21 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Kepler-78b, una Tierra infernal que interesa a los astrónomos

El exoplaneta es el más similar a la Tierra en masa y tamaño, pero su temperatura lo hace inhabitable para la vida humana.

Kepler-78b, una Tierra infernal que interesa a los astrónomos (Foto: NASA)

(AFP). Kepler-78b es ciertamente un infierno con sus temperaturas que oscilan entre 1 500 y 3 000 °C, pero tiene para los astrónomos el particular interés de poseer un tamaño y una composición muy parecidas a las de nuestro planeta.

Dicho de otra manera, este casi hermano gemelo de nuestro planeta nunca será habitable por el ser humano, pero alienta la esperanza de poder algún día hallar una “Tierra bis” entre los miles de millones de exoplanetas presentes en nuestra galaxia.

Lanzado en 2009 por la NASA, el telescopio espacial Kepler descubrió durante su misión varios miles de candidatos posibles entre los planetas telúricos, es decir rocosos.

Sin embargo, aunque resulte relativamente fácil de determinar su tamaño, resulta mucho más complicado conocer sus características.

Kepler-78b es una excepción a esa regla, porque se encuentra en órbita muy cerca de su sol (de ahí su temperatura infernal) alrededor del cual realiza una vuelta completa en sólo ocho horas y media.

Esa particularidad permitió a dos equipos distintos de astrónomos observar el exoplaneta y calcular su masa, comprendida entre 1,69 y 1,86 veces la de la Tierra, según los estudios publicados el miércoles por la revista Nature.

Ello le da una densidad casi idéntica a la de la Tierra, es decir unos 5,5 gramos por centímetro cúbico.

Esa densidad indica que Kepler-78b, al igual que nuestro planeta, está probablemente integrado por rocas de hierro.

Aunque en el estado actual de nuestros conocimientos no haya ninguna posibilidad de que haya vida alguna en su superficie, “Kepler-78b constituye un signo alentador para la búsqueda de mundos habitables fuera de nuestro sistema solar”, resumió Drake Deming, astrónomo de la Universidad norteamericana de Maryland, en un comentario separado publicado por Nature.

Según el astrónomo, la existencia de este planeta hostil “tiene al menos el mérito de mostrar que planetas extrasolares con una constitución similar a la de la Tierra no constituyen un hecho extraordinario” en la Vía Láctea y que es posible hallar algunas con criterios más compatibles con alguna forma de vida.

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