25 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Periodismo de ficción [OPINIÓN]

“Siempre habrá excepciones, pero cuando uno revisa la mayoría de espacios televisivos y medios impresos, comprueba fácilmente que la información, la validación de datos, el análisis, la originalidad y las ideas son más gaseosos que el mismo Júpiter”.

Periodismo de ficción [OPINIÓN] (Foto: Shutterstock)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

El periodismo nacional se convirtió en noticia internacional gracias a los conductores de RPP Televisión, Mariella Patriau y Armando Canchanya. Ambos periodistas informaron al mundo sobre la histórica llegada del hombre a Júpiter luego de un viaje de cinco años. “Estas personas se separan de su familia años (…) sacrificar tu vida personal para viajar alrededor de planetas desconocidos durante seis, siete, ocho años en pro del conocimiento mundial es realmente una heroicidad. Eso no lo hace cualquiera”, dijo la primera con el mismo desparpajo con el que ahora declara que hay que tomarse las cosas deportivamente y reírse. Canchanya asintió y pasó a hablar de años luz y otros disparates.

La odisea de ambos personajes hacia el planeta Mongo no ha sido personal. En tan celebrada misión, patinaron directores y productores, todo un equipo periodístico que solo es reflejo de lo que pasa, desde hace tiempo, con el periodismo local. Claro, siempre habrá excepciones, pero cuando uno revisa la mayoría de espacios televisivos y medios impresos, comprueba fácilmente que la información, la validación de datos, el análisis, la originalidad y las ideas son más gaseosos que el mismo Júpiter. No pasa nada con el periodismo local desde hace muchísimo tiempo. Y la debacle tiene que ver con la falta de buenos editores, investigadores y redactores con vuelo y ganas de trabajar. ¿Qué pasó?

Pasa en otros ámbitos del sector privado: el abismo económico que hay entre el sueldo de directores y conductores con el del equipo que trabaja para ellos ha terminado afectando notablemente la gran mayoría de historias que se cuentan en el periodismo local. Sin buenos sueldos, no habrá nadie a cargo de producir buenos programas ni editar buenas publicaciones. Y eso se nota. Los sueldos considerables se concentran en cuatro gatos que, para colmo de males, parecen tener la misma flojera que Althaus. El equipo responsable de producir los contenidos y dirigir la línea editorial, ese grupo de gente a cargo de la investigación y que, luego de muchas reuniones editoriales, define una mirada original sobre cualquier tema (ya fueron las primicias), está conformado por periodistas a los que solo les interesa cumplir con su jornada y pasar por caja.

Desde el papelón de Patriau y Canchanya (quienes solo han atinado a tomárselo con buen humor –¡qué conchudos!– y presentar los mejores memes –hasta para eso son cortos de ideas–) podemos detectar algo muy simple: un conductor de noticias local ni siquiera es capaz de leer un artículo de El País (en inglés imagino que es mucho pedir) antes de sentarse a hablar ante una cámara de televisión. Cualquier medio serio del mundo prepararía a sus conductores con varias notas, enfoques, enlaces, contacto con personajes involucrados en la noticia, etc. Acá no. Acá, al parecer, basta con ser canchero y reírte de estupideces.

La ignorancia sobre un tema específico no es algo que deba avergonzar a nadie siempre y cuando tu trabajo no consista en tener que explicarle ese algo a millones de personas. Hay que volver a ser ambiciosos, responsables, rigurosos. Hay que volver a sentir vergüenza. Ojalá no estemos a años luz de eso.

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