24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Vendo los aires', por Jorge Sánchez Herrera

“‘Altura para la Cultura’ intenta remediar el enorme problema que, lamentablemente, para muchos significa tener un inmueble declarado monumento”.

'Vendo los aires', por Jorge Sánchez Herrera Foto: sabyplanete

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

“Juan tiene una casona y no cuenta con el presupuesto para mantenerla. No puede construir ni alterarla porque es Patrimonio de la Nación. Sin embargo, con Altura para la Cultura, Juan puede vender los aires de su casona por medio del Certificado de Derechos Adicionales de Edificación Transferibles (CDAET), calculando el área por construir desde el techo hasta la altura máxima permitida. Por su parte, Rodrigo, promotor inmobiliario, está construyendo un edificio en otro barrio. La zonificación le permite construir hasta 10 pisos, pero gracias a la compra de los aires de la casa de Juan, Rodrigo podrá construir más pisos, según el plan de desarrollo urbano. Juan recibirá un dinero para restaurar y mantener su casona, y Rodrigo podrá construir más pisos en su edificio. Todos ganan”.

Con esta historia y un simpático video, el Ministerio de Cultura lanzó el programa “Altura para la Cultura” que intenta remediar el enorme problema que, lamentablemente, para muchos significa tener un inmueble declarado monumento. Si bien el programa ha sido pensado para zonas monumentales ubicadas en Trujillo, Arequipa y Maynas, no es la primera vez que una idea similar intenta implementarse en el Perú.

En el 2012, la Municipalidad de Miraflores aprobó la Ordenanza 387 que pretendía generar un mecanismo legal que permitiese preservar no solo inmuebles declarados monumentos, sino otros ubicados en lo que denominaron “Micro zonas de Valor Urbanístico”, es decir, áreas con un carácter arquitectónico-urbano homogéneo, resultado del diseño de sus fachadas, morfología, tipología, estilo, etc.

Por lo demás era muy similar: se determinaba la potencial área que los inmuebles estaban dejando de construir –según la zonificación vigente– al ser preservadas, y los propietarios podían vender esos metros cuadros mediante un Certificado de Derecho Edificatorio (CDE). A cambio, los dueños no podían demoler sus inmuebles y debían utilizar parte del dinero de la venta en su conservación y mantenimiento. Por su parte, quien compraba los CDE, podía edificar un máximo de tres pisos más por edificio, en zonas establecidas por la misma municipalidad.

A pesar de que el mecanismo comenzó a funcionar, en el 2014 la Municipalidad de Lima publicó la Ordenanza 1869 que “regula la transferencia del derecho de edificación definido en el Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano”, con objetivos similares a los planteados por Miraflores, pero con una salvedad: la Ordenanza determinaba que la Municipalidad Metropolitana “es la única competente para determinar las áreas emisoras y receptoras de derechos de edificación correspondientes a los predios ubicados en Lima”. Así no solo bloqueó la iniciativa de Miraflores, sino la de cualquier otro distrito que tuviese pensado copiarla. Hasta donde sé, esta es la razón por la cual Miraflores dejó de otorgar CDE y la Ordenanza Metropolitana 1869 nunca llegó a aplicarse.

La idea de Miraflores era buenísima no solo por la innovación que significó en términos de gestión del uso del suelo y protección del patrimonio, sino porque ampliaba el espectro de inmuebles puntuales a calles, manzanas o barrios enteros, más allá de una clasificación de monumento que muchas veces puede ser arbitraria e inútil. Espero que la iniciativa del Ministerio de Cultura avance y políticas como las de Miraflores puedan ser retomadas muy pronto

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