16 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

(Opinión) Citizen Ruth

“Ambos bandos intentan convertir la decisión de Ruth en un mensaje patrocinado dirigido a millones de mujeres indecisas sobre sus respectivos embarazos”.

(Opinión) Citizen Ruth

Por: Verónica Klingenberger

Ruth Stoops es una alcohólica que ha sido arrestada 16 veces por inhalar latas de aerosol en la calle. Tiene cuatro hijos a los cuales no puede acercarse por haber sido catalogada como “madre no apta”. Tampoco puede acercarse a su hermano, el único familiar que sabemos que tiene, quien cansado de su adicción e irresponsable comportamiento, le niega cualquier tipo de contacto. Ruth acaba de descubrir que está nuevamente embarazada. Lo descubrió en prisión, luego de ser arrestada en un estacionamiento por drogarse en público, y ser encarcelada por un juez que consideró que su comportamiento reincidente era una amenaza criminal hacia su feto. Ruth es la protagonista de una comedia.

Dirigida por Alexander Payne, el aclamado director estadounidense que nos visitara hace poco para el Festival de Lima, “Citizen Ruth” es una sátira de 106 minutos sobre la batalla ideológica que se vive en EEUU en relación al aborto. Lejos de ser el típico alegato solemne, melodramático y moralista, Payne se ríe con desfachatez de ambos lados del frente y puedo garantizar que hubo picones por igual, liberales y conservadores. En el mundo de Ruth, los activistas pro-life y pro-choice son caricaturas prefabricadas a partir de slogans e ideologías con una fuerte carga de fanatismo. Ambos bandos intentan convertir la decisión de Ruth en un mensaje patrocinado dirigido a millones de mujeres indecisas sobre sus respectivos embarazos. Pero en medio del exaltado enfrentamiento todos pierden de vista a Ruth.

Hay un grave mensaje que se trasluce de la sátira de Payne, estrenada en 1996 –y a la cual tuve acceso gracias a la buena visión de un comerciante local que ya cuenta con las principales películas del festival, y con material extra de algunos de los directores que lo protagonizaron–. Y ese mensaje es que en las guerras ideológicas –como esta del aborto, pero en realidad en todas las demás– es muy fácil perder de vista al individuo, con todos esos pequeños rasgos de su incompetencia y también de su talento. ¿Puede haber un entendimiento real cuando se pierden de vista los matices? ¿Qué se esconde detrás de esos bloques ideológicos intransigentes, que en muchos casos terminan convertidos en credos? Ruth aprendió que nada bueno. En un mundo cada vez más polarizado, las posturas y opiniones radicales solo logran generar cada vez más sospechas. Y más distancia.

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