Darlene Price, autora del libro “Well said! Presentations and conversations that get results”, sostiene en un artículo publicado en Forbes que los líderes utilizan el lenguaje para influir en la mente de una persona con el objetivo de lograr un resultado determinado y que, en ese sentido, hay frases que se debieran evitar en la oficina.
La página Tucuman Noticias resume cuáles son las sentencias que jamás deben ser pronunciadas en el trabajo, con el fin de no poner en riesgo la imagen profesional:
“No es justo”.
Evita pronunciar estas palabras si alguien obtiene algo mucho mejor que tú, aunque no lo creas conveniente. Mejor sé más proactivo para construir tus argumentos y evita las quejas.
“No es mi problema”, “no es mi trabajo” o “no me pagan lo suficiente para esta actividad”.
Con estas palabras demuestras una actitud despreocupada, individual y egoísta que limita rápidamente la promoción profesional.
“No hay problema”.
Evita usar esta frase cuando alguien te agradezca por algo, ya que reduces el significado de que fue un placer ayudarle e implica que la situación podría haber sido un problema en otras circunstancias. La respuesta más cortés y educada es “de nada” o “no hay de qué”.
“Voy a intentarlo”.
Estas palabras implican la posibilidad de un fracaso.
“Mi trabajo es malo”, “no me gusta esta empresa” o “es muy flojo”.
Las palabras que implican insultos revelan inmadurez y falta de liderazgo. Evita los juicios hirientes y expresa tus inconformidades con tacto, consideración y neutralidad.
“Pero siempre lo hemos hecho de esa manera”.
Esta frase revela una actitud inflexible, poco interés para superarse y una mente cerrada.
“Eso es imposible” o “no hay nada que hacer”.
Con estas palabras transmites una actitud pesimista y perspectivas pasivas y sin esperanzas.
“Puedo estar equivocado, pero…” o “esto puede ser una idea tonta, pero…”.
Estas frases reducen el impacto de lo que sigue y la credibilidad. Elimina cualquier frase que degrade la importancia de lo que eres o disminuye la importancia de lo que aportas.
“¿No crees?” o “¿de acuerdo?”.
Con este tipo de lenguaje sólo cubres tu necesidad de aprobación. Evítalas si quieres demostrar confianza y seguridad en lo que dices.
“No tengo tiempo para esto”, o “estoy demasiado ocupado”.
Limita la empatía y no fomenta las relaciones positivas. Si es verdad, opta por decir: “Estaría encantado de discutir esto después de mis reuniones de la mañana”.
Por último, la publicación recomienda que es importante utilizar un lenguaje que cautive, motive e inspire con claridad, confianza y credibilidad. Muestra siempre una actitud positiva.