14 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

Unas vacaciones no convencionales en zonas de guerra

El turismo en zonas de conflicto se ha convertido en una nueva moda para muchos viajeros.

Unas vacaciones no convencionales en zonas de guerra Andrew Drury (de pie) y su primo Nigel Green (sentado) con habitantes de Mogadiscio, en Somalia (Foto: Andrew Drury)

(Metro World News). Las vacaciones de Andrew Drury en Uganda incluyeron una atribulada huida para salvarse de un granjero que lo amenazaba de muerte con un cuchillo en la mano. Drury, un constructor británico, había viajado con su primo Nigel Green al país africano. Sin quererlo, cruzaron la frontera y cayeron en el peligroso Congo.

“La persecución fue larga. Con ello, nos dimos cuenta de que viajar no solo es sinónimo de ir en un tour”, le dice Drury a Publimetro. “Y nos dimos cuenta de que queríamos volver a repetir la experiencia”,
agrega.

Desde entonces, hace ya 22 años, Drury y su primo han explorado los países y zonas más peligrosos del mundo: Irak, Afganistán, Chechenia, Mogadiscio, Birmania… Allí, fueron testigos de balaceras y hasta fueron detenidos.

Drury, de 47 años, dice que se ha vuelto adicto a visitar este tipo de países peligrosos. Por las noches, se pasa horas buscando en Internet nuevos lugares en conflicto a donde viajar. “Tengo un trabajo que no me satisface, así que visitar estos lugares me evade de la realidad”, dice.

No está solo. Las agencias de turismo de aventura ofrecen desde paquetes simples, como hacer escalada en roca, hasta paquetes más arriesgados, como montar un picnic en un campo de batalla sirio.

“Hemos visto un mercado interesado en paquetes turísticos a Libia”, explica Lars Tisell, de la empresa turística Sherwes Travel, establecida en Libia. “El conflicto merma la seguridad, pero igual podemos atraer a gente”, añade.

Uno de los tours más ‘brutales’ son las visitas a zonas de guerra en las que existen bases militares de Estados Unidos. Se venden como experiencias llenas de “brutalidad sin precedentes”. Los guías, incluso, son ex militares.

Por ahora, Drury ha tenido suerte. “Aunque la gente nativa no entiende por qué estamos ahí, nos quieren contar sus historias y piensan que el turismo trae paz”.

Este atrevido constructor reconoce que podría no salir airoso en alguno de sus viajes. Pero la emoción es más fuerte. “El congelador donde está el cuerpo de Gadafi es mi próxima meta”, dice.

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