25 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Los cultivos que asixian al planeta

No todas las plantaciones son sostenibles. De hecho, en el cálculo costo-beneficio, algunas son perjudiciales para el medio ambiente. Aquí te presentamos tres casos internacionales que también pueden aplicar para el Perú.

Los cultivos que asixian al planeta (Foto: Shutterstock)

Metro World News.

El oro verde que seca a Chile

Las paltas son una gran fuente de ácidos grasos buenos y varios nutrientes esenciales. De hecho, se valoran sus propiedades para prevenir el cáncer y las enfermedades del corazón. Alrededor del 10% de todas las paltas que se consumen en Estados Unidos provienen de Chile. Pero lo que debería ser un hecho positivo, tanto para la salud de los estadounidenses como para la economía chilena, plantea desafíos para el medio ambiente de este país. La creciente demanda por parte de los EE.UU. ha llevado a la expansión de las plantaciones de paltas en Chile, pasando de 9.000 hectáreas en 1993 a 71.000 hectáreas en el 2014.

El problema es que estas plantaciones se encuentran en el semiárido valle central de Chile, lo que resulta en que cada hectárea de árbol de palta requiera de una irrigación de cuatro millones de litros de agua al año.

Con el fin de suministrar suficiente agua, ríos chilenos como El Petorca y La Ligua están siendo drenados y ya fueron declarados como “agotados” en 1997 y el 2004, respectivamente. Además, el exceso de bombeo de las aguas subterráneas está dejando a las poblaciones que habitan en los valles con escasez de agua potable. Así, las comunidades más pequeñas están siendo abastecidas por camiones de agua. Eso implica que sus habitantes tienen que hacer un uso más que prudente del agua; de lo contrario, incluso se imponen multas. Rodrigo Mundaca, activista local e ingeniero agrónomo, cree que “el problema se deriva de la mala gestión de los recursos por parte de las autoridades; la solución está en la creación de una política agrícola adecuada”.

El comercio de la cocaína arruina la selva de Colombia

Con un estimado de 17,3 millones de usuarios en el mundo –según el Informe Mundial sobre las Drogas 2014 (ONUDD)– el tráfico de cocaína sigue siendo un objetivo principal de combate para las autoridades de narcóticos internacionales. Si trabajan para proteger la salud de los ciudadanos, sus acciones también están dirigidas a la protección de la selva colombiana.

En el año 2008, Francisco Santos Calderón, entonces vicepresidente de Colombia, declaró que 200.000 hectáreas de bosque son destruidas cada año para cultivar la hoja de coca. Añadido a este desastre ambiental está el lado humano del problema: las minas terrestres utilizadas por las bandas de narcotraficantes para proteger los cultivos están mutilando gran número de civiles.

“Cada vez que se consume un gramo de cocaína estás destruyendo 4,4 metros cuadrados de selva colombiana”, explicó Santos Calderón. El impacto devastador de la producción de cocaína también puede ser acreditado al uso de pesticidas, lo que resulta en el vertido de químicos y la contaminación del agua. Entre los años 1996 y 2012, la fumigación ordenada por el gobierno colombiano ha lanzado desde aviones pesticidas sobre 1,6 millones de hectáreas sospechosas de producción de cocaína en Colombia. Si no se selecciona bien, el pesticida también puede matar los bosques. Esta acción ha sido considerada como “inútil” en el 2005 debido a que un informe de la Oficina Nacional de Control de Drogas de EE.UU. reveló que el derramamiento de pesticidas desde aviones no ha reducido el área de cultivo de la hoja de coca que luego es destinada a la producción de cocaína en Colombia.

El aceite de palma destruye los bosques

¿Qué tienen en común un lápiz labial, la pizza congelada que comiste anoche seguida de esa bola de helado con galletas, la margarina que pusiste sobre tus tostadas esta mañana, y tu champú? Todos ellos contienen aceite de palma.

Se trata del aceite vegetal de mayor consumo del planeta. Se encuentra en aproximadamente el 50% de todos los productos envasados que se venden en los supermercados. Con la creciente demanda de países en desarrollo como China y la India, la necesidad de aceite de palma parece infinita.

Entre el 85 y el 90% del aceite de palma comercializado a nivel mundial se produce en Indonesia y Malasia, pero las palmeras también se cultivan en otros países asiáticos, así como de África y América Latina. Las plantaciones siguen en expansión, sobre todo en la isla de Borneo (Indonesia) a un ritmo de 500.000 hectáreas por año, la mitad procedentes de bosques y tierras de arbustos y la otra mitad proveniente de tierras agrícolas.

“El problema no es solo la liquidación de los bosques, sino también la fragmentación del bosque que queda. Así, la utilidad de los bosques para la vida silvestre es mucho menor, con impactos directos sobre especies como tigres, elefantes y orangutanes que necesitan grandes áreas de bosque intacto para vivir”, explica Adam Harrison, de la World Wildlife Fund (WWF).

El aceite de palma es responsable de esta destrucción, pero no hay que dejar de usarlo. “El truco está en asegurarse que el aceite de palma se cultive en zonas en las que no esté tomando el bosque”, afirma Harrison. “Hay muchas plantaciones de palma sostenibles”.

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