19 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

La pesadilla del 'Escuadrón 731' aún sigue viva

Han pasado décadas desde que el padre de Li Fengqin sufriera una horrible muerte cuando doctores japoneses le cortaron en dos, pero ella espera que Tokio se enfrente a uno de los episodios más brutales de la Segunda Guerra Mundial en Asia.

(Video: Neil Connor, Natalia Sanguino / AFPTV / AFP)

AFP. Un recuerdo de los horrores de la guerra. Li Penge era un joven trabajador ferroviario que sufrió una muerte agonizante a manos de doctores japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Fue cortado en dos sin anestesia.

Su hija, Li Fengqin, no había nacido cuando él fue llevado al Escuadrón 731, una base escondida utilizada para experimentar con humanos. Pese a los años, sigue pidiendo respuestas.

“Nací sin un padre. Esta deuda de sangre debe pagarla Japón”, señala Li Fengqin.

Instalado en el noreste de China por el ejército de ocupación japonés, el Escuadrón 731 se utilizaba para investigar la guerra bacteriológica, capacidades de armamento y límites del cuerpo humano.

Los doctores mantenían a ratas de un metro de largo para expandir plagas, porque luego se soltaban entre la población civil china.

Los presos eran congelados, ahogados o infectados con enfermedades fatales.

Tokio se ha disculpado repetidamente por su participación en la Segunda Guerra Mundial y reconoce que “causó tremendo daño y sufrimiento”, pero nunca ha reconocido oficialmente las atrocidades que se produjeron en la Unidad 731, para enfado de China.

“Deberíamos respetar la historia. Los hechos son hechos y no pueden ser cambiados ni fabricados”, señala Gao Yubao, director del museo sobre el Escuadrón.

El primer ministro japonés, el nacionalista Shinzo Abe, afirmó que prepara una nueva declaración sobre la guerra, molestando así a Pekín.

China pide a Tokio que “enfrente la historia”, mientras que los observadores afirman que el Partido Comunista del país busca legitimar su poder alimentando un sentimiento antijaponés. Y en ocasiones lo consigue.

“Lo que dicen está mal. Deberían hacer frente a la historia, pero creo que intentan escapar de ello”, considera Xin Rui, visitante del museo.

Tropas japonesas intentaron destrozar el campamento al huir del avance del Ejército Rojo soviético, pero no lo consiguieron, dejando así un testimonio real de uno de los episodios más brutales del siglo pasado.

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