21 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

(Opinión) Trabajo o qué

“A los practicantes se les paga con ‘prestigio’, no se pagan horas extras, no se aceptan reclamos”.

(Opinión) Trabajo o qué
(Foto: Perumixfastfood.com)

Por Verónica Klingenberger

Hace un par de meses, una amiga compartió una noticia en Facebook que llamó mi atención por dos motivos. El primero era la noticia en sí: en Gotemburgo, la segunda ciudad más importante de Suecia, se había puesto en marcha un experimento que podría cambiar la vida del trabajador sueco. Se dividió en dos grupos a los trabajadores públicos. Al primer grupo se le pidió que cumpla con la jornada de trabajo normal, de ocho horas, mientras al segundo se le redujo la jornada a seis horas. El sueldo para los trabajadores de ambos grupos seguiría siendo el mismo. El experimento, que tomará un año, busca comprobar si la diferencia de horas laborales altera en algo tres factores esenciales para el desarrollo de cualquier país: productividad, salud y felicidad.

¡Estos suecos son la tapa!, grité mentalmente, doblemente emocionada porque en ese entonces estaba en Estocolmo y no podía entender cómo estos sujetos pretendían ser aún más perfectos. Pero pronto mi sonrisa se convirtió en una mueca de disgusto. En la siempre peligrosa sección de comentarios, una pequeña pero válida muestra del empresariado limeño más conservador (o sea, el 99.9%) se las ingeniaba para llamar la atención de mi hígado: “que relajo”, “mejor que chambeen de sus casas”, “como si la plata creciera de los árboles”, “bajará la productividad”, “se encarecerá todo”, escribían con convencimiento ignorando que ese tipo de políticas no son aisladas. Empresas como Google, por ejemplo, implementaron nuevos sistemas de trabajo desde hace ya varios años. Sistemas radicales que potenciaron la creatividad y productividad de los trabajadores desafiando los horarios y otras obligaciones laborales tradicionales. Pero esa es otra historia aunque nadie me podrá decir que a Google le fue mal con la decisión. La que nos compete tiene que ver más con una desconfianza cultural hacia el ocio, y con la constante violación a los derechos laborales que se da en nuestro país gracias a esa gran institución que también le debemos a Fujimori: la informalidad.

Las recientes denuncias de trabajadores en el rubro gastronómico son una muestra de ello. Y resultan doblemente vergonzosas al referirse a uno de los ramos más rentables del medio. Ya sabemos la historia: a los practicantes se les paga con “prestigio”, la jornada de trabajo se extiende en algunos casos hasta 15 horas, no se pagan horas extras, no se aceptan reclamos. Muchos trabajadores solo descansan un día a la semana y ganan alrededor de 1,500 soles incluyendo propinas, en el mejor de los casos. Claro, todo eso ocurre en un mercado donde hay 15 mil egresados de las escuelas de cocina al año y los contratos en restaurantes no llegan ni a mil.

Pero el verdadero escándalo está en la respuesta de sus empleadores, algunos de los cocineros más celebrados del Perú. Ellos parecen no entender bien lo que se reclama o eso quiero creer. Tal vez sería buena idea que se alejen un rato de las ollas y googleen “derechos laborales”. ¿En serio son tan caraduras? O es que la informalidad ya es parte de nuestro ADN y no entienden que lo que defienden está mal y no deberían cuestionar un justo reclamo con ese floro misio de que “así es este negocio, yo pasé lo mismo” o “si quieres trabajar ocho horas estudia otra cosa”. ¿No deberían ellos combatir ese sistema laboral abusivo? ¿No era que aman al Perú y quieren que este país sea cada día un mejor lugar? Bueno pues, entonces debemos regular las condiciones mínimas para hacer que todo trabajo sea digno, con sueldos decentes, horas extras pagadas, vacaciones, descanso y seguro. Ya una vez que consigamos eso, tal vez podríamos intentar hacernos los suecos. Quien sabe y hasta descubramos que la productividad no es recíprocamente proporcional al tiempo que pases calentando un asiento en una oficina cualquiera.

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