17 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

'El mecanismo', por Verónica Klingenberger

“La verdad, aunque asuste, es que todos estamos en la capacidad de ser corruptos si tenemos la oportunidad de serlo en un sistema que, además, promueve eso”.

'El mecanismo', por Verónica Klingenberger Audios del CNM revelados por IDL-Reporteros evidencian la corrupción en el sistema judicial (Foto: Captura)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
PERIODISTA
@vklingenberger

El nivel de corrupción y testarudez de los involucrados en el caso Lava Juez ha tocado techo. Lo que queda, si queremos que nuestro país empiece a rehabilitarse, es salir a la calle y recordarle a los funcionarios públicos quién les paga y qué queremos. También dejarles claro que no están tratando con ciudadanos que solo saben unirse cuando Perú juega un partido de fútbol.

Ahora, ¿qué viene después de la protesta? ¿Qué vamos a exigir?

Además de ejercer presión, hay que mirar hacia atrás y hacia los lados. No somos el único país corrupto del mundo, y obviamente tampoco estamos ante algo nuevo ni necesariamente peor a lo que ya hemos visto en otros momentos de nuestra historia.

Una pregunta que se distingue entre tanto ruido es: ¿está la solución en las personas o en el sistema? Muchos creen que si intercambiamos a los funcionarios corruptos por decentes las cosas marcharán mejor. Pero la historia nos ha enseñado, y en todas partes del mundo, que así no funciona el ser humano. Son los sistemas los que inducen el comportamiento de las personas. ¿Y cómo creamos sistemas que nos hagan menos propensos a la corrupción? ¿Y cómo nos deshacemos de aquellos sistemas creados con la mejor intención pero que resultaron siendo un fracaso, como es el caso mismo de la intervención civil en el Consejo Nacional de la Magistratura?

Pensar en combatir la impunidad no basta. Se puede castigar a quien ya cometió el delito o la falta, pero ¿cómo evitamos que eso ocurra de nuevo? ¿Y realmente creemos que la solución está en llenar las cárceles a tope? ¿Más allá del castigo, alguien puede salir rehabilitado de ahí? Yendo más lejos, cabría también preguntarse hasta qué punto el ser humano es libre de elegir lo mejor para él y la sociedad. La verdad, aunque asuste, es que todos estamos en la capacidad de ser corruptos si tenemos la oportunidad de serlo en un sistema que, además, promueve eso.

Muchos mitos deben empezar a caer para tomar medidas muy técnicas que empiecen a cambiar el sistema, mejorándolo y modernizándolo todo el tiempo.

Una de las medidas de mayor éxito en países que se han sacudido en gran medida de la corrupción ha sido la transparencia. Ser transparentes significa hacer que los procesos burocráticos sean más sencillos. Que todos seamos capaces de entender una orden judicial sin la ayuda de un abogado. O que todos podamos declarar nuestros impuestos sin tener que contratar a un contador. Como ciudadanos deberíamos demandar un sistema claro y accesible para todos, uno en el cual la mafia no se esconda en el oscurantismo burocrático y nos domine, precisamente, valiéndose de él. Los procesos deberían ser sencillos y tener un lenguaje claro. ¿Por qué son tan complicados? Precisamente para promover la corrupción.

Mayor transparencia significa también mayor vigilancia. La digitalización y modernización del Estado es crucial. Las páginas web de todas sus instituciones deberían ser similares, intuitivas, sencillas y organizadas. La burocracia oscurece los procesos para alentar la corrupción y esconder el delito. Y mientras menos entendamos, menos poder tendremos. Ahí hay algo por lo que podemos marchar hoy.

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