25 de septiembre de 2017

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¿Se puede amar a un abuelo que fue nazi?

La BBC realizó un informe sobre el calvario que viven los descendientes de los jerarcas nazis.

¿Se puede amar a un abuelo que fue nazi? Hermann Goering (Foto: museumsyndicate.com)

¿Cómo es la vida de alguien que lleva los apellidos Himmler, Goering, Goeth o Hess? Un periodista de la BBC británica contactó a los descendientes de algunos de los más temidos jefes militares de la Alemania nazi, quienes contaron los problemas que han pasado debido a tan lúgubre pasado. Aquí algunas de sus historias.

1. Katrin Himmler es sobrina nieta de Heinrich Himmler, uno de los comandantes nazis más importantes del Holocausto. Además, su padre y sus hermanos también formaron parte del Partido Nazi. Katrin escribió un libro sobre su familia llamado Los hermanos Himmler: la historia de una familia alemana, con el que trató de “darle algo de positivo” a su apellido.

2. Monika Hertwig conoció la historia real de su padre, Amon Goeth, cuando era una adolescente (durante la niñez su madre le contó otra versión): el comandante del campo de concentración de Palszow fue condenado a la horca por matar a miles de judíos. Lo más traumático para ella fue ver a Ralph Fiennes interpretar un papel inspirado en su padre en la película La lista de Schindler. “Salió del cine en estado de shock”, informó la BBC.

3. Bettina Goering es la sobrina nieta de Hermann Goering, quien era el llamado a ser el sucesor de Adolf Hitler. Ella y su hermano decidieron esterilizarse para que no existieran más descendientes con ese apellido. Betinna ahora vive en Santa Fe, Nuevo México.

4. Rainer Hess es nieto de Rudolf Hess, hombre de confianza de Hitler, condenado en los juicios de Nurenberg y el último inquilino de la prisión de Spandau, donde murió en 1987. En una de las fotos de su familia, se aprecia a su padre, de pequeño, junto a sus hermanos en un patio. Al lado hay una puerta que conducía a las cámaras de gas de Auschwitz. Cuando tenía 40 años, Rainer visitó la casa, que solo había visto en fotos. Quedó impresionado.

“Es una locura lo que construyeron aquí y que tengan las agallas de decir que nunca ocurrió”, dijo. Además, enfrentó los testimonios de los visitantes judíos. Uno de ellos, un ex prisionero de Auschwitz, le preguntó si podía darle la mano. Terminaron abrazados.

“Abrazar a alguien que sobrevivió a esos horrores y que sabe que tú no lo hiciste… Por primera vez no sientes miedo ni vergüenza, sino felicidad”, dijo a la BBC.

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