24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

(Opinión) Las drogas listas

“Un artículo publicado en The Guardian el domingo pasado pone en evidencia las llamadas ‘smart drugs’ y su uso masivo en la mayoría de universidades británicas y estadounidenses”.

(Opinión) Las drogas listas (Foto: Wakeupnews.eu)

Finales. El estrés puede sentirse en el aire. La universidad nunca ha sido tan dura y competitiva como lo es ahora. Cada nota es un peldaño más en una subida vertiginosa hasta ese bien tan codiciado y escaso llamado empleo. En estos tiempos, y en las mejores universidades del mundo –no me refiero a los mamarrachos que se crean acá cada dos meses estafando a miles de jóvenes peruanos–, la rivalidad para conseguir un buen puesto de trabajo es durísima. Y la exigencia académica debe poner en práctica rigurosos sistemas de evaluación. Ensayos, ponencias, debates y exámenes. Todo ello sumado a la vida social de cualquier chico o chica en sus veintes. Agotador por decir lo menos. ¿Qué pueden hacer los chicos de hoy? ¿Cómo ganar tiempo en un mundo cada vez más rápido?

Aunque no lo creas la respuesta más común son las drogas. Pero no las que imaginas. O no solo esas. Un artículo publicado en The Guardian el domingo pasado pone en evidencia las llamadas “smart drugs” y su uso masivo en la mayoría de universidades británicas y estadounidenses. La nota está llena de testimonios de estudiantes y lejos de tener un tono moralizante, el periodista se plantea preguntas que aún no tienen respuesta, como cuáles son los daños a corto, mediano y largo plazo. Los efectos de las drogas, como suele pasar con cualquier tipo de estimulante, varían según quien las tome porque ningún cerebro o sistema nervioso es exactamente igual al otro. Hay chicos que aseguran que ir a la biblioteca nunca fue más divertido, que pueden leer durante siete horas sin necesidad de comer o descansar, o que incluso son capaces de hacer deporte después de todo eso. Otros no la pasan tan bien: sufren pequeños ataques de ansiedad o descubren que todo lo que escribieron en ese interminable ensayo no era tan genial como creían. Finalmente hay quienes confiesan sentir ya los estragos de la adicción, taquicardia y mareos a la orden del día si es que no se toma alguna de las pastillas de moda: Modafinil, Ritalin, Adderall y Dexedrine, todos medicamentos aprobados para el tratamiento del trastorno por déficit de atención (ADD) y narcolepsia.

Alguna vez comprobé los efectos del Ritalin. Fue por lo menos hace 15 años. No estoy segura del efecto que me provocó y tampoco estoy convencida de padecer ese trastorno. Pero esa tarde logré enfocarme y trabajar mucho más rápido de lo habitual. No hubo visitas esporádicas a la refri ni al MSN (eran esos tiempos). No sé bien si el efecto, que se dio en medio de los juegos y alaridos de mis sobrinos, se debió a mi convicción (es decir, la droga funcionó como placebo) o si realmente algunos cables se alinearon en mi cerebro. Lo que sé es que esa tarde escribí alrededor de 200 mensajes para unas galletas de la suerte digitales a disposición de miles de adolescentes. Y todo en el lapso de un par de horas. Al mundo no pudo importarle menos mi hazaña, pero para mí fue un alivio y una sorpresa.

Aún así, y aunque a veces pienso en eso, nunca más volví a tomar Ritalin. Como a muchos, me cuesta concentrarme, me angustio cuando los pendientes se acumulan y me estreso casi por cualquier cosa. ¿Qué pasaría si aún fuera estudiante? ¿Estaría en clara desventaja frente a esa horda de chiquillos acelerados gracias a nuevas formas de anfetaminas? Es posible. Pero hay otras maneras de mejorar nuestro rendimiento intelectual. Y aunque nos parezca increíble, muchos doctores coinciden en que el deporte es uno de los mejores potenciadores cognitivos que hay. Otra opción es imponerle a nuestro pequeño mundo otro ritmo. Estar alertas, no apurados.

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