24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Reconciliación EEUU-Cuba: El posible futuro de los 'almendrones'

Ingredientes inmutables del paisaje urbano de Cuba, donde sus rugidos nunca dejan de resonar, los rutilantes automóviles estadounidenses de los años 50 podrían vivir sus últimas horas con la reconciliación anunciada entre Cuba y Estados Unidos.

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Reconciliación EEUU-Cuba: El posible futuro de los 'almendrones'

(Foto: AFP)

(Foto: AFP)

AFP. Esplendorosos Pontiac, Plymouth, Dodge y Chevrolet son hoy el placer de los turistas y son alquilados para matrimonios y fiestas de quinceañeras, muy tradicionales en Cuba y otros países de América Latina.

Otros mal conservados, a veces precariamente parchados o incluso desvencijados, son utilizados como taxis individuales o colectivos, o simplemente como medio de transporte familiar. Cuba tiene hoy unos 70.000 “almendrones”, apodo irónico que le dan los cubanos por su forma abombada.

La toma del poder por los “Barbudos” (comunistas), la Guerra Fría, el colapso del comunismo, el “periodo especial” y las penurias: estos vehículos han atravesado épocas y deben su sobrevivencia a la habilidad de los mecánicos locales, pero también al embargo estadounidense y a la política de las autoridades de dilatar la renovación del parque automotor cubano.

La compraventa de vehículos, autorizada solamente hace tres años, está por ahora reservada a los cubanos, pero un levantamiento del embargo a Cuba (vigente desde 1962) podría despertar la codicia de coleccionistas del mundo entero.

Son muchos los que quisieran apropiarse de estos autos que tienen vestigios de una época casi mítica, cuando Cuba oscilaba entre la perversidad de célebres mafiosos como Lucky Luciano y el glamour de Josephine Baker o Nat King Cole.

“Tendría que ser muy buen dinero para que venda mi auto”, declara a la AFP Aramis Carmona, de 40 años, mientras acecha turistas junto a su Chevrolet 1953 blanco y rojo, con las llantas y parachoques cromados.

“Me da comida a mí y a la familia, cuando tengo poco dinero y tengo que elegir entre aceite para comer y el aceite del carro, compro el aceite de motor porque sé que nos va a dar comida al final”, explica este mecánico aficionado que rejuveneció la “chatarra” que compró hace 10 años por 7.000 dólares.

Bólidos de varias vidas

Al triunfo de la Revolución, los barbudos pusieron sus manos sobre el esplendoroso parque automotor. Fidel Castro puso sus ojos en un Oldsmobile en el que llevaba fusiles detrás del asiento. Ernesto “Che” Guevara circulaba, con un habano en la boca, al volante de un Studebaker.

Eso antes de que el régimen optara por cambiar estos productos del capitalismo por vehículos más “revolucionarios”, como el famoso todoterreno ruso GAZ-69 adoptado por el “Comandante”.

En las décadas de 1960 y 1970, los Peugeot 404 fabricados en Argentina, luego los Skoda checos o los Lada soviéticos también intentaron coronarse como reyes, pero sin éxito, mientras que los modelos estadounidenses pasaban de mano en mano por herencia o las vicisitudes de la Revolución.

En el curso de las décadas de 1990 y 2000, los Peugeot y los autos chinos ocuparon las rutas cubanas, pero los viejos estadounidenses se mantuvieron omnipresentes.

Por supuesto, los “almendrones” no tienen muchas piezas originales bajo el capot. Mecánicos ingeniosos los remiendan, reciclan piezas y motores de Lada soviéticos o de vehículos más recientes, permitiendo a estos monstruos del pasado resucitar varias veces.

Por ejemplo, Carmona explica haber cambiado hace cuatro años el motor original de su Chevrolet por uno a diésel BMW mucho menos consumidor que el antiguo, que rendía apenas seis kilómetros por litro.

Impresionado por la belleza y el estado de conservación de estos bólidos en una reciente visita a Cuba, el famoso arquitecto británico Norman Foster decidió consagrarles un libro, “Habana autos y arquitectura”, estableciendo una relación estrecha entre la historia de la isla y estos modelos.

Como ese Buick Super Dynaflow, comprado en 1951 por Rubén Hernández, hijo de un pobre inmigrante canario devenido en “mambí” (combatiente antiespañol durante la guerra de independencia), luego en gobernador y gran terrateniente.

En 1959, la Revolución de los “Barbudos” confiscó los bienes de la familia, que consiguió conservar el vehículo. Esta pieza de colección ahora es la única riqueza de su hijo menor William Hernández, que lo heredó en 1989.

Desde entonces, lo exhibe cada día al lado de otros bólidos de la época en las plazas frecuentadas por los turistas en La Habana. Por el equivalente a 25 dólares la hora, los que pueden dan un viaje en el tiempo… y fantasean durante el paseo en una época que pronto será pasado.

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