18 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

(Opinión) It's Evolution, Baby

“Ellas, a diferencia de ellos, en este caso y en casi todos, son víctimas de una larga cultura machista a la que cada día más mujeres y hombres peruanos y de todo el mundo queremos ponerle el pare”.

(Opinión) It's Evolution, Baby (Foto: Taringa)

Por Verónica Klingenberger

Muchos hombres peruanos piensan y se comportan como cavernícolas. Aun así, gobiernan el país, dirigen empresas, editan diarios y escriben columnas de opinión. Por lo general son organismos primarios y egoístas, de vientres generosos y cerebros estrechos. Esos hombres peruanos, hay que decirlo, comparten su vida con mujeres que también piensan y se comportan como trogloditas. Pero ellas, a diferencia de ellos, en este caso y en casi todos, son víctimas de una larga cultura machista a la que cada día más mujeres y hombres peruanos y de todo el mundo queremos ponerle el pare.

Uno de esos hombres/cavernícola publicó hace dos días una columna que expone ideas hilarantes sobre la evolución humana y sobre la naturaleza y rol de los humanos de acuerdo a su género. Según este espécimen, los hábitos alimenticios de hombres y mujeres se distinguen por razones que tienen que ver con nuestra herencia genética. Mientras ellos disfrutan de raciones generosas de comida, donde la carne es predominante, las mujeres nos deleitaríamos con “un lienzo con lechugas y betarragas que cubra la nada del plato” (lo siento, así escribe). Dos preguntas se me vienen a la mente: ¿Dónde está el editor? ¿Cuál es el IQ mínimo necesario para escribir en el diario Exitosa?

Algunos se preguntarán por qué hacerle caso a lo que pasaré a denominar el pensamiento mongo. La primera respuesta es por diversión. El texto del carcaman termina convirtiéndose en un entretenido ejercicio de humor involuntario. Pero la sonrisa reflejo se transforma rápidamente en una mueca rabiosa, sobre todo después de leer las decenas de comentarios de otros lectores que lo celebran. Una parte de su texto dice (créelo): “Para el hombre, la alimentación es combustible para trabajar y producir para la familia. Para la mujer, la alimentación debe ser lo suficiente para no enfermarse, cumplir su rol de madre, esposa, profesional; y seguir siendo bellas para su pareja”. Sí, dan ganas de comerse una whopper doble con queso, tocino y huevo solo para después eructarle en la cara. El siguiente párrafo es aún peor y en él expone que 10 mil años de evolución no han podido cambiar algo tan elemental como lo siguiente: “Los hombres seguimos siendo los cazadores (por ello nuestro mejor sistema de orientación) y la mujer nos “espera en la cueva criando a nuestros hijos”. Ya saben chicas, a la cueva, con los niños, a comer ensaladitas para mantenernos regias y esperar a nuestros robustos cazadores que llegarán hambrientos y cansados.

Ew. Sorry pero paso. Y como yo, millones de mujeres. Y aquí viene la razón fundamental por la que no podemos dejar inmune el pensamiento mongo. Estos individuos no solo son un pésimo ejemplo de la evolución humana (de la cual parecen no saber ni entender nada). Lo más grave es que al darles tribuna, o al pasar por alto sus discursos misóginos o meramente ignorantes, les damos permiso para que contribuyan a fortalecer una sociedad en la que las mujeres aún tenemos que hacer malabares para que se nos escuche con la misma atención que a los hombres o se nos dé el mismo crédito por lo que hacemos.

No tengo ningún problema con quedarme en la cueva porque mi cueva es la tapa y porque veo Netflix y hago todo lo que me gusta hacer, que no es precisamente criar hijos ni comer legumbres. Pero todo mejoraría muchísimo si desde la entrada de mi guarida, sentada cómodamente en mi sofá de pieles de mamut y con una suculenta pata asada de jabalí en la mano, viera como un T Rex hembra aplasta, con una enorme y pestilente pezuña, a todos esos machos que se respetan por comportarse como gorilas. Plaf, plaf, uno por uno.

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