23 de junio de 2017

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'Pase usted, después de usted', por Jorge Sánchez Herrera

“No tenemos claro que la prioridad de paso la tienen los peatones”.

'Pase usted, después de usted', por Jorge Sánchez Herrera Foto: Shutterstock

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

Me pasa seguido cuando manejo que al frenar en una intersección con crucero peatonal, algunos peatones me quedan mirando como diciendo: ¿Qué haces? Con todos los gestos y mímicas posibles, procuro decirles que pasen, que es su derecho cruzar la pista. Algunos, después de mirarme varios segundos (como diciendo: ¿Estás seguro?), finalmente cruzan. Otros se niegan y me dicen: ya pasa, pasa. Cuando camino encuentro que cada vez más autos ceden el paso, felizmente, aunque nunca falta la situación en que debo lanzarme a la pista para que el auto frene y pueda cruzar.

Como Lima es una ciudad donde los alcaldes pretender resolver el tránsito ensanchando vías, incentivando a que los autos vayan más rápido, no tenemos claro que la prioridad de paso la tienen los peatones.

Hace un año criticaba la construcción del llamado Puente Mellizo de Miraflores precisamente por eso. Pues para resolver un problema de tráfico producido por autos, planteaba el tránsito de aún más autos, obligando a los peatones a tomar escaleras o rampas para alcanzar el malecón. Obligación que, obviamente, los peatones desobedecían, porque lo “natural” es que el peatón tome el camino más corto y cómodo, con todo derecho.

A partir de su inauguración, la Municipalidad desplegó una serie de acciones para impedir que la gente siga cruzando; desde carteles, alambres y plantas, hasta vigilantes y jardineros que iban reemplazando el jardín maltratado por el pase “natural” de los peatones.

El asunto ha terminado como se suponía que iba a terminar. El tráfico persiste en hora punta y finalmente se han terminado instalando semáforos peatonales, pues resultaba imposible cruzar hacia el malecón, no solo en la misma zona del puente, sino también varios metros hacia ambos lados.

Habría que preguntarse lo siguiente: Si un peatón ocupa menos espacio, no contamina ni hace bulla, haciendo ejercicio mientras se moviliza, ¿Por qué demonios tenemos que hacerle la vida más difícil, poniéndolo en peligro y desincentivando lo que hace? ¿No sería más fácil que los autos disminuyan su velocidad, o que en última instancia frenen?

¿Cómo queremos formar ciudadanos que sepan y sean capaces de hacer respetar sus derechos si desde el Estado enviamos los mensajes al revés? Creo que el día en que los peatones dejen de mirar con incredulidad y desconfianza a un conductor que les ceda el paso, habremos dado un pequeño paso adelante como sociedad.

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