23 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

(Opinión) La distribución de la riqueza en Chile es un gran desafío

Chile está entre las naciones más desiguales del mundo. El 1% de la élite es dueña de más del 30% de toda la riqueza y solo cuatro familias controlan más del 50% del mercado de valores.

(Opinión) La distribución de la riqueza en Chile es un gran desafío (Foto: AFP)

Por: David Trads

La primera vez que supe de Iván Fuentes, un pescador de Aysén, región al sur de Chile, inmediatamente reconocí a un activista político con un gran potencial.

Él orquestó grandes manifestaciones en febrero del 2012 que duraron más de un mes y que terminaron con la salida del entonces ministro de Energía Rodrigo Álvarez. Con sus pedidos por mejores cuotas para los pescadores y educación gratuita para sus hijos, Fuentes tocó una fibra sensible de miles de sus compatriotas.

A menudo, Chile es considerada una lumbrera con respecto al resto de América Latina, debido a su alto crecimiento y su bajo desempleo. Sin embargo, hay un gran desafío en su exitosa historia: una desigual distribución de la riqueza.

“Hay unos pocos que hacen mucho, y muchos que no hacen nada. Eso da rabia”, dijo Fuentes la semana pasada cuando promovía su candidatura para el Congreso chileno. La entrevista se la concedió a Al-Jazeera, un canal internacional árabe, mientras intentaba enfatizar su tema de campaña: una distribución más justa de la riqueza de su país.

Un estudio reciente de la Universidad de Chile documenta lo que todos sabemos desde hace un tiempo: Chile está entre las naciones más desiguales del mundo. El 1% de la élite es dueña de más del 30% de toda la riqueza. Solo cuatro familias controlan más del 50% del mercado de valores. La élite más acomodada está cerca de monopolizar las industrias más importantes, como la minería, las farmacéuticas, la energía, la banca, los medios de comunicación y el comercio de retail.

La versión de la economía de mercado introducida por los llamados ‘Chicago Boys’ (llamados así porque los economistas destacados durante la era Pinochet eran educados por Milton Friedman en la Universidad de Chicago) es responsable tanto de la excepcional economía del país como de la distribución inequitativa en el desarrollo. A diferencia de otras naciones latinoamericanas, Chile se ha dedicado a crecer sin parar, tanto que ahora es igual de rico que algunos países del sur de Europa.

La otra cara de la moneda del Chile de hoy (al igual que la de unas pocas naciones africanas pobres) es estar entre los peores del mundo cuando se habla de repartición de la riqueza.

Óscar Guerrero, otro pescador de Aysén, se quejaba ante Al-Jazeera sobre la presión que ejercen las grandes industrias y que dificultan su supervivencia. “Solo podemos venderle pescado a esos empresarios, pero nos pagan tan poco que ni siquiera se cubren los gastos de gasolina de nuestros botes. Ellos tienen unas embarcaciones gigantes que revuelven el agua, así que hay menos peces en la costa”, dijo el pescador, pintando de cuerpo entero la situación que padecen.

Luis Infanti, el obispo de la región, es un vocero de la oposición a la concentración de la riqueza, y culpa a los legisladores: “El problema no es la gente que compra, sino quienes permiten que ellos sigan comprando cada vez más cosas y que así el país sea propiedad de unas pocas familias”.

Sebastián Piñera, el saliente presidente chileno, ha luchado con problemas similares desde hace varios años. Ha encarado duras demostraciones, no solo como las de Aysén en el sur, sino también muchas y muy frecuentes lideradas por los estudiantes en las principales ciudades, incluida Santiago.

Las exigencias son siempre las mismas: una distribución equitativa del dinero. Tras las elecciones de ayer, la nueva mandataria afrontará el mismo desafío, mientras que un grupo mayoritario en la clase baja y media ve cómo unos pocos acaparan los beneficios del progreso.

Pero Chile no es el único. Durante estos últimos años, países con un buen crecimiento han padecido lo mismo. En Brasil, por ejemplo, cientos de millones tomaron las calles en junio, durante la Copa Confederaciones, quejándose sobre las mismas temáticas que los chilenos. El mayor riesgo para los gobiernos de América Latina es obvio: si no reparten la riqueza, su población seguirá saliendo a protestar.

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