22 de octubre de 2017

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'El problema es la arquitectura', por Jorge Sánchez Herrera

“Vuelvo a soñar con que algún día exista una columna de arquitectura en un diario popular de costo mínimo”.

'El problema es la arquitectura', por Jorge Sánchez Herrera La imagen es referencial. (Foto: USI).

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

Ayer comencé a leer un libro –Sobre la siempre incipiente y confusa crítica de arquitectura en el Perú– recientemente publicado por Israel Romero Álamo, joven arquitecto chimbotano. Es raro que los arquitectos escribamos, más raro aún que publiquemos libros.

Aunque espero dedicarle una columna cuando lo haya terminado, me quedé pegado en una frase del prólogo, de Elio Martuccelli: “(…) Le cuesta a la arquitectura ser reconocida como manifestación cultural de la sociedad peruana (…) vuelvo a soñar con que algún día exista una columna de arquitectura en un diario popular de costo mínimo”. Cuando escribí la primera de estas columnas en Publimetro, cerré diciendo: “(…) desde esta columna, les daremos un punto de vista sobre cuán importante es que volvamos a pensar en la arquitectura para tener mejores ciudades (…)”. Pero de las 35 columnas que ya llevo publicadas, en solo unas 4 o 5 me atreví a hablar de edificios, principalmente por dos razones.

Primero, porque los arquitectos sospechamos (¿o sabemos?) que la arquitectura no le interesa a nadie más. Y cada vez que he hablado con directores de medios de comunicación sobre la idea de tener una sección fija de arquitectura, me han confirmado la sospecha. Y segundo, porque yo mismo tiendo a caer en la idea de que la ciudad de Lima tiene problemas más urgentes que sus mediocres edificios nuevos, como el transporte, los espacios públicos, las políticas para el uso del suelo o nuestra increíble incapacidad de convivencia.

Existe incluso, entre nosotros mismos, una creciente corriente por relativizar el valor de la arquitectura. Como si centrarse en hacer buenos edificios, en el objeto arquitectónico en sí, conllevara a un desinterés urbano por defecto. Habla de lo que pasa del lote hacia afuera, del “espacio público”, y saldrás aplaudido. Habla de lo que pasa del lote hacia adentro, de la forma, y saldrás con tu plaquita de narciso.

Me cruzo cada semestre con alumnos muy preocupados por la ciudad, pero que van encaminados a la graduación con pocas ideas sobre cómo hacer buenos edificios. Y me preocupa. Porque es con arquitectura que se construye la ciudad. Es por la repetición de edificios que se configuran nuestras calles, nuestros parques y plazas, nuestros barrios. Si los arquitectos no estamos convencidos de la importancia de nuestra propia disciplina, ¿qué podemos esperar del resto?

Es verdad que Lima tiene problemas urgentes de, digamos, urbanismo. Pero los edificios que estamos construyendo y que están rehaciendo parte de la ciudad (llámense multifamiliares, oficinas o centros comerciales) son muy malos. En la medida en que la sociedad pueda diferenciar un “mal edificio” de uno bueno, podremos ser más exigentes y críticos con los espacios que diariamente habitamos. En mis próximas columnas, espero poder ir saldando esa deuda de la que habla Elio.

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