17 de noviembre de 2018
Redacción Publimetro |

Internet para los pobres, ¿caridad o buen negocio?

Conectividad para todos. Los proyectos para llevar Internet a las personas más pobres del mundo parecen una acción humanitaria a gran escala, pero algunos críticos los describen como el movimiento de negocios del siglo.

Internet para los pobres, ¿caridad o buen negocio? (Foto: AFP)

Metro World News. Empresarios adinerados y firmas de tecnología como Facebook, Google y Virgin tratan de promover planes para ofrecer Internet de bajo costo para los más pobres del mundo. La mayoría de los proyectos están apostando por el uso de satélites, aviones no tripulados y cables, pero todos están buscando ampliar los niveles de conectividad en todo el mundo bajo la premisa de que el acceso a Internet es un derecho humano.

De acuerdo con un nuevo informe de Deloitte, de los siete mil millones de habitantes del mundo, solo 2.700 millones tienen acceso a Internet. Los “desconectados” son típicamente las poblaciones más pobres y desfavorecidas del mundo. El estudio sugiere que la ampliación del acceso a Internet en las economías en desarrollo podría generar más de 140 millones de nuevos puestos de trabajo.

Este tipo de estadísticas han inspirado a startups como Outernet a llevar la conectividad a través del planeta. “La información es una de las muchas herramientas que la gente puede usar para cambiar el mundo. Outernet es una nueva forma de ayudar a garantizar que todos tengan acceso a información básica”, dice Thane Richard, director de operaciones y director de Outernet, que planea ofrecer acceso gratuito a contenidos web a través de satélites geoestacionarios y de órbita terrestre baja.

Sin embargo, actualmente la mayoría de los proyectos de difusión de Internet entre los pobres se encuentran aún en etapa de planificación. Facebook es la única empresa importante que ya opera un sistema que ofrece Internet para los pobres. El proyecto Internet.org, liderado por el gigante de las redes sociales, ya está funcionando en países como Zambia, India, Tanzania, Kenia, Colombia y Ghana a través de una aplicación para smartphones que ofrece Internet para los usuarios de escasos recursos. Internet.org también está explorando una variedad de tecnologías, incluyendo aviones, satélites y láser para hacer el acceso a Internet asequible.

Los primeros usuarios de la aplicación Internet.org dicen que están muy satisfechos, pues la presencia de Internet en sus vidas les ha dado acceso a una mayor cantidad de información, lo que a su vez les ha ayudado a mejorar su negocio e incluso cambiar sus estilos de vida. “Internet.org es una verdadera ayuda para mí, creo que cambió mi vida”, dice Alice, una madre y aspirante a enfermera de Kabwe, Zambia, en un video de YouTube que recoge las experiencias de los primeros usuarios de la aplicación lanzada por Facebook en julio del 2014.

Mientras que el testimonio de los primeros usuarios de la app Internet.org da a Facebook una luz favorable, hay críticos que acusan que esta iniciativa sirve principalmente como publicidad y un buen negocio para la red social.

“Internet.org tiene un sentido comercial perfecto para Facebook. Es una inversión para conseguir que haya más personas en línea, lo que aumenta el potencial de la base de usuarios de Facebook. Se presenta como un esfuerzo filantrópico, lo que también ayuda a la reputación de Facebook”, le dijo a Publimetro Vlad Savov, editor de The Verge, un sitio web de noticias de tecnología de Estados Unidos.

Los gobiernos están de acuerdo con la premisa de que el acceso a Internet debería ser un derecho humano y que estar en línea podría beneficiar a las personas más pobres del mundo. Sin embargo, algunos expertos advierten que esto parece un negocio presentado como acciones humanitarias. “Por lo tanto, a la pregunta de Silicon Valley, ‘¿el acceso a Internet es un derecho humano?’, uno podría responder girando las tablas: ‘¿qué tipo de ‘Internet’, y qué tipo de ‘acceso’?”, escribió Evgeny Morozov, autor de La Red Ilusión: El lado oscuro de la libertad en Internet, en una columna publicada en The New York Times.

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