convencerlos: la octava edición de la Copa Mundial Femenina que se ha celebrado en Francia ha sido la mejor de la historia, con un derroche de 146 goles, o sea un promedio de 2,8 por partido, cifra que supera el promedio de goles del último Mundial masculino. Y qué goles. Imposible olvidar algunos como el de la inglesa Lucy Bronze contra Noruega, la italiana Aurora Galli contra Jamaica y la francesa Amandine Henry contra Corea del Sur.

Por eso, qué mal que siguen cayendo todos esos machitos que se niegan a entender, o simplemente aceptar, que a algunas mujeres (cada vez más, por cierto) también nos gusta el fútbol. Sabemos, por ejemplo, que Brasil fue el mejor equipo de lejos en la Copa América y que su DT Tite es un maestro que muy probablemente los llevará al hexacampeonato mundial. Que Argentina sigue siendo una incógnita a pesar de algunos minutos que nos regaló contra Brasil y Chile (que nos recordaron lo que siempre ha sido su juego) y que a los programas de Fox Sports solo tienen un mismo ángulo para abordar cualquier noticia: Argentina, Argentina y Argentina. Hasta cuando hablan de Perú solo se refieren al ‘Tigre’ Gareca. También sabemos que Colombia y Uruguay fueron lo que siempre han sido, potencias futboleras que admirar. Y que los chilenos siguen esforzándose por caer mal dentro y fuera de la cancha. Aunque miedito siempre nos darán, a pesar de ese inolvidable 3-0. Sabemos que Guerrero es de otro mundo, que Trauco fue el defensa con más quites en el torneo y que Yotún tuvo la mayor cantidad de intercepciones y recuperó más que ningún otro la pelota.

Pero es cierto que toda afición responde a experiencias particulares y privadas. Crecí en una familia de cinco hermanos, tres de ellos hombres y estrellas de fútbol en emotivos campeonatos locales que se realizaban en estadios húmedos con 100 gatos en las tribunas. De niña vi a Maradona volar de espaldas a la cancha en la pared del cuarto de mis hermanos. Junto a él estaban Zico con un minúsculo short azul marca Adidas, un barbón con el nombre más extraño para un jugador de fútbol (Doctor Sócrates) y un flaco con cara de torero que se apellidaba Ardiles, a quien luego vi hacer una “bicicleta” inmortal en ese clásico cinematográfico llamado ‘Escape a la victoria’.

Así aprendí desde temprano que los mejores futbolistas son estrellas de rock que usan chimpunes en vez de botas. En casa, cada Mundial de Fútbol se vivía por duplicado. Primero mirábamos los partidos y estudiábamos minuciosamente el estilo de cada jugador. Y luego del pitazo final, rigurosamente producidos como el jugador al que queríamos interpretar, corríamos al jardín para encarnar los equipos más alucinantes que alguien pudiese imaginar: en ellos jugaban estrellas de todas las nacionalidades y era común ver a todos usando la banda de capitán. Pero para una niña como yo resultaba extraño jugar siempre como Caniggia. Por eso, es importante empezar a darle a las chicas más jóvenes esos nuevos referentes.

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