22 de mayo de 2017

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Esto no es un juego, por Jorge Sánchez Herrera

“Habiendo pasado más de tres años de recibido el encargo (de los Panamericanos), el verdadero dilema es si creemos o no que estamos tirando la plata al agua”.

Esto no es un juego, por Jorge Sánchez Herrera Juegos Panamericanos Lima 2019 demandarán más que inversión. (Lima2019.pe)

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

Los Panamericanos o El Niño. De más volver al dilema. Que el alcalde pida abandonar su organización, cuando la Municipalidad de Lima ha invertido menos del 5% de su presupuesto para prevención de desastres, no es más que el fiel reflejo de uno de los principales problemas en todos los niveles de gobierno: billete hay, pero no sabemos en qué ni cómo gastarlo.

Habiendo pasado más de tres años de recibido el encargo, el verdadero dilema es si creemos o no que estamos tirando la plata al agua. Una disyuntiva válida, cuando vemos que los espacios de los últimos Juegos Olímpicos lucen hoy abandonados. Si a pesar de que prometieron no repetir los errores de Atenas y Beijing, hoy en Río de Janeiro no saben qué hacer con sus elefantes blancos, ¿qué nos hace pensar que a Lima no le pasará lo mismo? Hace un año, desde esta columna, defendí la organización de los Panamericanos y sugerí cinco puntos que hoy vale revisar:

1. Construyamos lo necesario. Aquí parece que vamos bien. No se ven muchas cosas nuevas y Carlos Neuhaus, presidente del comité organizador, sostiene que las instalaciones están en un 70%. Entiendo que no habrá grandes cosas nuevas. Mejor. Usemos lo que tenemos.

2. El equipo del “legado” es más importante que el de los juegos en sí. Aquí vamos mal. No he escuchado esta palabra de ninguna autoridad. El equipo del “legado” en Londres 2012 comenzó a trabajar a la par del organizador del evento y pretendía, entre varias cosas, reforzar sus programas deportivos a todo nivel y asegurarse de que la zona del Parque Olímpico sea el motor regenerador de la Zona Este de la ciudad. Y siendo los llamados “juegos de la mesura” tampoco les ha ido tan bien. Las críticas apuntan a que hoy menos gente hace deporte diario y a que el área a regenerarse no tiene aún la vitalidad esperada. Tengan por seguro de que sin un plan para después, vamos muertos.

3. Los escenarios deben ser de impecable diseño y construcción. A veces sueño con instalaciones como las que Medellín hizo para los Odesur, con coliseos, piscinas y espacios públicos diseñados por sus mejores arquitectos. Luego veo que estamos contra el tiempo, con decretos de emergencia, y se me pasa.

4. Los juegos son un pretexto para regenerar una parte de la ciudad. Es ridículo pensar en una inversión de más de cuatro mil millones de soles para 20 días. Lima tiene tantos desafíos urbanos que los Panamericanos bien podrían tomar uno, solo uno, y convertirse en el pretexto para su solución. Plantear una relación urbana con la Costa Verde, o con el Río Rímac, o con la Isla de Cantagallo, o reactivar el Centro Histórico, por ejemplo.

5. Construyamos con la villa deportiva un barrio, no una casa-club. Aquí vamos pésimo. Decía Ricardo Haussman, ex ministro venezolano, que la gente no demanda casas sino hábitats. “Una casa es un objeto, un hábitat es un nodo dentro de un conjunto de redes superpuestas: la física, la económica y la social (…) Cuando lo que se mide es el déficit de casas, (…) las soluciones no resuelven el problema real”. El Estado y los organizadores ven un número (9.000) de gente que almacenar. No importa dónde. Se plantea sobre un espacio que debería ser uno de los grandes parques públicos del sur. Y no importa cómo. Siete torres de ¡20 pisos! sobre un manto de jardín. Una forma de hacer vivienda de los años 50, que en muchos casos terminó generando guetos que hoy son demolidos en todo el mundo.

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