20 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

"Qué pasa", por Verónica Klingenberger

Reflexiones en torno a la red social del momento o hasta dónde llegará el “whatsappeo”.

"Qué pasa", por Verónica Klingenberger WhatsApp. (Foto: Shutterstock)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

1. Leo que pronto whatsapp ofrecerá sus servicios a empresas para que todos podamos acceder de manera directa y rápida a lo que “necesitamos”. También más personal. Ya no nos bastan los comentarios en los posts de Facebook del tipo “¿precio?”, ahora las conversaciones buscan ser privadas e inmediatas, aunque con la misma falta de elegancia. A través de ese nuevo servicio, muy parecido a lo que hacen apps como Diloo por ejemplo, uno será capaz de comprar un medicamento o un sofá sin necesidad de abrir la boca ni conectarse a webs que aún demandan un trámite engorroso. ¿Suena bien?

2. Hay algo que hoy se conoce como la ansiedad whatsappera. Todos la hemos experimentado en algún punto. Mandas un mensajito, ves que llegó, ves que la otra persona lo leyó, y aún así no llega la esperada respuesta. Nuestro cerebro tiende a pensar lo peor: “me dejó en visto” es una nueva expresión que tiene que ver con el choteo moderno. Lo que exige Whatsapp a diferencia de otros chats es un diálogo medianamente sostenido. Escribes, responden. Te escriben, respondes. Si no, la gente tiende a impacientarse. Y una cosa es mandar por un tubo a tus amigos o familiares, y otra muy distinta percatarte de que hace tres horas te escribió un cliente para pedirte un cambio importante.

3. ¿Quién aguanta un chat grupal más en WhatsApp? Eso de salir del cine y ver 340 mensajes puede desatar un surmenage por gusto. Cuando uno se pone a revisar lo que se dijo, 300 mensajes corresponden a gifs o emojis y el resto son jajajaja. ¿Y los grupos de trabajo? Siempre terminan siendo un gran caos donde nadie sabe qué decir o cuándo responder. Mis favoritos sin duda son los grupos que se formaron por algún evento en particular (tipo “Viaje Exalumnos” o “Navidad”) y que terminan transformados en una estupenda e inmortal excusa para perder el tiempo.

4. Felizmente tenemos los gifs. Hoy casi todo puede describirse con una buena y corta selección de imágenes en movimiento. ¿Llegará el día en que olvidemos cómo se escribe? ¿Cómo compite un adjetivo con un mono golpeando su teclado y lanzándolo al vacío? ¿O con un gato metiéndole un zarpazo a otro?

5. Cada medio reclama una velocidad de respuesta distinta. De la carta al telégrafo, del telégrafo al fax, y así sucesivamente hasta llegar al más exigente. Nadie traspasa la intimidad como el whatsapp. Hoy en día negociamos presupuestos mientras nos cortamos las uñas de los pies. Así de apuraditos andamos, con ese absurdo sentido de urgencia soplándonos la nuca aún cuando muy en el fondo sepamos que lo único importante sea seguir respirando.

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