20 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

'El karma de la horrible', por Verónica Klingenberger

“Lima es compleja e intentar entenderla podría ser una trampa sin salida. Pero ¿en qué podemos coincidir la mayoría de limeños? En que los políticos nos han fallado de nuevo”.

'El karma de la horrible', por Verónica Klingenberger La imagen es refencial. (Foto: USI)

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

“Lima se ha vuelto una urbe donde dos millones de personas se dan de manotazos, en medio de bocinas, radios salvajes, congestiones humanas y otras demencias contemporáneas, para pervivir”. La frase la escribió Sebastián Salazar Bondy ¡en 1964! Hoy somos ocho millones más de limeños. La conversión del caos debería ser un ejercicio fácil.

El ensayo de Salazar Bondy, cuyo título se hizo cruelmente popular (“Lima la horrible”) renegaba de esa falsa idealización de la Lima tradicional (qué Ciudad de los Reyes ni que ocho cuartos) y señalaba ese orden de rígidas castas y privilegios de fortuna de unos cuantos sobre la mayoría. La denuncia también apuntaba a la viveza criolla, tan común en su clase política y parte del mismo círculo vicioso. Qué vigente está esta colérica sentencia que aseguraba que en nuestra ciudad “todo es obra de la improvisación y la malicia”.

Pero Lima no tendría por qué seguir siendo horrible. De hecho, me animo a pensar que si Salazar Bondy pudiera verla ahora sentiría un optimismo moderado. La ciudad es más democrática gracias al desarrollo económico, aunque siga siendo más clasista que otras capitales latinoamericanas y más caótica y achorada debido al mismo motivo.

La idea del espacio público empieza a calar de a pocos, sobre todo en los distritos más ricos (no hay espacio público sin seguridad), pero la idea de comunidad es mucho más honesta en los barrios más pobres de la capital. Techar una casa, por ejemplo, es una actividad que convoca a muchos vecinos porque el favor será correspondido y porque luego de la faena hay cervezas y comida y una vida que se comparte.

Lima es compleja e intentar entenderla podría ser una trampa sin salida. Pero ¿en qué podemos coincidir la mayoría de limeños? En que los políticos nos han fallado de nuevo. Y en que Luis Castañeda es quien representa lo peor de ellos. De algo sirvió tanta destrucción. También coincidimos en dos problemas fundamentales: la inseguridad ciudadana (más del 80% de limeños cree que esta debería ser la principal preocupación del próximo alcalde) y el transporte público (los limeños perdemos casi el 25% de nuestro sueldo y alrededor de dos horas y media al día en movernos de un lugar a otro). Luego vienen la contaminación, la falta de cultura ciudadana, la ausencia de árboles y áreas verdes, etc.

Lamentablemente, la falta de agua potable y la crisis que nos espera en este aspecto aún no es prioridad, a pesar de que Lima es la segunda ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto. La primera es El Cairo, con un río como el Nilo que cubre el 80% de la demanda de agua potable.

Los candidatos a la alcaldía buscarán convencernos con promesas de obras y datos estadísticos. Uno que otro dará señales de tener una idea más elaborada de ciudad y citarán políticas exitosas implementadas en ciudades como Santiago, Medellín o Barcelona. Probablemente Manuel Velarde sea el que más convence, pero no sabemos si tendrá la maña ni visión política que se necesita para sobrevivir a una campaña.

Nuestra ciudad necesita un plan a largo plazo y el compromiso de muchas gestiones para poder dejar de ser ese horrible cliché del sube sube y el pasa pasa, del humo, el asalto, el concreto y el solo rogar llegar a casa lo antes posible.

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