21 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Manuel González Prada y la vigencia de su pensamiento

A cien años de la muerte de este destacado intelectual y escritor, su crudo diagnóstico de la sociedad peruana del siglo XIX cobra una sorprendente actualidad ante la crisis que vivimos.

Manuel González Prada y la vigencia de su pensamiento Manuel González Prada en 1905. Entre sus ensayos destacan Pájinas libres, Horas de lucha y Anarquía (Foto: Biblioteca Nacional)

Este domingo se cumplieron cien años de la muerte de Manuel González Prada (1844- 1918) –uno de los intelectuales más destacados de nuestra historia– y las duras críticas a la clase dirigente de su época no han perdido vigencia, pese a las décadas transcurridas.

Fue una figura siempre a contracorriente. Habiéndose criado en una familia aristocrática y muy religiosa, se convirtió en uno de los primeros pensadores que enfiló sus críticas al poder político de la joven república, a la Iglesia Católica y a la exclusión del indio de la idea de nación.

González Prada nació en Lima el 5 de enero de 1844. Siguió estudios en el Seminario de Santo Toribio y en el Convictorio de San Carlos, pero su formación fue, básicamente, autodidacta. En 1881 se alistó como combatiente para defender Lima ante la invasión de las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico. Tomada la ciudad, es conocida su decisión de no salir de casa, en protesta, durante los casi tres años que duró la ocupación.

Según señala el sociólogo Gonzalo Portocarrero, González Prada pasa primero por la literatura y luego a la política, motivado por su enorme decepción tras la derrota peruana en la Guera del Pacífico. Entre sus obras se encuentra importantes ensayos como Pájinas libres, Horas de lucha o Anarquía, además de poemarios como Minúsculas, Presbiterianas o Exóticas.

En marzo de 1912 fue designado director de la Biblioteca Nacional, en reemplazo de Ricardo Palma. Ocupó este cargo hasta que renunció en febrero de 1914, en protesta por el golpe de Estado de Óscar R. Benavides. Un año después fue repuesto en el cargo por el presidente constitucional José Pardo.

En sus últimos años viró al anarquismo, apoyando la organización de una clase trabajadora. Su influencia fue tomada por ideólogos como Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui o Luis E. Valcárcel. A la luz de la coyuntura actual, seguramente los escándalos de corrupción que envuelven a nuestro sistema de justicia no lo hubieran sorprendido. Resulta, lamentablemente sintomático, que sus análisis sobre el Perú de hace más de cien años parecieran escritos en la actualidad.

Sin embargo, González Prada era también un idealista, alguien esperanzado en la capacidad transformadora de la juventud. Es así que la vigencia de su pensamiento la podemos ver también en la indignación y en las movilizaciones ciudadanas, que responden a su llamado en el Discurso del Politeama: ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!

Esperanza en la juventud

JORGE VALDEZ MORGAN: Historiador y docente de la PUCP

Uno de los temas principales en los ensayos de González Prada es el de la corrupción. Esa preocupación se debe en parte a la época que vivió. El Perú estaba en crisis luego de la Guerra del Pacífico, y, en ese contexto, él hizo denuncias muy fuertes sobre este mal. Su obra puede analizarse perfectamente desde el presente porque el país, en general, no ha cambiado mucho en varios de los puntos que él criticaba.

De otro lado, él veía en la juventud una esperanza purificadora. De estar vivo, creo que tendría sentimientos encontrados, pues esa juventud no ha transformado mucho al país. Pero al ver la capacidad de movilización desde las redes sociales, su esperanza se habría mantenido.

Severo crítico del ‘establishment’

CRISTÓBAL ALJOVÍN DE LOSADA: Historiador y doctor en Filosofía por la Universidad de Chicago

González Prada desarrolla una forma de pensar al Perú desde una perspectiva muy dura contra el establishment. En la actualidad, seguramente sería un severo crítico del funcionamiento del Estado, de la crisis de corrupción en el Poder Judicial y también de cómo la Iglesia Católica y, sobre todo las otras iglesias cristianas, interfieren de forma tan fuerte en la política.

Tanto en su faceta positivista como en su faceta anarquista, él tiene una posición muy dura contra la Iglesia. Creo que su mayor aporte es, precisamente, esa postura crítica ante las instituciones y estructuras de poder. Es, definitivamente, uno de los pensadores peruanos más influyentes del siglo XX.

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