18 de agosto de 2018

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Redacción Publimetro |

'La ola verde', por Verónica Klingenberger

“El aborto no va a aumentar ni disminuir debido a una ley. Pero la salud y la vida de las mujeres que decidan interrumpir su embarazo será monitoreada y protegida”.

'La ola verde', por Verónica Klingenberger Mientras el Senado debatía el proyecto de legalización del aborto, grupos a favor de la ley marchaban en las calles (Foto: AFP)

Por Verónica Klingenberger
PERIODISTA
@vklingenberger

No hay necesidad de discutir con cada persona que piense distinto para que un país avance. Los países más desarrollados también tienen muchas disputas detrás, y avanzaron a pesar de los muchos malentendidos que nunca llegaron a buen puerto. Tampoco es que haya malos y buenos, simplemente dos formas de ver el mundo, cada una justificada en su propia moral y sistema de valores. Pero los conservadores, tarde o temprano, van a tener que ceder en temas como el aborto y el matrimonio gay. El argumento es solo uno: la libertad. Y en eso cada vez coinciden más jóvenes de todo el mundo. Al final, el futuro será solo de ellos.

Mientras escribo esto, el Senado argentino debate el proyecto para despenalizar y legalizar la interrupción voluntaria de un embarazo (luego de la aprobación que obtuvo de la Cámara de Diputados). Los pronósticos no son muy optimistas para los que defendemos los derechos de la mujer. Pero a medianoche podría ocurrir cualquier cosa y espero que cuando se publique esta columna, Argentina ya se haya convertido en el tercer país de América Latina, después de Cuba y Uruguay, en dar ese paso adelante.

Hace unos días, la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, hizo una declaración que sacó chispas entre los liberales. Hablo de la gestación como “un don extraordinario que la vida le dio a las mujeres” y dijo cosas como que si no te da para criarlo porque no quieres o no puedes, siempre está la opción de darlo en adopción y alegrar a otros. Le respondió nada menos que Margaret Atwood, la escritora canadiense más conocida del momento gracias al éxito televisivo de su novela “El cuento de la criada”: “A nadie le gusta el aborto, incluso cuando es seguro y legal. No es lo que ninguna mujer elegiría para festejar un sábado por la noche. Pero a nadie le gusta tampoco que las mujeres sangren hasta la muerte en un baño por un aborto ilegal. ¿Qué hacer?”.

La pregunta es crucial. El aborto no va a aumentar ni disminuir debido a una ley. Pero la salud y la vida de las mujeres que decidan interrumpir su embarazo será monitoreada y protegida. Atwood también hacía otra pregunta terrible en el ensayo que envió al diario UNO Santa Fe: “A lo mejor una manera diferente de acercarse a la respuesta sería preguntar, ¿en qué clase de país querés vivir? ¿En uno en el que cada individuo es libre de tomar decisiones concernientes a la salud y el cuerpo de ella o él, o en uno en el que la mitad de la población es libre y la otra mitad es esclavizada?”.

El dogma religioso promueve más la empatía hacia un embrión que hacia la mujer y desde fuera queda claro que su lucha es política y de supervivencia como institución. Si sabemos que es imposible doblegar cualquier convicción dogmática o ideológica, no perdamos tiempo ni saliva por ahí. La decisión que tiene en sus manos el Senado argentino debería ser consecuente con un problema real que le compete a miles de ciudadanos nacidos en ese país. Si se aprueba la ley, nadie forzará a ninguna mujer a interrumpir un embarazo no deseado. Pero si no se aprueba, son miles las mujeres que tampoco dejarán que las fuercen a tener un parto que no quieren. Y muchas de ellas seguirán muriendo en la clandestinidad. ¿Decidiremos ver las cosas como son y adaptar el sistema hacia el mejor resultado posible? O seguiremos escondiendo bajo la alfombra el sufrimiento y la sangre de miles de seres humanos con la excusa de defender la vida.

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