22 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

'Historia de un emprendimiento', por Jorge Sánchez Herrera

“Tuvieron la suerte de cruzarse con unos clientes que comulgaban con su visión y que se han encargado de mantener el edificio impecable”.

'Historia de un emprendimiento', por Jorge Sánchez Herrera Edificio de Química Suiza (Foto: USI)

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

Muchas veces se asocia al arquitecto con una especie de creador cuya vida laboral está más ligada a la libre inspiración que al trabajo organizado. Si bien la competencia hace que sea muy difícil encontrar al arquetipo del arquitecto que hace lo que quiere y entrega cuando puede, siguen siendo pocos aquellos que optan por formar una empresa de diseño arquitectónico, con estándares de empresas de otros rubros.

El Fondo Editorial de la Universidad de Lima acaba de publicar Arana, Orrego, Torres: Historia de un Emprendimiento, libro que rescata la historia de la que fuera una de las más exitosas –y poquísimas, hay que decirlo– empresas de diseño arquitectónico en el Perú. Formada por Carlos Arana, Antenor Orrego y Juan Torres en 1958, AOT (como se le conocía) fue una de las oficinas más organizadas y productivas del país. Este formato de organización, sumado a la política del Estado de someter a concurso el diseño de las obras públicas en ese entonces, les permitió acumular una cantidad importante de obras construidas, desde muy temprana edad.

Muchas de ellas han estructurado fragmentos de la ciudad y aún son parte de nuestros recorridos diarios. El Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, por ejemplo, proyecto al que accedieron al ganar el concurso público para su diseño (con apenas 30 años), representa muy bien su filosofía: Para AOT, diseñar tenía que ver con encontrar la forma más simple de contener un programa (uso) complejo. Si uno ve los dibujos, maquetas e incluso las fotografías de nuestro aeropuerto en su versión original, puede ver un edificio que incluso hoy seguiría siendo extremadamente contemporáneo.

O la sede de Química Suiza, ese edificio inmortal que hoy se sigue luciendo en el cruce de Javier Prado y la Vía Expresa del Paseo de la República. Aquí tuvieron la suerte de cruzarse con unos clientes que comulgaban con su visión y que se han encargado de mantener el edificio impecable, con su característica fachada de cerámicos blancos e interiores de madera y pepelma.

Su visión de oficina les permitió desarrollar, además de proyectos públicos, muchos proyectos corporativos, como los laboratorios Parke Davis y la sede de IBM en La Molina. En un medio arquitectónico tan inestable como el local, donde las oficinas “grandes” suelen intercambiar calidad por cantidad de metros construidos, su incontable conjunto de obras, de gran y parejo nivel, sigue siendo el más grande legado de AOT.

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