18 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

Venezuela en crisis: ciudadanos hambrientos cazan especies silvestres y animales de zoológicos

Venezuela sufre una crisis económica terrible y ha habido un colapso en la productividad agrícola, el transporte comercial y otros servicios, lo cual ha tenido como consecuencia una grave escasez de alimentos.

Venezuela en crisis: ciudadanos hambrientos cazan especies silvestres y animales de zoológicos Estantes vacíos han dejado a los venezolanos hambrientos y con la necesidad de buscar comida donde puedan encontrarla. (Flickr)

Por Jeanfreddy Gutiérrez Torres / Mongabay Latam

Las especies silvestres de Venezuela, uno de los 17 países que cuentan con el 70 por ciento de la biodiversidad mundial, se han visto sometidas a un nuevo desafío además de la deforestación, los derrames tóxicos de petróleo y el tráfico ilegal: el hambre de los humanos.

La crisis económica que empezó en 2014 con el colapso de los ingresos del petróleo, se ha agravado hasta el punto de que algunos analistas consideran que Venezuela es un estado fallido. La pobreza ha atrapado a más del 80 por ciento de la población, según estudios de cuatro universidades venezolanas.

Muchos críticos responsabilizan a Nicolás Maduro de los problemas económicos del país, que ganó sus segundas elecciones a la presidencia en mayo entre acusaciones de fraude electoral y preocupación porque la inflación de Venezuela podría “alcanzar un asombroso 13 000 por ciento este año. Las tiendas están vacías y la gente tiene que buscar desechos en la basura. Mucha gente llama a la malnutrición del país “dieta Maduro’, culpando de las demacradas figuras que se ven habitualmente [en las calles] al Sr. Maduro”, informa el New York Times.

Aunque el gobierno nacional niega oficialmente la severidad de la emergencia humanitaria, los servicios públicos, la productividad agrícola e incluso la red de transporte comercial se han deteriorado, y como consecuencia, también lo ha hecho el acceso a la comida.

Como resultado, la gente come donde sea y lo que sea. Eso incluye animales silvestres como la tonina costera (Sotalia guianensis), el flamenco rosado del Caribe (Phoenicopterus ruber), varias especies amenazadas de tortugas marinas y burros salvajes de la cuenca del lago Maracaibo que una vez fue el centro del a producción petrolera del país.

Del mismo modo los zoos de Venezuela sufren con la escasez de materiales esenciales y han informado del robo de animales para proporcionar alimento, según creen.

Se han realizado pocos arrestos por estos delitos ambientales, y las multas a los autores han sido pequeñas. Tres hombres que mataron un burro silvestre, por ejemplo, y vendieron su carne fueron sentenciados a asistir al juzgado cada día durante 30 días; otros dos culpables de cazar 60 especies de aves protegidas para venderlas ilegalmente como comida tuvieron que realizar servicios comunitarios.

Tiburones capturados en el Parque Nacional Los Roques. A veces la carne de delfín se utiliza como cebo para pescar los tiburones. Foto de Rafael Tavares.

La crisis alimentaria se agrava

La dureza de la crisis sociopolítica en Venezuela está transformando la relación entre los humanos, las especies silvestres y el hábitat, a veces de forma sorprendente, según el biólogo Drai Cabello, presidente de la asociación civil para la Conservación de la Biodiversidad Venezolana (ConBiVe). Menciona un informe de un mercado rural cerca del Parque Nacional El Ávila, donde la caza de especies silvestres ha disminuido, no por la falta de necesidad, sino por el coste de la munición: “Era más barato comprar jurel (Trachurus murphyi) o sardinas que el costo de los cartuchos para matar lapas (Cuniculus paca) y venados, que además requerían largas horas nocturnas para su caza”, dice Cabello

También advierte que la persistente escasez de gasolina en Venezuela —paradójico en un país con una de las mayores reservas de petróleo en el mundo— podría llevar a una pérdida de hábitat y el aumento de la deforestación a medida que la gente corte árboles para leña. No obstante, con el empeoramiento de la crisis, es difícil decir qué van a cocinar si hay tantos mercados cerrados porque ya no tienen qué vender.

El abogado José David Muñoz, de la Asociación de Defensa y Protección de los Animales (Asodepa), ha trabajado en varios casos relacionados con la venta y consumo de especies silvestres. Siente que las leyes de Venezuela sobre las especies silvestres son insuficientes para proteger a los animales de la gente con hambre. También lamenta que los grupos ambientales rechazaran una ley de Especies silvestres domésticas y cautivas porque sus opiniones se omitieron de la ley. El fracaso de esa ley hizo que permanecieran vigentes unas normas anticuadas e inefectivas del código criminal. Como consecuencia, dice, los casos de caza furtiva no se procesan con la fuerza ni las penas adecuadas.

Sin embargo, en un país asolado por uno de los índices de homicidio más altos del mundo, donde los disturbios por comida suceden habitualmente, es normal que a muchos venezolanos les parezca complicado ser duros con los que comen animales salvajes para sobrevivir.

Un león demacrado en un zoo en el estado de Zulia, Venezuela. Imagen de Christian Veron en Twitter.

Zoos asediados

Un aspecto de la crisis alimentaria en Venezuela tiene que ver con sus zoos. Los zoos, que fueron una atracción para el público urbano y para los turistas en mejores tiempos, han visto escenas de horror, como informa la prensa local y repiten los medios internacionales.

En agosto de 2017, un cuidador en el zoo del Zulia, cerca de Maracaibo, informó que los animales se estaban atacando entre ellos por la falta de comida. Parece ser que los cuidadores mataron otros animales para dar de comer a los carnívoros en sus instalaciones. Los robos han sido una plaga en el mismo zoo. Se habla de cuarenta animales robados, seguramente para matarlos y comérselos. Se han llevado cerdos vietnamitas, monos, guacamayas y gallinetas por la noche. También se han robado algunas especies amenazadas como tapires, y se han llevado dos pecaríes —un tipo de cerdo salvaje—, mientras que un búfalo fue descuartizado allí mismo.

Otras historias parecidas llegan desde otros zoos venezolanos: los pavos reales y otras aves fueron víctimas de ladrones que asaltaron el Zoo de Bararida en Barquisimeto, 250 kilómetros al suroeste de Caracas. Varios hombres desmembraron un caballo en el Zoo Caricuao en Caracas, la capital; de allí también han robado tapires, ovejas y conejos.

Aunque no se trate de un caso de maltrato a una especie silvestre, también se ha hecho viral un video en Youtube que muestra a gente que entra en un pastizal y mata una vaca a golpes.

Se han abierto investigaciones en todos los zoos, pero no se ha acusado a nadie.

Una elefante hambrienta llamada Ruperta en el Zoo Caricuao. Esta imagen se hizo viral en las redes sociales. Imagen encontrada en flickr

Varios zoos, como los de las ciudades de Mérida, San Cristóbal y Punta Fijo, están recaudando donaciones de negocios locales y de la gente para dar de comer a los animales. No obstante, en febrero de este año vimos un puma demacrado y un león, un tigre de Bengala, un jaguar, un camello, un búfalo, un par de cóndores andinos y otros animales gravemente desnutridos, según AFP.

Esmeralda Mujica, antigua directora de la Fundación de Zoos y Acuarios de Venezuela y miembro de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, dice que a los animales de zoo los mata la gente que tiene hambre en las comunidades pobres que los rodean y ven las colecciones de animales como una fuente de comida.

“Esto muestra el hambre y la desesperación”, dijo. El salario mínimo en Venezuela es de unos tres dólares por hora y se espera que el desempleo llegue al 30 por ciento este año, según el FMI.

La tonina costera (Sotalia guianensis). Imagen por cortesía del Instituto Boto Cinza con licencia Creative Commons Atibución-CompartirIgual 2.5 Licencia genérica.

Empanadas de tonina

La tonina costera, pesa una media de 80 kilos y mide 2,2 metros de largo. Se encuentra desde Costa Rica a Brasil y en estuarios de Venezuela como el Lago Maracaibo y partes salobres del río Orinoco.

También conocida como delfín de río, está supuestamente protegida de actividades comerciales por la CITES y catalogada como vulnerable en el Libro Rojo de la fauna venezolana. Aun así, parece ser que cada vez se ve más como comida según se agrava la crisis económica en Venezuela.

En 2016, Yurasi Briceño y Leonardo Sánchez Criollo, investigadores del Instituto Venezolano de Investigación Científica, llevaron a cabo una evaluación de la densidad relativa de la población de tonina en el lago Maracaibo, donde observaron un área de un 7 por ciento de los 13 000 kilómetros cuadrados de la bahía de agua salada.

Briceño informa de un aumento definitivo en la caza y comercio de tonina para consumo humano desde 2016 al comparar los datos con su investigación de campo original de 2007, en la que los científicos registraron 35 capturas de delfín en el Lago Maracaibo —más del 50 por ciento de las cuales eran intencionadas, mientras que el resto era captura accidental.

Los Depredadores, traficantes de especies silvestres detenidos por la Guardia Nacional de Venezuela. Imagen por cortesía de la Guardia Nacional.

“En 2016, una banda criminal llamada ‘Los Depredadores’ se dedicaba a capturar al delfín para venderlo. Los arrestó la policía,pero no fue el único caso”, cuenta Briceño a Mongabay.

Calcula que la caza reciente de tonina en el área local se cobra tres delfines al día. En comparación, en noviembre de 2017 recibió informes que indicaban que solo se cazaban 4 animales a la semana. La crisis económica, dice, es una causa probable de ese aumento.

“Durante nueve meses del año puedes ver 100 redes para capturar cangrejo azul [Callinectes sapidus] para exportación, pero en los 45 días que la pesca está cerrada, puede haber 500 redes, incluso en la desembocadura de los ríos, para intentar capturar delfines”, dice Briceño. Añade que los pescadores niegan que vayan tras la tonina, “así que es difícil demostrar la intencionalidad de forma legal”.

De lo que está segura es de la captura de al menos “un delfín a la semana para consumo y dos al mes para venta en la parte sur del lago Maracaibo en 2018”. Esta es una región donde la pobreza es grave y la biodiversidad marina es baja debida a los derrames de petróleo, que hacen que los pescadores capturen lo que puedan encontrar. “Dicen que [la tonina capturada] es captura accesoria, por supuesto”, cuenta Briceño, y añade que es difícil recopilar información detallada y fiable de las comunidades locales.

Una banda de tráfico de animales silvestres que fue arrestada hace poco llegó de Barranquitas, una comunidad extremadamente pobre en la parte sur del estuario, donde la captura de peces ha descendido en un 85 por ciento debido a los derrames de petróleo “Es el único lugar donde podíamos encontrar chicharrones a la venta”, dice Briceño en referencia a un plato popular venezolano que se cocina con piel de cerdo o pollo frita. Un substituto es la tonina, a veces utilizada por los caveros, gente que compra los delfines en venta en las ciudades. Briceño dice que el delfín también es perfecto para los pastelitos de pote, una versión muy barata de las empanadas que utiliza muy poca carne y muchas patatas como relleno.

Aunque es difícil llevar a cabo investigaciones, el delfín costero o tonina se está capturando más ahora que al principio de la crisis económica de Venezuela. Imagen de LuisG67 con licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 licencia genérica.

Junior Larreal, biólogo de IVIC verificó este uso de tonina en una visita reciente a la isla de San Carlos con sus comunidades pesqueras indígenas y tradicionales al norte del lago Maracaibo. Un lugareño, además de manejar el equipaje, alquilar toldos de playa y otros servicios turísticos, había diversificado su oferta para incluir empanadas de tonina como manjar. Nunca antes se había denunciado la venta de delfín capturado ilegalmente de forma abierta.

Los investigadores también recogieron el testimonio de pescadores que recibieron pedidos de los traficantes de especies de silvestres de entre 5 y 10 delfines por semana.

Aún existe la cuestión de exactamente cuánto ha aumentado la presión en la tonina y de si se puede relacionar de forma directa con la crisis alimentaria de Venezuela. El delfín está catalogado como “datos insuficientes” por la UICN, lo cual significa que se necesita más estudio. Sin embargo, parece improbable que haya más investigación en un país que sufre con un caos económico tan intenso.

La Laguna de las Peonías es uno de los tres lugares donde viven los flamencos en Venezuela. Imagen de Alexis Quintanillo.

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