18 de octubre de 2017

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Incendios: la tragedia que consume la flora y fauna de Chile

La biodiversidad ha sido seriamente afectada y algunos hábitat han sido completamente destruidos, según los expertos.

Incendios: la tragedia que consume la flora y fauna de Chile Más de 590 000 hectáreas han sido arrasadas por el fuego durante las últimas semanas. (Foto: AFP)

Fuente: Mongabay Latam / Autor: Sebastián Balcazar & Yasna Mussa

La imagen de un país quemándose, del humo infinito, de zonas arrasadas por el fuego y restos incinerados de vegetación es lo que ha marcado el verano chileno. Más de un mes de postales incesantes que giran en torno a las más 597 000 hectáreas consumidas por incendios que aún no se sabe cómo, por qué ni por quién comenzaron. Un asunto recurrente que cada año se instala como un récord insuperable, pero que logra superarse a sí mismo con creces sin que se anuncien avances en políticas públicas o se destinen fondos suficientes para prevenir, fiscalizar y proteger la biodiversidad y las especies nativas de la flora y fauna nacional.

El último recuento entregado por la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) ─al 12 de febrero─ registra 6 incendios forestales en combate y 50 controlados. Ha sido un mes de arduas tareas de rescate y trabajo técnico que convocaron a un contingente nacional e internacional en lo que se ha denominado como el mayor incendio en la historia del país.

El espacio afectado corresponde a las regiones Metropolitana, O’Higgins, Maule y Biobío, e incluye zonas sensibles en términos de biodiversidad y áreas protegidas. El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet impulsó la creación de un Comité Nacional de Restauración Ecológica para evaluar el nivel del daño causado y así conocer el estado de los bosques y de la vegetación esclerófila, hábitat de especies de flora y fauna nativa, para luego proceder a la restauración ecológica de estos territorios, tanto dentro como fuera de las áreas protegidas.

Reservas en peligro

Según un primer catastro, las áreas protegidas más amenazadas por los incendios en la zona centro sur del país incluyen la Reserva Nacional Los Cobres de Loncha, los alrededores del Santuario de la Naturaleza Los Predios San Francisco de Lagunilla y Quillayal. Otro foco de incendio se registró a 7 kilómetros del Santuario San Juan de Piche y algunas áreas protegidas del sector Altos de Cantillana. Todas en la Región Metropolitana. También se reportaron amenazas en las cercanías de la Reserva Nacional “Laguna Torca” y en el Santuario de la Naturaleza “Cajón del Río Achibueno”, ambas en la región del Maule y, por último, en Nonguén, Región del Bio-Bio.

La reserva Nacional Los Ruiles en la región del Maule ha sido uno de los sectores más afectados en materia de pérdida de biodiversidad, donde se quemaron unas 12 hectáreas de una zona vital para la preservación del Ruil, especie nativa emblemática y en peligro de extinción.

Según el balance de daños entregado por el Ministerio del Medio Ambiente, encabezado por Pablo Badenier, la afectación comprende un total de 597 242 hectáreas. El 55 % corresponde a terreno silvícola; cerca de un 36 % a praderas, matorrales y bosques; y un 9 % a terrenos agrícolas.

Para la bióloga y doctora en Zoología de la Universidad de Liverpool, María Isabel Manzur, “la necesidad de una norma sobre la conservación y el uso sustentable de la biodiversidad es imperiosa y urgente. Primero que todo, porque ratificamos el Convenio sobre Diversidad Biológica en 1995 ─suscrito en 1992 junto a la comunidad global que no ha sido ratificado por Estados Unidos─ y ya van más de 20 años que no hemos establecido una norma nacional que conserve nuestra diversidad biológica. Segundo porque la diversidad biológica de Chile es única en el mundo”.

Zona central: un “punto caliente” de la biodiversidad

Manzur, quien además trabajó como coordinadora del programa de biodiversidad del Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF), subraya que aunque la biodiversidad no es muy grande en términos de número de especies, sino más bien modesta, las que existen son únicas en el mundo.

“Chile funciona como una isla ecológica. Estamos separados del continente por mar, cordillera y un gran desierto en el norte. Eso significa que gran parte de nuestras especies son nativas o endémicas de Chile. Por ejemplo, Chile continental tiene 5105 especies de plantas vasculares. De ellas, el 88,5 % tiene su origen en el país, de las cuales 45,8 % son endémicas, es decir, sólo presentes en Chile, y 42,7 % son originarias de Chile y otros países”, afirma con preocupación la doctora Manzur.

La especialista se refiere a los llamados “puntos calientes” o hotspots de biodiversidad: áreas con prioridad de conservación definidas en regiones que concentran un mínimo de 1500 especies de plantas vasculares endémicas, una alta proporción de vertebrados endémicos y donde el hábitat natural ha sido fuertemente impactado por acciones humanas.

Existen 34 “puntos calientes” en todo el planeta y la zona central chilena está incluida en uno de ellos. El bosque esclerófilo y los matorrales típicos del clima mediterráneo configuran un área rica en formas de vida junto con sectores del Norte Chico y el bosque valdiviano.

Fauna silvestre: las víctimas silenciosas

La fuerza destructiva del incendio ha dañado profundamente la fauna silvestre de la zona centro sur del país. Si bien aún no existe un catastro oficial de las especies y ejemplares afectados por la emergencia, las proyecciones no son muy alentadoras respecto a la recuperación de los ecosistemas golpeados considerablemente por el fuego.

“Hay muchas víctimas silenciosas. En incendios de esta magnitud, la mayor parte de la fauna nativa se quema inmediatamente porque son especies de baja movilidad. Y esos ya los perdimos”, declaró la directora del Zoológico Nacional, Alejandra Montalva, en entrevista con un medio local de la región del Maule.

Montalva hace referencia a diversas especies de reptiles y anfibios, grupos cuya capacidad de desplazamiento es inferior a la velocidad alcanzada por llamas en ambientes secos y a merced de fuertes ráfagas de viento.

Para la médico veterinaria y directora de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre Buin Zoo – UNAB (UFAS), Nicole Sallaberry, no hay dobles lecturas: “Este es un escenario devastador, una catástrofe ambiental muy importante para todos”.

Al centro de rehabilitación dirigido por la especialista han arribado numerosos pacientes que huyeron del fuego hacia las periferias urbanas, con distintos niveles de gravedad. “Lo más complejo es que llegan en pésimas condiciones. A veces no alcanzan a sobrevivir antes de llegar a un centro o, cuando llegan, se tratan pero no pueden salir adelante”, afirmó.

Las complicaciones más frecuentes se generan por inhalación de humo, explica Sallaberry, además de lesiones oculares que tendrán consecuencias inciertas en la próxima etapa de liberación de los animales heridos.

Ejemplares de huiñas (leopardus guigna) –actualmente en estado Vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)─y chingues (conepatus chinga) se han encontrado con úlceras corneales, por lo que en el futuro se verán imposibilitados para cazar en su hábitat natural, que probablemente esté completamente quemado.

Áreas enteras de pastizales y matorrales espinosos han sido arrasadas por el fuego, hogar de especies como el zorro, las yacas, roedores y marsupiales endémicos en peligro de extinción, como el monito de monte. La misma suerte ha corrido parte del hábitat de gatos colocolo, zorzales, peucos, chirihues, golondrinas, quiques, serpientes y pudúes.

Por otro lado, a pesar de que las aves tienen la capacidad de reaccionar y huir de los focos activos, también se ven perjudicadas. Al alzar el vuelo necesitan un nivel de oxigenación importante, pero el humo dificulta su escape y quedan vulnerables frente a la acción de seres humanos: “Llegó un aguilucho intoxicado por el humo pero que venía con disparos”, relata Sallaberry.

“Lo que nosotros vemos de los individuos que se están tratando en terreno es la punta del iceberg –explica la especialista─. Se están encontrando animales calcinados que no podían arrancar. Algunos ni siquiera los vamos a poder encontrar”.

Falta de protocolos complican atención

Una de las principales dificultades para enfrentar la situación de emergencia ha sido la falta de protocolos para el tratamiento de fauna silvestre en un contexto de megaincendio. “Existen en otros países como Australia donde los incendios de eucalipto son más comunes y saben cómo enfrentar, por ejemplo, quemaduras de koalas. Esos procedimientos estamos usando”, explican desde el UFAS.

Se trata de protocolos médicos que detallan los pasos a seguir en un tratamiento para pacientes afectados por quemaduras o inhalación de humo, como por ejemplo la oxigenoterapia y la inyección de sueros hidratantes. Las medidas dependen de la gravedad y urgencia de los padecimientos.

“Se evalúan la piel, los tipos y grados de quemaduras, el porcentaje del cuerpo quemado, entre otros tantos factores”, describe la doctora Sallaberry. “Todo esto causa mucho dolor, por tanto el tratamiento analgésico es bien importante. Además, al ser fauna silvestre hablamos necesariamente de zonas poco higiénicas, por lo que han llegado heridas infectadas y hay que aplicar antibióticos”.

A pesar de la ausencia de fórmulas específicas para hacer frente a este tipo de acontecimientos, se logró salvar una especie cuyo hábitat se reduce a dos cerros de la región de O’Higgins: la lagartija Lolol (Liolaemus confusus). Única en el mundo, a finales de enero se encontraba cercada por el fuego con riesgo de desaparecer para siempre.

“Es una especie que solo vive aquí, y en cuanto se declaró Zona de Catástrofe supe que era urgente rescatarla. El cerro Los Robles se estaba quemando por tres frentes y si no reaccionábamos a tiempo la íbamos a perder, porque su otro hábitat, el cerro Nerquihue, ya había sido completamente arrasado por los incendios”, declaró el médico veterinario y coordinador de la Unidad de Vida Silvestre del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de la sexta región, Diego Ramírez, en entrevista con El Heraldo de El Maule.

Para salvar a la lagartija Lolol se montó un operativo que jugaba contra el tiempo. Diez voluntarios del SAG y el Colegio Médico Veterinario lograron capturar 20 ejemplares (10 hembras y 10 machos) para mantener la especie ex situ, la cantidad mínima necesaria para conservar la especie sin que se presenten problemas genéticos.

Liberación incierta

En algunas de las regiones afectadas ya está en proceso un catastro que permita determinar cuánto hábitat nativo resistió el paso del siniestro. En la sexta región, por ejemplo, algunas zonas naturales no se vieron perjudicadas, pero la liberación de los ejemplares tratados depende de factores mucho más complejos.

“Debemos evaluar la población de otras especies que habitan la zona, saber si va a soportar la carga de nuevos individuos y considerar también el tema genético. Cada uno de estos ejemplares tiene sus genes bien marcados según dónde estén, por lo que liberarlos en otro lugar donde abundan genotipos distintos no es lo mejor que se puede hacer. Se tendrán que hacer muchos estudios antes de eso”, explica la doctora Sallaberry.

El desplazamiento de población silvestre también ha sido un punto central: “Muchas especies que se están moviendo pueden no ser valoradas por la comunidad. Hay que tomar precauciones también por algunos animales que producto de la emergencia empiezan a migrar, como el ratón de cola larga que transmite el virus hanta”, explicó la médico veterinaria de la Universidad de Chile, Francisca Astorga.

Los efectos reales de la catástrofe aún no se han revelado por completo. El incendio continúa con focos activos en algunos puntos del país y solo mediante un análisis exhaustivo de las áreas siniestradas se podrá determinar la dimensión del problema que la flora y fauna chilena enfrenta.

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