24 de septiembre de 2018
Redacción Publimetro |

Chapuzones y basurales [OPINIÓN]

“¿Son nuestras playas un reflejo de lo que somos como sociedad? La respuesta podría entristecernos”.

Chapuzones y basurales [OPINIÓN] Playas

POR VERÓNICA KLINGENBERGER
Periodista
@vklingenberger

Sucede cada año. Reaccionamos cuando el problema vuelve a ser noticia: playas convertidas en basurales que ponen en riesgo la salud de nuestro mar y de todos los veraneantes. Si googleas, verás la historia repetida hasta el cansancio sin dejar, sorprendentemente, lección alguna. 2014, 2015, 2016, 2017. Las noticias son idénticas: playas que amanecen el primer día del año con una alfombra de desperdicios. Ránkings de las playas más contaminadas de la costa. Campañas ciudadanas de limpieza. La indignación también parece un calco y como la noticia, durará poco pero siempre volverá.

Las multitudes generan desechos en todas partes del mundo, incluso en las ciudades más civilizadas. La gran diferencia es que el sistema organizado de saneamiento y limpieza funciona con precisión: desde la cantidad de tachos de basura distribuidos hasta los equipos de limpieza que suelen aparecer luego de grandes celebraciones o de la jornada diaria. Por otro lado, las campañas de educación que se realizan no son improvisadas ni se activan apenas unas semanas al año: son planes largamente estudiados que conllevan una gran inversión de parte del Estado. En nuestro país, la empresa privada podría sumarse también, pero para ello debe partir de un interés real y de largo plazo. Hay que pensar en cómo evitar incendios más que en cómo apagarlos.

¿Son nuestras playas un reflejo de lo que somos como sociedad? La respuesta podría entristecernos. Necesitamos más playas públicas, limpias y sanas, con duchas, basureros y manuales claros que nos enseñen a cuidarlas y preservarlas. También políticas reales que prohíban más privatizaciones. La Costa Verde se ha convertido en una autopista llena de cemento, con restaurantes donde antes había arena, y con autos a más de 80 km por hora poniendo en riesgo la vida de la mayoría de veraneantes limeños. Incluso hay edificios construidos en el mismo acantilado que son un signo de desinterés por uno de los paisajes más deslumbrantes de Lima. A falta de arena y mar, los limeños buscaremos otras formas de refrescarnos o salirnos con la nuestra. Lo ocurrido en la pileta de Chorrillos es sintomático pero las reacciones de un lado y del otro han sido poco acertadas. De uno, el mismo racismo recalcitrante. De otro, la ciega justificación de la apropiación del espacio público, aún cuando ésta acción ponga en riesgo la vida y salud de los propios ciudadanos. Da igual si lo viste en Friends, La Dolce Vita o en algún viaje: bañarse en piletas públicas está prohibido en la mayoría de ciudades por una sencilla razón y es que éstas no han sido habilitadas sanitariamente para su uso. Lo que sí, las municipalidades podrían tomar nota de la necesidad de más piscinas públicas y meterse un porotazo con la implementación de algunas.

Al final, el plátano lanzado por la ventana de la combi o el pucho enterrado en la arena de Playa Blanca son muestras de lo mismo: el poco respeto que tenemos por el espacio público en una ciudad que durante décadas nos ha negado casi todo y donde la calle ha sido ese espacio peligroso, casi de paso. No nos olvidemos tampoco de que gran parte de la ciudad se ha construido a partir de invasiones y que de otra manera muchos nunca hubiesen podido acceder a una vivienda propia. Pero lo cierto es que ya pasó suficiente tiempo para que municipios y organismos como Digesa, por ejemplo, empiecen a desarrollar políticas de verdadero cuidado y promoción del espacio público y del gran parque de Lima: nuestras playas. También es hora de poner en marcha verdaderas campañas de educación que nos enseñen de una vez que Lima nos pertenece a todos, que tenemos derecho de disfrutar e incluso presumir de una ciudad que podría ser realmente hermosa si la tratáramos con el mismo cariño que a nuestra casa. ¿No es precisamente eso?

-.

Si no la necesitas, no la pidas. Controlemos el uso innecesario de los materiales de plástico

Tags

Notas Relacionadas

Ir a portada