24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

La historia de cómo Google Translate cambió la vida de una niña

Colton Smith usa una combinación de señas y Google Traslate en su iPod para comunicarse con su nueva hermana, Guan Ya.

La historia de cómo Google Translate cambió la vida de una niña Colton Smith (izq.) comunicándose con su hermana Guan Ya.

(Publimetro México). Es posible usar Google Translate para traducir un cómic japonés o para descifrar una complicada receta a fin de preparar blinis polacos. También, como lo hicieron Phillip y Niki Smith en una zona rural de Misisipí, el traductor en línea puede servir para rescatar a una huérfana china y para aprender a quererla.

Google realiza una cifra récord de 1.000 millones de traducciones diarias. Tal cúmulo de texto podría llenar un millón de libros.

Las traducciones se realizan con diversos fines, desde entender un menú para el almuerzo hasta recopilar información de inteligencia que salvaguarde la seguridad nacional. La herramienta realiza traducciones en 65 lenguas, desde el afrikáans hasta el yidis, y puede usarse en sitios Web, con reconocimiento de texto y como una aplicación para los teléfonos móviles, incluso si no están conectados en ese momento a la internet.

Aunque la tecnología evoluciona a pasos agigantados, el gurú de las traducciones en Google, Franz Och, reaccionó sorprendido al escuchar que los Smith y su nueva hija Guan Ya, de 14 años, se las arreglaron para comunicarse usando casi exclusivamente Google Translate.

“Todo el día veo algoritmos, algoritmos y algoritmos”, dijo Och. “Me recompensa enormemente el escuchar que esto cambia vidas”.

En el caso de los Smith, el cambio es perdurable.

Tenían ya tres hijos y vieron a Guan Ya hace menos de un año, cuando Niki Smith buscaba en internet algunas fotos de huérfanos que no encontraban un hogar. Su intención era sólo ofrecerles una plegaria. Con tres niños que cuidar, incluida una hija de 3 años, adoptada en China, no tenía intenciones de hacer que su familia creciera.

Pero se topó con Guan Ya.

“De inmediato se convirtió en nuestra hija”, dijo Smith acerca de aquel encuentro fortuito en la internet, ocurrido hace casi un año. “No hubo duda de eso desde el primer momento en que la vimos en internet”.

Había obstáculos que parecían insalvables para adoptar a la niña. En primer lugar, Guan Ya estaba a unos meses de cumplir 14 años, la edad a la que, de acuerdo con la ley china, no podía ser adoptada. Y no sólo era incapaz de hablar inglés, sino que no podía hablar en lengua alguna.

Es sorda.

Tenaces, los Smith se lanzaron a cumplir con los trámites y estudios de antecedentes que son la regla en las adopciones internacionales. Con el apoyo de las autoridades chinas y estadounidenses, agilizaron el procedimiento al emplear los traductores en internet para entender y redactar una oleada de correos electrónicos y formularios. Un día, Niki Smith recibió un mensaje de su futura hija. Era un montón de caracteres chinos que le resultaban incompresibles. “Bueno, yo estaba ansiosa por leer esa carta”, dijo Smith.

Ahí entró en juego Google Translate. Smith cortó y pegó la carta en el espacio vacío de este programa, en el navegador de internet, y las ideas de Guan Ya aparecieron como por arte de magia.

Así comenzó una cálida conversación sobre el amor, la familia y la vida.

“Las computadoras y el software son herramientas, pero no hay duda de que facilitan nuestras relaciones”, dijo Niki Smith.

La traducción realizada por máquinas se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando los codificadores se dieron cuenta de que la criptografía y el descifrado eran, en parte, problemas matemáticos. En 1949, el influyente científico Warren Weaver planteó una propuesta crucial que allanó el camino para la lingüística informatizada: un teorema que podía desarrollarse para resolver la estructura lógica de las lenguas.

“Parece que el problema de la traducción puede enfrentarse con éxito”, escribió Weaver. Pero 65 años después, la traducción hecha por máquinas dista todavía de ser perfecta.

Un equipo de investigadores sudafricanos en el Centro de Lenguas Matieland publicó recientemente un estudio que comparó los documentos traducidos del afrikáans al inglés por personas especializadas en este oficio y por Google Translate. Hubo una gran diferencia en los resultados.

En el caso de los textos traducidos por máquina, “la calidad era todavía inferior al promedio, y los textos requerían una amplia edición posterior para que cumplieran su cometido”, descubrieron.

“El público en general piensa que uno puede pegar cualquier texto al traductor informático y obtendrá todo lo que necesita. Pero, desde luego, eso no es cierto”, dijo Jamie Lucero, quien dirige un programa de traductores e intérpretes en el Bellevue College, ubicado en Bellevue, Washington.

Lucero dijo que un humano resulta todavía esencial para las traducciones de alta calidad, como las de obras literarias, material publicitario o textos de sintaxis compleja. Sin embargo, reconoció que las máquinas son útiles “para la gente que sólo quiere entender un mensaje básico”.

Además, resaltó que algunos traductores informáticos son mejores que otros.

Aunque translate.google.com es líder del mercado, la opción de Microsoft, www.bing.com/translator, ofrece un servicio similar, gratuito y con 41 lenguas. Muchos usuarios consideran que la opción de Microsoft supera a la de Google en lo que se refiere a términos de alta tecnología y software.

WordLingo emerge como un traductor de paga, con traducciones profesionales y de máquina en más de 140 lenguas. Esta alternativa se dirige a gente que requiere precisión.

Pero cualquier traducción presenta el riesgo de una comunicación confusa, dijo Jennifer Uman, coautora de un libro de ilustraciones para niños, “Jemmy Button”, publicado recientemente por un colaborador italiano, Valerio Vidali. Se comunicaron durante casi cinco años para llevar a cabo este proyecto, casi exclusivamente mediante Google Translate.

Uman dijo que, al comienzo, las traducciones eran extrañas.

“Pero con los años, Google Translate mejoró y mejoró”, dijo. “En cierto modo fuimos descubriendo cómo usarlo, e hizo posible que colaboráramos”.

Rosie Alves, una “bloguera” angoleña que abrió hace un año un foro poético y algo picante, “Sweet Cliche”, estaba confundida cuando vio que uno de cuatro lectores estaba en Estados Unidos. Alves escribe en portugués desde su natal Luanda y ha captado 18.959 visitas a la fecha. En una serie de mensajes electrónicos intercambiados con The Associated Press, utilizó Google Translate para responder a varias preguntas.

“Creo que esto es muy bueno, aunque la traducción no es 100% fiable”, señaló. “Lo mejor es saber que hay gente interesada en lo que escribo y que usa el traductor de Google para entender mis textos”.
A casi 15.000 kilómetros de distancia, en las oficinas generales de Google en Mountain View, Och manifiesta su esperanza en lanzar servicios de traducción para varias lenguas de India, incluido el malayalam, hablado por millones de personas en el estado de Kerala.

El equipo que prepara esta opción está formado por científicos y programadores, no por lingüistas. Y no anda por ahí ningún hablante de yidis, vascuence o latín que pueda prestar ayuda.

En vez de ello, los algoritmos, que mejoran constantemente, detectan patrones en textos traducidos ya por seres humanos. Así, mientras más datos existen en forma de libros y documentos, más precisa puede ser la traducción.

Cuando el sistema adquiere suficiente precisión, se lanza al público.

Ha habido unos cuantos lanzamientos de versiones preliminares, dijo Och. En 2009, cuando estalló una crisis electoral en Irán, Google ofreció un traductor al persa, pero advirtió que el programa era un “trabajo inconcluso”. Y apenas días después del terremoto que devastó Haití en 2010, la compañía lanzó un traductor al “creole” que, pese a las fallas, fue muy utilizado por trabajadores de rescate y asistencia.

La semana pasada, dentro de un supermercado en Rienzi, Misisipí, una madre y su hija se pasaban alternadamente un iPhone, mientras recorrían los pasillos y decidían qué cocinar para la cena. Habían pasado apenas unas cuantas semanas desde la fecha en que se conocieron en persona.

“No, nunca he ido de compras”, le había escrito Guan Ya a su futura familia. “No tienen que traerme nada. No sé qué me gusta. Supongo que me gusta el chocolate. ¿Han venido ya a China? No tendré miedo. Estoy feliz”.

Cuando se encontraron, la niña dijo a sus padres que, más que cualquier otra cosa, le gustaría oír. Y los médicos en Misisipí han sugerido ya que ciertos aparatos auditivos y posiblemente un implante quirúrgico podrían ayudarle.

“Debieron encajar tantos cosas en ambas partes que me parece sorprendente cómo intervino Dios para que ella llegara a nuestra casa”, dijo la madre.

En esos primeros correos electrónicos y en la actualidad, ambas teclearon las tres palabras en inglés y dos caracteres en chino que dieron un significado especial a su relación. En español, ese mensaje se traduce en dos palabras: “Te amo”.

Tags

Notas Relacionadas

Ir a portada